miércoles, 30 de diciembre de 2009

TU TRISTEZA


Tu tristeza me desarma, rompe todas mis barreras, y pretende que afloren mis lágrimas...Mas consigo dominarme, pues no necesitas que llore contigo, sino que te abrace, te acompañe, te apoye, pero solamente en lo que pueda...

Me considero tu amigo, recuerdalo bien, soy muy bueno escuchando,y siempre trato de conseguir tu sonrisa... Esta mañana, ni siquiera lo intento,y en su lugar, te doy un buen trozo de rollo de cocina.

Siempre es doloroso que la muerte te pille en tierra extraña,en territorio hostil, y más aún el estar sola... Me hubiera gustado hacer más por tí, pero casi siempre que veo llorar a alguien,sea hombre o mujer, me paralizo...

Pues recuerdo perfectamente lo que se siente al perder
un abuelo, un padre, un ser querido, esa brutal impotencia ante la muerte,ese llanto por los difuntos, las interminables colaspara dar el pésame, y presentar sus respetos...

¿Solamente quienes hemos perdido a alguien conocemos la verdad?¿Es necesario enfrentarte directamente a la muerte,para admitir que lo que realmente necesitamos, es que nos dejen a solas, con nuestro dolor? Tantos pésames de personas a las que apenas conoces, el interminable desfile de los dolientes, aquél olor a muerte reconcentrada en el tanatorio, el pestazo de las flores marchitándose, la cera derretida de las velas...

El agobio de tantas voces, tantos cuerpos, tanta gente, algunos de ellos parece que van de excursión,con la cabra y los churumbeles, otros hablan por el móvil, no falta jamás el niño con la consola, y en medio de todo eso, te preguntas "¿Qué demonios estoy haciendo aquí?"

Parece que todo el mundo solamente se acuerda del muerto, de sus hazañas, sus vivencias, sus anécdotas... ¿Pero quién, de verdad, se acuerda y piensa en los vivos?¿Quién se acerca, con una taza de café humeante, y palabras de consuelo? Nadie, ni siquiera el sacerdote...

Me hubiera gustado poder estar con vosotras, llevaros el colacao, el café, el té o el chocolate,
acompañaros, quizás incluso arrancar una sonrisa, mas no ha sido posible, amiga mía, mas desde
la distancia, os envío todo mi cariño...

Pero el mal tiempo pasará, amiga mía, volverá el brillo alegre a tus ojos,iluminarás el mundo con tu sonrisa,y las rosas florecerán a tu paso, y yo seré inmensamente feliz al verlo...

lunes, 28 de diciembre de 2009

BALANCE ANUAL: HE SIDO FELIZ

Haciendo balance del año, debo admitir que he sido feliz...
He conocido a personas muy interesantes, que me han aportado, en vivo o en diferido, buenas ideas, cariño, apoyo, amistad, esperanza... Rómulo, Amparo, Ainhoa, Ruth, Agustina, Ana María, Josué, sois mis siete magníficos particulares...
He topado también con personas mezquinas, despreciables, siendo uno de mis pesares el que no se haya hecho justicia con ellas, pero de todas formas, todavía tengo tiempo para ver pasar su cadáver por delante de mi puerta...
He viajado, surcando la noche, hacia el alba lejana, viendo pasar los campos yermos de Extremadura y Andalucía, de Soria, de Castellón... con la promesa del amanecer...
He regresado al mar, el único lugar donde realmente me siento vivo, con su arena, su olor a sal, el arrullo de las olas y la promesa de eternidad...
He descubierto amigos, cuando más lo necesitaba, y entre todos/as han logrado recomponer mi mundo, cuando se iba a pique... hicieron un gran trabajo...
He reflexionado bastante, sobre mis fortalezas y mis debilidades, y eso me ha permitido enfocar mejor mi vida... amigo mixto, no te rías, que te conozco...
He descubierto el valor de la sonrisa, de aquellos momentos fugaces, en los que alguien se para, te sonríe, y parece como si el día hubiera cambiado de color... sobre todo, las dos rubias que me sonríen al pasar... y dos morenas de larga cabellera, que también tienen una magnífica sonrisa...
He soñado con dragones reumáticos, caballeros maltrechos y princesas de hermosa sonrisa y mirada hechicera... si bien de todo aquello, solamente quedan las sombras... y el dolor de un sonoro silencio...
He redescubierto a mi mujer, sus paisajes interiores y exteriores, y nos hemos embarcado juntos en un nuevo proyecto de amor...
He recuperado la palabra dormida... y la he convertido en tinta...
He saboreado de nuevo las lágrimas, con esa necesidad de dar rienda suelta a tus sentimientos, y he disfrutado con ello... pues llevaba diez años sin llorar... (ahora, no puedo ni pensar en la película "Ghost" ... o en el final de "Doce del Patíbulo", sin emocionarme...)
Juntos, en familia, hemos superado varias operaciones, una muerte muy dolorosa, y el acoso de la enfermedad... mas esta batalla todavía no está perdida...
He retomado el contacto con viejos amigos, y he llevado conmigo una rosa azul... Isa, sobre el escenario, bajo la luz blanca, cantando con todo tu cuerpo, pero sobre todo con tus manos y tus muñecas, parecías una diosa...
He intentado ayudar cuando me lo han pedido... bueno, y también en algunas ocasiones en las que no lo habían hecho... mas no he permanecido indiferente...
He tenido la enorme suerte de trabajar con una gran mujer, que además de haber luchado contra todos los problemas del año (que no han sido pocos), hemos formado un equipo, siempre ha tenido paciencia conmigo... y se ha leído la mayor parte de mis relatos... Mar, no cambies...

Tan solo lamento dos cosas de todo el año: la ausencia de una persona muy especial... y no haber amado lo suficiente...

Intentaré que el año 2010 sea, como poco, igual de malo que este... y enmendar las dos carencias...

domingo, 27 de diciembre de 2009

MI REALIDAD


Si existen cielo e infierno, quiero conocerlos a tu lado.
Si existe un más allá, quiero visitarlo junto a tí.
Si voy a tener un hijo, quiero que sea contigo.
Pues tu eres mi mujer, mi amante, mi amiga, mi compañera...
Y aunque no seas perfecta, tampoco lo soy yo...


Atrás dejaré fantasmas de imposible belleza,
hechiceras y princesas, amores otoñales,
pues un pesado e implacable silencio me demuestra
que solo fue un espejismo, una ilusión,
mas tu eres mi realidad, y con eso me basta...


De cada prueba he sacado una lección, un recuerdo,
de cada golpe, una señal, he abandonado mil ideales,
he olvidado cientos de caras, recuerdos y personas,
cientos de ojos, labios, cuellos, olores, sueños,
pues al despertar, junto a mí, solamente estás tú...

Recuerdo un amanecer, en Asturias, junto al mar,
separados solamente por las paredes de la tienda,
de los rigores del tiempo... El cielo estaba nublado,
mas de repente, un rayo de sol encontró un resquicio,
iluminó tus labios, y te robé un beso, entre sueños...


Abriste tus enormes ojos verdosos, al sentir mis labios,
y buscaste mi cara con tus manos, llevandome hacia tí,
repetimos el beso, más lento, más tierno, abrazados...
Chiqui, nuestro gato, con su incesante e imperioso maullido,
nos separó, y los tres contemplamos aquel amanecer...

Ahora, nos estamos embarcando en una nueva aventura,
posiblemente, la más importante para cualquier pareja,
y espero que tengamos suerte, pues mi reloj me recuerda
que el tiempo pasa, que no soy tan joven ni tan fuerte,
mas en el fondo, estando a tu lado, nada importa...

sábado, 26 de diciembre de 2009

LA HECHICERA


Me hablaron, hace algunos meses, de una dulce Hechicera, cuyos ojos y labios, al convertirse en tierna mirada y pícara sonrisa, eran capaces de devolver la vida a cualquier corazón... Harto de no sentir odio ni amor, de la nada cotidiana y del insulso todo, emprendí el viaje hacia su lejano reino, y hacia mi helado corazón...


Rey sin reino, sin corona, pero con casta y exigente dama, en mí debía cumplirse la profecía, y volver con un corazón fuerte, que no tuviera miedo de amar, ni de sentir, ni de soñar... Rey Vassili me llamaban, por mis constantes cavilaciones, cada vez que tenía que adoptar una decisión, que pudiera implicar algún mal... o algún bien... realmente, me aterra tomar decisiones, por eso tengo siempre algún buen consejero que las toma por mí...





Por ello, emprendí el camino, una suave mañana de abril, hacia aquél reino lejano, dominado por una Hechicera, tan peligrosa y tan letal... Un pastor en el camino intentó que cambiase de opinión, "pues si duro es no sentir nada, mucho peor era, según decían, la empatía total: un árbol cae en el bosque, y sientes la tristeza por cada una de sus raíces, que son bruscamente arrancadas de la tierra; un halcón alcanza una paloma torcaz en el aire, y sientes a la vez muerte y triunfo; si pescas en un torrente, no podrás comer luego tu presa..." Cansado de sus dislates, le agradecí sus consejos con una moneda, y continué mi viaje hacia el lejano reino... Tendría que haberle prestado más atención, pero eso lo descubrí mucho más tarde...





Muchos días más tarde, con la montura agotada de tanto viajar, en mitad del páramo encontré una muestra más de su tremendo poder: los restos momificados de otro caballero, sobre una losa de piedra, y sobre su escudo profanado con su sangre, se leían estas palabras: "Muerto por amor"... Pensé que era una exageración... hasta que me acerqué al cuerpo, y pude comprobar que no tenía ninguna herida visible, y que en su mano derecha guardaba un pañuelo de gasa lavanda, que todavía conservaba un levísimo perfume, de incienso, mirra, azahar y almizcle... Un tiempo después, me contaron la historia completa de tan triste y lóbrego caballero, y la tristeza se mezcló con la repugnancia y el miedo, al enterarme.... bueno, pero eso es otra historia...



Comenzando el mes de mayo, vislumbré a lo lejos un palacio en ruinas, más bien una antigua abadía levantada por gigantes, de altísimos muros negros, torres tambaleantes, majestuosos arcos sosteniendo el cielo, y viejas lápidas de granito y mármol, restos de un venerable cementerio arrasado por la Naturaleza y por el viento... En el patio de justas, se estaba celebrando un combate a muerte, mas un silencio espectral, pesado y tenso, reinaba en el recinto, donde solamente se escuchaba la respiración de los caballos, el retumbar de sus cascos, la madera de las lanzas al quebrarse contra el pecho del contrario, y el sonido del cuerpo forrado de hierro al impactar contra el suelo. Acercándose al caído, el vencedor alza su mandoble, y como respondiendo a una orden ciega desde el palco, la clava a escasos centímetros de su oponente, para después, humilde como un penitente, recoger un beso lanzado al aire por una figura envuelta en velos grises y negros... Algunos meses más tarde, los dos caballeros cuya lid había presenciado se embarcarían en la mayor búsqueda de toda la Humanidad... pero eso es otra historia...



Había alcanzado mi destino... y lo que más despertó mi curiosidad, incluso en aquél primer momento, fue la ausencia total y absoluta de mujeres en la Abadía. Ninguna entre el público, pero tampoco en las cocinas, en los comedores, en los huertos ni en los jardines, ni tan siquiera lavanderas... Solamente había hombres, y la mayor parte de ellos tenían algún tipo de mutilación o herida, especialmente cortes de cuchillo en la cara, algún brazo roto y mal soldado, y más de uno arrastraba renqueando una pierna... A los dos días, comprendí por qué era tan calamitoso su estado: peleaban, casi a diario, por alcanzar los favores de aquella hechicera... Mas no había, en apariencia, ningún contacto físico, ella permanecía lejana, y los más furibundos combates eran por una sola mirada de sus ojos hechiceros, o por una sonrisa de sus turgentes labios...


Princesa, diosa y reina a la vez, ella se alzaba sobre todos nosotros, postrados en adoración a sus pies, envuelta en sus velos grises y negros... Sí, es cierto, todos la amábamos, todos la deseábamos... pero al mismo tiempo, nos manteníamos al margen, pues dos negros torbellinos, pusátiles como un ser vivo, mas al mismo tiempo incorpóreos y de tremenda fuerza, la protegían en todo momento... ¡Y pobre de quien no respetara su espacio vital, pues creciendo con increíble rapidez, lo absorbían con caballo, armadura y lanza si era necesario, y lo lanzaban más allá de los decrépitos muros exteriores de la abadía! Así nació, posiblemente, la leyenda del caballero volador, que aplastó al caer del cielo a la hermosa princesa, y quedó perdidamente enamorado del dragón... pero esa es otra historia...
Era cierta la leyenda, sobre la manera en que la hechicera despertaba el corazón en todo aquél que la contemplase, y todos los caballeros, incluso los más duros, suspiraban cual damiselas cuando ella recorría salones y pasillos, de camino al campo de justas... Bueno, más de uno realmente era una damisela, disfrazada de escudero, para intentar controlar las andanzas de su andante caballero...
Los días se sucedían inmutables: por la mañana, despertábamos del lugar donde habíamos pasado la noche, generalmente el patio y el ala este de la abadía, y recogíamos nuestras pertenencias; luego, los sirvientes traían un gran caldero de gachas, y lo repartían entre todos nosotros, mientras otro equipo nos ofrecía alguna bebida caliente; tras esto, nos acercábamos al terreno de justas, y se decidían los combates de la mañana; después, nos reuníamos todos en el gran comedor para almorzar, algo de carne, e ingentes cantidades de repollo, nabo y patatas; por la tarde, una reparadora siesta; y antes de cenar, una nueva justa, mas esta vez poética, y los rudos caballeros volvían a suspirar cual doncellas (algunos incluso bordaban); tras la cena, a dormir... Al cabo de dos semanas, ya estaba harto, y con diez victorias a mis espaldas (y otras tantas derrotas), decidí que era necesario acercarme más a ella, pues al margen de alguna que otra comezón en el pecho, que posiblemente se debiera a la falta de higiene personal, pues entre tanto suspirar, pelear y componer, apenas si quedaba tiempo para el aseo, no había comprobado si ella podía curarme de mi mal... y hacerme sentir otra vez...
El famoso Caballero Mofeta, que a duras penas podía mover el peso de su armadura, de tanto tiempo como llevaba en la abadía, comentaba que solamente en dos ocasiones en todo el año, ella se quedaba sola, sin sus guardianes, pues necesitaba restaurar sus energías y sus fuerzas, con un baño ritual de purificación, a la luz de la luna, en la más alta torre... También comentaba que él la había visto sin sus ropajes, emerger de la pila de piedra, mas... ¿quién iba a hacer demasiado caso a alguien que anunciaba su presencia con su hedor, a más de veinte metros a la redonda, y que por si fuera poco, afirmaba que la tierra no era plana? Como faltaban todavía algunos meses para el solsticio, y ya estaba un poco aburrido de perder miserablemente el tiempo, siempre lejos de la supuesta bella (que de momento solamente había visto de lejos, y por partes), decidí irme de wakabout, y recorrer otras tierras, conocer otras gentes... pues en verdad, de tanto hacer el vago, le había cojido algo de gusto a dejar en manos de mi reina y de sus consejeros los asuntos diarios... Durante mis erranzas en solitario, a lomos de mi fiel caballo, y con la mula para llevar el equipaje, pescando en ríos y lagos para alimentarme, y cazando en el bosque pequeños animales, encontré algunos curiosos personajes, como los Caballeros del No, enemigos encarnizados de los Señores del Ni... todos ellos fieros y excelentes guerreros, si no fuera por su manía de luchar con almohadas de plumas en medio del claro, menos una vez que un Ni metió en la funda un guantelete de hierro... pero eso es otra historia...
Faltando dos semanas para el solsticio, me despedí de mis alegres compañeros del bosque, y regresé a la abadía... Había incluso más gente que antes, y ni las inclemencias del tiempo ni lo magro de la comida parecían tener importancia para los demás caballeros, pues casi todos ellos afirmaban que por una sola mirada de nuestra hechicera, te quedarías enganchado para siempre, y jamás dejarías aquél terreno sagrado... Poco tiempo después, el Caballero Mofeta me dió un consejo: "Escóndete con tiempo en la más alta torre, métete dentro de una de las hornacinas, y tíñete la ropa y el cuerpo con grasa y carbón. Mas antes comprueba que desde tu lugar, puedes ver claramente la pileta de piedra, llena de agua de lluvia y de rocío..." Y eso hice, aquella tarde del veintiuno de diciembre, mientras los demás caballeros se dedicaban a las justas poéticas, yo prefería acechar a quien nos había robado el seso y el corazón...
Sin espada, coraza ni escudo, camuflado entre la negrura de la hornacina, observé el movimiento de la luna sobre la superficie rielante del agua... Faltando unos minutos para las doce, apareció ella... No la entrar, mas en un parpadeo, estaba allí, quitándose lentamente los velos grises y negros, y los blancos, hasta quedarse finalmente con una camisola transparente, que poco ocultaba bajo la luz de la luna... Cabello largo y negro, piel de nácar, ojos profundos, labios turgentes y rojos, miembros largos y espigados, el sueño más físico de cualquier caballero... Mas en aquél momento, cuando vestida todavía por la camisola, avanzó un paso más hacia la pileta, se escindió en dos, pues de aquél cuerpo níveo y virginal, surgió el retorcido fantasma de una vieja hechicera, negro sobre negro, pulsando contra el viento...
Y las dos se giraron hacia mí a la par... y sus bocas se abrieron al unísono, y de ellas surgieron estas palabras: "¿Ya estás satisfecho, príncipe Vassili? ¿Ya has cumplido tu deseo? ¿Tu corazón late de nuevo? Mas has de saber que toda visión tiene dos caras, como lo que has visto esta noche en mí... Amarás de nuevo, es cierto, pero solamente a mí... Hasta que no hayas recorrido medio mundo, hasta que no hayas contado tu historia diez mil veces, nunca serás libre... Y cuando hayas cumplido tu penitencia, volverás a mí, y te liberaré..."
Y esta es mi historia... Han pasado quince años, no tengo esposa, ni reino, ni consejero... Ya he contado nueve mil novecientas ochenta veces el relato, por lo que dentro de poco tiempo, podré volver a la abadía, coincidiendo con el solsticio de primavera, donde ella me espera... Pues lo que nunca cuento son sus últimas palabras: "O te haré por siempre mío, siempre joven, si cumples la promesa..." Aunque también es posible que dijera: "Y cuando regreses a mí, te mataré... para que dejes de sufrir por mi ausencia..."
Pero eso es otra historia...



EL BONSAI


Mi amor es un arbol cautivo, que se debate
entre el ser y el desear, entre lo real y lo ideal,
entre la nada y el todo...
Funambulista de los sentimientos,
oscilo, busco, pierdo, encuentro,
una y mil razones para quedarme con lo real,
con la mirada donde he visto tantas cosas,
tanto amor, tanta pasión, pero también,
tantas lágrimas, tanta tristeza compartida,
tanta esperanza durante tantos años...
Frente a todo esto, ubico un ideal desconocido,
lo que jamás he buscado ni esperado, ese amor,
el fantasma de una ilusión en una tarde de otoño,
escasos minutos, tan pocos, que ni puestos en fila
alcanzan los suficientes para llenar un día...
¿Por qué, entonces, me sigue doliendo tanto
haberme despedido de ella con una mentira en los labios?
¿Por qué me persiguen su hermosa sonrisa, sus ojos hechiceros,
y el fantasma a Nenuco en su cuello?
¿Por qué, entonces, pienso que daría cualquier cosa
por verla de nuevo, una vez más?
¿O quizás ya lo he hecho, al no poder olvidarla?

CON UN BESO DE MIS FRÍOS LABIOS


En las entrañas de la tierra, en ese horror
que llaman Metro, sentí una mirada en la nuca,
me dí la vuelta, y pese al ardiente vagón repleto,
supe que era ella quien taladraba mi cerebro,
robándome al mismo tiempo el corazón y el alma,
mientras nuestros ojos se contaban una antigua historia...



No tendría más de quince años, diecisiete a lo sumo,
con el largo, lacio y descuidado cabello, cayendo
en cascada sobre el rostro pálido, de hoyuelos marcados,
inmensos, profundísimos, negros y almendrados ojos,
cuello de cisne adornado por una gargantilla de terciopelo,
cazadora de cuero, y un extraño vestido negro...



"Por fin te encuentro, me dijo... Tanto tiempo buscándote,
sin ver la luz del sol, tantos meses y años, circulando
por el Hades... y estás aquí, en el primer vagón de la 5...
¡Tenía tantas ganas de hablar contigo, de verte, de besarte!
¿Ya no me recuerdas? Normal... Hace tantos años...
Yo no he cambiado, pero tú... sí lo has hecho...



Aquella primavera de mis dieciséis... Yo era romántica,
apasionada, absoluta... Y llegaste tú... el nuevo profe...
Y contactamos enseguida, con aquél primer poema
de Bécquer, que leíste en tu segunda guardia con la clase...
Las fieras no querían callarse, pero tu voz, armónica,
obró lentamente el milagro, y te escuchamos...


¡Dios, la de tonterías que se piensan de joven!
Me enamoré de tí, ¿sabes?, sin apenas conocerte,
creo que fue porque me hiciste comprender
la poesía, amar la literatura, y me animaste
a pensar por mí misma... Jamás olvidaré nuestra
lectura del final de "Cyrano de Bergerac"...



Aquella fotocopia que compartimos, tus palabras,
sus versos, tu voz... mi voz... Sí, de acuerdo,
alguna duda tuvimos, pero las fieras callaron...
Hundir mis ojos en los tuyos, profe, entregarte
mi corazón, mi alma entera... sin decirte jamás
una sola palabra de las que llenaban mi pecho...



Cuatro meses de amor, cuatro meses de gloria,
de esperar toda la semana para que vinieras
a mi clase... continuar en la seguna fila, ¿recuerdas?
¿junto a la ventana, iluminada por el sol?
Y buscar en la biblioteca los autores que mencionabas:
Khalil Jibran, Tagore, Richard Bach, y tantos otros...



Pero un buen día, te despediste de nosotros, y leímos
aquél fragmento de "Romeo y Julieta", con tanto
desgarro, que la clase entera se quedó en silencio
primero, y después nos regaló una estruendosa ovación...
Tenías razón, profe, la tinta, la poesía, amansa a las fieras...
y a veces, incluso, consigue que piensen por sí mismas...



Al despedirte, recuerdas, me regalaste un libro antiguo,
"Las mil mejores poesías de la Lengua Castellana", y
marcadas, las que compartimos... ¡Pero qué bobo eras!
... y qué tierno... Te pusiste rojo como la grana, cuando
en tu despacho, me fuiste a besar... y yo giré la cara,
y te robé un beso... con aroma a café con leche y donut...


Aquél verano, devoré, varias veces, el libro entero...
memorizando muchas estrofas, por tenerte más dentro,
recordando tu voz... y lo extraña que sonaba en la clase,
primero con el ruido, y después... en el silencio...
Ese era tu don: callar a las fieras, y funcionaba bien,
pues nos hacías sentir, no sé... distintos...


Te extrañaba tanto, que en septiembre empecé
a buscarte, en la web, en listados de profesores...
y a finales de octubre, me llamó una amiga,
para hablarme de tí, del poeta, del "silenciador",
que había llegado a su centro... ¡Eras tú!
Tenía tantas ganas de verte, que corrí al Metro...
No sé lo que pasó, profe... Quizás fue la puta bota,
mal atada... o el vuelo del vestido... Me resbalé...
Caí rodando por la escalera... Y con el último
peldaño, me partí el cuello... No sufrí, al menos...
Morir así... A los dieciseis... Con un libro de poesía
en la mano, y en los labios un beso robado...



Tenía ganas de verte, tantas, que me quedé allí,
observando cómo se llevaban mi cuerpo, mi libro,
circulando por los mil y un andenes, trenes, estaciones
de la red de Metro... Buscándote sin cesar...
¡Cómo iba yo a saber que ni siquiera estabas
en Madrid, pues cambiaste de trabajo y de ciudad!


Mas hoy, por fin, después de tantos años, te veo...
me recuerdas, lo sé... ahora sí... por el libro...
No llores, profe... que no tienes la culpa de nada...
Déjame, solamente, susurrarte una última estrofa,
y robarte un último beso... Pues con un beso de mis
fríos labios, me despido de tí... o quizás no..."



Y eso hizo: noté un gélido beso en los labios,
escuché el fragmento de un verso ("Mi corazón
no os dejará ni un segundo..."), y se desvaneció,
con un susurro de tela, y un tenue aroma a Nenuco...
Y aquella extraña sensación, por aquél recuerdo
de más de cincuenta años, me hizo soñar de nuevo...

jueves, 24 de diciembre de 2009

UNA VENTANA AL MUNDO



Tus ojos son una ventana al mundo,
y en ellos busco una verdad
que no alcanzo a comprender...


Es tu verdad lo que busco en ellos,
tus sueños, tus aspiraciones,
tus deseos más secretos...


Me gustaría ser yo quien se viera
reflejado en ellos, tan de cerca
que se fusionan nuestras almas...


Quisiera ver cómo se cierran lentamente
cuando nuestros labios se encuentran
pues todo el mundo está de más...


Refugiarme en tí cuando tenga miedo,
esconder mi imagen en tus ojos negros,
y perderme dentro de tí, por siempre...


Conseguir que nuestros reflejos se fundan,
de tan cerca como estamos, para no saber
dónde empiezas tú y termino yo...


Los ojos no mienten, amor mío, no pueden
pues siempre reflejan aquello que sientes,
lo que anhelas, y lo que deseas o temes...


Por eso me gusta tanto acortar las distancias,
pues en tus ojos se refleja todo lo que siento por tí,
y también todo lo que sabes y no te digo...


Si pudiera escoger una forma de vivir,
sería buceando en tu mirada, dentro de tí,
protegido, tranquilo, recogido, en paz...


Desearía probar tu sabor una vez más,
y luego, morir, pues no imagino mejor manera
que perderme y desaparecer por siempre en tí...

miércoles, 23 de diciembre de 2009

EL RENACER DA MUCHA HAMBRE...


Soñar es una pérdida de tiempo, al menos eso es lo que digo siempre, pero algunas veces, lo darías todo para que se cumpliese un sueño... Pero al mismo tiempo, debes tener cuidado con lo que sueñas, con lo que deseas. Porque a veces, si un sueño se realiza, se puede convertir en una pesadilla...
Y si no, que se lo digan a nuestro amigo Carlos... Es un amante de la naturaleza, un apasionado defensor de los animales pequeños y grandes, y no puede soportar que delante de él se maltrate a ningún ser vivo. De haber nacido en el Tíbet, posiblemente estaría refugiado en algún monasterio, aprendiendo los preceptos de aquella religión, y bebiendo litros y litros de té con manteca de yak. Pero no, él ha nacido en Valencia, y vive, realquilado, en una habitación de mala muerte, en un apestoso piso del barrio de Lavapiés... con otros seis estudiantes... Trabaja de teleoperador en un 906, y cobra un salario de mierda. No le gusta que maten animales ni insectos, y por eso, ayer se encaró con el exterminador, que estaba fumigando el sótano de la comunidad. Le llamó asesino, cobarde, y mil cosas por el estilo... Pero claro, él no podía imaginar que en ese patéitco hombrecillo se encontraba un poderoso hechicero Matoute... que usó su capacidad de devolver la vida a los muertos en el viejo y oscuro sótano de la casa... Sí, es muy bonito el defender el derecho a la vida de las ratas, chinches, pulgas, cucarachas, liendres, gusanos... Pero no lo es tanto, cuando todos esos pequeños cadáveres, con algo parecido a la vida, suben reptando por las escaleras, por las paredes y por el techo, desde tu edificio y de los de toda la manzada, convergen dentro de tu habitación... Los insectos más pequeños se cuelan por debajo de la puerta, y en pocos minutos, el suelo está cubierto de cienpiés, cucarachas, escalopendras, arañas, pulgas, hormigas, chinches, garrapatas, y otros habitantes de las profundidades... Lentamente, van subiendo por la colcha, que cuelga hasta el suelo... Un tapiz viviente se arrastra sobre las sábanas, hacia el durmiente... Las ratas, unas veinte, mientras tanto, se han abierto paso a dentelladas, a través del cartón que cubre parte del cristal, y abriéndose paso entre las demás criaturas como Moisés, saltan sobre la cama...


Carlos tiene un sueño extraño, la sensación de que algo está fallando en su entorno protegido... Al deslizar la mano hacia la mesilla de noche, nota que está cubierta de algo extraño... Consigue encender la luz... y abre la boca desesperado, cuando vé hasta qué punto su pequeña habitación está llena de todos sus queridos bichejos y animalitos... Cuando por fin se decide a gritar, una rata negra, inmensa, salta hacia su cara, y le muerde la lengua... Y todo el mundo sabe que el renacer causa mucha hambre...

A la mañana siguiente, cuando fuerzan la puerta para despertarle, no queda prácticamente nada de él... Solamente, unos cuantos huesos totalmente roídos... Y las sábanas empapadas en sangre...

Ten mucho cuidado con lo que sueñas... porque algunas pesadillas se vuelven muy reales...

martes, 22 de diciembre de 2009

EL LLANTO DEL ÁNGEL



Un ángel de granito, llorando sobre una lápida...
¿Por qué lloras, ángel mío, con tus manos yertas, tus enormes alas? ¿Por quién te deshaces en llanto?
¿Lloras acaso por los muertos, por los que se fueron... o por los vivos, por quienes se han quedado, y sienten la ausencia?
No te lamentes por los muertos, no es necesario que lo hagas, lo sé muy bien...
LLora en todo caso por los vivos, por quienes olvidarán mi voz, y buscarán el recuerdo de mi risa en el viento, y sentirán entre las sábanas recién planchadas el tacto de mis manos, y en la niebla encontrarán mis besos... LLora por quienes he dejado atrás, por todas las personas para las que he sido importante (padre, madre, hermanos, algunos amigos...), y por las que han marcado la diferencia en el curso de mi vida, acompañandome, orientandome, guiándome en lo más duro del camino (mi abuelo, el monitor de Bárcena Mayor, y otros muchos...). Y ríete en la cara, en las fauces, de mis escasos enemigos, a muchos de los cuales habría acompañado con placer a la misma sepultura donde hoy entierran mis ceniza...
Confieso que he amado. Durante toda mi vida, el amor ha sido una constante... Mi romanticismo, incurable, irredento, avasallador, apasionado, me ha metido en no pocos problemas... pero no me arrepiento de nada... ¡Al contrario! Si he vivido con intensidad el amor, mucho más fuerte ha sido el desamor, la tristeza de la soledad, el rompimiento del alma, por cada vez que me enamoré sin ser correspondido, pues en el fondo tampoco lo pretendía...
No he tenido mala vida, pues he alcanzado el equilibrio entre lo frustrante de mi trabajo, y la expresión de mis sueños, entre el vacío cotidiano y la sangre entintada de mis venas, entre mis realidades cotidianas y lo febril de mis sueños. La lectura, la música, la escritura, ir al cine, los pocos y buenos amigos, me ayudaron a seguir trabajando y viviendo.
Tras de mí, dejo familia y amigos, libros, maquetas, compactos y discos, fotos, colecciones varias y demasiados escritos y cartas. Que las cartas me acompañen al crematorio, las colecciones se repartan, los libros se donen a una biblioteca, y el resto, que se lo repartan. Eso pedí en el testamento, que no se ha respetado, por lo que mis pertenencias mortales al final serán fruto de las polillas y los ratones, en los anaqueles de un trapero.
Mas no me importa, angel mío... Si esto es la muerte, el umbral hacia la nada, si después de la vida queda tan solo un corto periodo de latencia, si solamente permanecemos anclados a este mundo mientras alguien nos recuerda, si después del olvido nos hundimos, nos fusionamos con la tierra... Y después, la nada... No más cielo ni infierno, no existen, solamente tristeza y olvido...
Acompañame, pues, angel pesaroso, del todo a la nada, del recuerdo al vacío...


EL RUEGO DE LA VOZ DEL CHIMPANCÉ


(Un poderoso artículo de prensa de 1980… Lo he guardado todos estos años.
Por favor, recuerda que no estoy de acuerdo en que los chimpancés sean diferentes de cualquier otro animal en lo que se refiere a su derecho a la libertad. De todas formas, me ha parecido que esta noticia era muy poderosa, y la he conservado a lo largo de los años. El periodista la escribió en un momento de inspiración, pero cuando le pregunté si podíamos reproducirla en nuestra web, me respondió: “No, por favor esta no… cualquier otra, pero esta no…”. Ahora, él está muerto, y por eso estoy resucitando su magnífico escrito. El artículo fue publicado en un periódico de Los Ángeles, el 1 de enero de 1980, por Paul Harvey.)

EL RUEGO DE LA VOZ DEL CHIMPANCÉ

Acabo de vivir una de las experiencias que me han producido más sudores fríos de toda mi vida. He escuchado las “voces de un animal”. Cualquier cazador ha escuchado el grito de los animales al morir, y sin embargo, siguen cazando. Si ese animal herido nos hubiera mirado, y a través de sus sangrientos labios, hubiera dicho “Por favor, no me mates…”, ¿podríamos haberlo matado como si nada? ¿Habría representado alguna diferencia el que el animal pudiera hablar? Lo pregunto, porque ahora pueden hacerlo.

El doctor Carl Sagan, ganador del Premio Pulitzer, lo dijo de esta manera: “¿Hasta qué punto tiene que ser inteligente un chimpancé, para que matarlo sea un asesinato? ¿O cualquier otro animal?” Mi nueva perspectiva al respecto se produjo recientemente, y de forma bastante súbita. Siempre he contribuido todo lo que he podido a los esfuerzos por el rescate animal. Me siento inclinado hacia la antropormización de los animales caseros, perros y gatos. En los últimos años, me he deshecho de mi considerable arsenal de armas de caza. Simplemente, no me siento capaz de matar más. He recibido una carta de Mr Carbin, en Fayette, Iowa, en la que dice: “Hola, Paul Harvey, te comes tu filete, devoras tus chuletas de cerdo, tu faisán, porque otra persona ha matado por ti. ¿Cómo justificas eso?” Y no puedo justificarlo, si no me pongo a pensar en ello. Ahora, me ha sucedido algo que hace que tenga que pensar en ello. Cuando relato mi experiencia de haber escuchado a un animal “hablar”, no me refiero al grito imitador de un loro… Esto es lo que pasó.

Mi hijo, Paul, que estaba buscando “El otro lado de la noticia” para un informativo, tuvo conocimiento de un proyecto de investigación de la Universidad de Oklahoma. Habían estado enseñando a un animal a hablar, más concretamente a una chimpancé hembra de 15 años llamada Washoe. Esta es la base reconocible de la comunicación, casi toda ella formada por unidades pequeñas: grande, pequeño, arriba, abajo… Desde 1966, este chimpancé ha aprendido 140 signos del Standard American Sing Language (El Lenguaje de Signos). Después de todo este aprendizaje y de más enseñanza, los directores del proyecto decidieron que Washoe estaba preparada para “conceptualizar”. Hablando claro, en vez de imitar algunas palabras de los humanos, el chimpancé estaba listo para expresar por sí mismo sus propios pensamientos. Ella había aprendido suficientes palabras para hacer referencias cruzadas entre ellos, y “crear” expresiones por sí misma.

Ahora bien, hay que comprender que Washoe es un animal mimado en el Laboratorio de la Universidad, bien alimentado, en un entorno físicamente confortable, a salvo de cualquier daño. Ella tiene “seguridad”. Y sin embargo, cuando fue capaz de poner varias palabras juntas para formar su primera frase, estas fueron sus tres palabras.

Y las decía una y otra vez, repetidamente. Para los visitantes, la voz desde la jaula está diciendo: “LET ME OUT!” (“DEJAME SALIR!!”)

http://thevegantruth.blogspot.com/2009/10/powerful-newspaper-article-from-1980-i.html

lunes, 21 de diciembre de 2009

ECLIPSE DE LUNA





Si algún día me preguntases


"¿Cuándo te enamorastes de mí?",


tendría que mentirte, mi sueño,


al igual que me engañé a mí mismo,


pues te respondería "No lo sé", o bien


"Cuando saliste de mi vida la primera vez"...






Mas en el fondo, sería un doble engaño,


pues de sobra conozco y recuerdo el momento:


el mismo instante en que te ví, al entrar,


cuando alzaste la cabeza y descubrí,


detrás del telón de tu melena castaña,


tu ojos profundos, oscuros, hechiceros...






"¿Eres un ángel? ¿Eres una diosa? ¿Una sirena?",


todas esas cosas, y otras muchas, te quise preguntar,


pero perdí la voz, y la cabeza, y el corazón,


cuando humedeciendo con la lengua tus tersos labios,


sellaste mi destino al decirme tu nombre,


y darme la mano, y un beso en la mejilla...






Poco recuerdo de aquella tarde que pasamos juntos,


enseñandome, aprendiendo, todos los mínimos detalles


del nuevo destino, con el cuerpo todavía oliendo


al Ministerio más utópico, y disfrutando plenamente


de tu voz, de tus palabras, de tu presencia,


de tus gestos, de tu aura, de todo tu ser...






Si alguien me hubiera dicho que, a mis años,


con mi vida organizada, mi compañera,


con el corazón encerrado bajo siete llaves,


me iba a volver a enamorar, de tal manera,


con tanta fuerza, sin esperanza alguna,


le habría respondido: "Lo siento, te equivocas."





Mas en el fondo de mi alma, yo lo sabría,


y tendría que darte la razón, porque la tienes,


reconocer ante tí, dulce y suave hechicera,


que te entregué mi alma nada más verte,


y en vez de decirte que no me interesaba el destino,


decidí quedarme, para verte, por tí...







Compañeros de fatigas, de risas y de pesares


durante dieciocho meses, mas en el fondo,


tan juntos como la luna y el sol, o sea, nada,


vivía esperando el pasajero eclipse diario,


para exprimir cada momento de aquellos minutos


en que tu luz calentaba mi viejo corazón...





LLegó el verano, y la ropa se fue desprendiendo


de tu altivo, desconocido y hermoso cuerpo,


desaparecieron chaquetas, jerseys y guantes,


y llegaron polos, camisetas, piratas, alguna falda,


y cada tarde, al filo de las dos, de tu crisálida uniformada,


salía la más bella de las mariposas adolescentes...






¡Dios, cuanta inocente belleza desplegabas ante mí!


¡De cuanta ternura y simplicidad disfruté en tí!


Y como toda mujer realmente hermosa, y que lo sabe,


jamás hacías ostentación, te sonrojabas,


y encontrabas y alababas, en las demás mujeres,


la hermosura que fieramente negabas en tí...




Te tuviste que ir, a otro destino, buscando algo de paz,


confundí mi lugar, y te perdí, tal vez para siempre,


y con buenos motivos... y por eso te escribo...


para de esta manera, canalizar las lágrimas,


y seguir viviendo, trabajando y soñando,


lejos de tí, mi sol, mi hechicera, mi Princesa...












sábado, 19 de diciembre de 2009

EL MOMENTO DE LA VERDAD


Después de tanto tiempo, ha llegado el MOMENTO DE LA VERDAD, así, con mayúsculas, y no le pongo signos de exclamación, porque no me gustan... Pero mejor os explico los antecedentes...



Todo empezó hace diecisiete meses, dos días y cuatro horas, sí, me gusta mucho dar detalles matemáticos... que no en vano, en el curro, contaba la jornada en minutos, y en modo cuenta atrás... aunque imponía un poco, lo de decir: me quedan cuatrocientos cuarenta minutos (en segundos, acojona más: seis mil cuatrocientos) para volver a casa... Cuando mi mujer se cansó de aguantar mis suspiros por los rincones, mis quejas ("Creo que nos falta algo para ser felices" le ponía de los nervios, pero cuando empezaba con "Tenemos una casa grande, y seguro que a Chiqui te gustará tener compañía..", directamente o me tapaba la boca, o me daba un cachete... pero si unos minutos más tarde seguía con una ración de "¿Será que no funcionamos como matrimonio?", ya podía salir corriendo, pues el castigo era guerra de cosquillas...y yo tengo cosquillas por todo el cuerpo...), al final, nos fuimos a un ginecólogo que nos habían recomendado, y empezamos con las pruebas...


Bueno, mejor dicho, empezamos con "mis" pruebas, ya que dos años largos de intentos a lo "Maybe baby" no habían dado ningún resultado tangible... bueno, quitando algún que otro mínimo atisbo de ilusión cuando la puta señora de rojo se retrasaba en su visita mensual... pero luego, nada de nada... Sí, lo reconozco, después de siete años de matrimonio, mi reloj biológico se está descontrolado: me emociono cuando veo a una mujer embarazada (cuanta más barriguita, mejor), me paro delante de los escaparates de las tiendas de moda para bebés (ya he comprado un chandal, cuatro pares de calcetines y un gorrito, los tengo escondidos en mi armario), analizo las condiciones de seguridad de los carritos (el que me gustaba, de tres ruedas, además de costar una pasta, no tiene abs), en todos los sitios donde voy, pienso en cómo estaría un bebé (esas putas escaleras mecánicas pueden ser peligrosas), y siempre cedo mi asiento a las embarazadas en el metro, en el autobús... Vamos, que realmente quiero ser padre... y afortunadamente, he logrado convencer a mi mujer...


Acudir a una consulta de fertilidad (bueno, más bien de infertilidad), no es de ninguna manera un plato de buen gusto, porque es reconocer explícitamente que, como la madre naturaleza no está por la labor, habrá que echarle una manita. El doctor (que bien podría ser un médico brujo o un chamán, por la manera en que estamos completamente pendientes de sus palabras), nos va explicando de manera bastante clara una fórmula universal: si no hay bebé, algo falla. Y, por lo tanto, como solo somos dos (si fueramos seis o siete, tendría un harén, pero no es el caso), quiere decir que uno de los dos "no funciona". ¿Y a cual de los dos es más fácil hacerle las pruebas? Bingo: a "Otello, vuelve el hombre"... Parece mentira que, algo tan natural desde la adolescencia (el onanismo), pueda convertirse en un auténtico problema para tantos hombres... pero también es algo comprensible, por las circunstancias: llegas a la sala de espera del centro de recogida de muestras, y te encuentras con otras cinco o seis parejas, sentadas en una amplia sala. Te toman los datos como si fueras un criminal de guerra (unos días antes, has tenido que pasarte por tu sociedad médica, para que te autoricen el seminograma de los cojones, y ya te has sentido un poco violento por la cara de compasión que se le ha puesto a la secretaria), y luego te dan un botecito, y sigues esperando... por supuesto, no falta el cartel de "Se ruega comprueben que el tarrito de muestras está bien cerrado, y no lo depositen sobre el mostrador". Una hora después, se acerca un celador, dice tu nombre, y te acompaña a una salita, donde rellenas otro cuestionario, al fondo hay una puerta, que se abre a un glamuroso retrete, con una tele con dvd sobre la que reina un cartel donde ponen "Peli porno"... me dan ganas de preguntar si no tienen documentales de National Geographic, que son mucho más interesantes... Para qué dar más detalles (de todas formas, no los iba a dar), cuando terminas, dejas el tarrito sobre una bandeja de calentamiento, te preguntan por la experiencia, y no puedo evitar decir: "Pues mira, muy poco glamour, mucho frío... quizás con luces indirectas..."


Una semana después, recojo el veredicto, y volvemos al centro de fertilidad (privado)... Después de unos minutos, el mazazo, quiero decir, el diagnóstico: mis soldaditos son, en un ochenta y cindo por ciento vagos y maleantes, y el resto, parece que son monstruitos de Michael Jackson, moviendo la colita al ritmo de "Thriller"... aunque enseguida el doctor se apresura a comentar que es algo muy habitual, por culpa "de la alimentación, de los aditivos, de los calzoncillos de licra, de la polución atmosférica" y de mil cosas más... Por lo tanto, nos ofrece varias alternativas, que van desde la microinyección espermática hasta la fecundación in vitro, suponiendo que finalmente no optasemos por un donante, o directamente por la adopción. Eso suponiendo que mi mujer no tenga problemas de fertilidad, claro... y la única forma de saberlo es con una prueba específica, que se realiza en la oncena o duodécima jornada de su ciclo menstrual, y finalmente nos citan para un domigo a las diez de la mañana... Las distintas ecografías demuestran que todo va bien por su parte, aunque el ovario derecho es el que funciona mejor. Y tampoco será necesario realizar un ciclo de hiper-estimulación ovárica, por lo que de momento, usaremos la técnica de la microinyección.


Nos ponemos en marcha... y no es que se trate de un procedimiento especialmente agradable, al menos para mí, pues para cada intento hace falta material nuevo, y sobre todo, con varios días de abstinencia, no solamente sexual, sino de ciertos alimentos y bebidas, como el café, mira que quitarme el café, hay que se malvado... Con el tarrito de la muestra en la mano (¿Por qué demonios los hacen tan grandes? No conozco a nadie capaz de llenarlo, ni siquiera Rocco Sifredi) y cierta cara de culpabilidad, se lo entrego a un técnico de laboratorio. Prefiero no saber lo que hacen después con mis soldaditos, por lo visto, los mezclan con una solución de encimas y de proteínas para favorecer la motilidad y la viscosidad (¿será que los mezclan con red Bull?), y luego, los insertan en el lugar adecuado, pues mi mujer estaba esperando pacientemente en el quirófano... Lo más complicado del procedimiento es ajustar el calendario, pues mi mujer y yo tenemos turnos contrarios en el trabajo, con lo que tengo que andar pidiendo favores a mi jefe y a mi compañero. Bueno, al margen de que no me quieren dar la pipeta como recuerdo, por lo que no podré enseñarsela a nuestro hijo cuado sea mayor, y me pregunte: "¿y quién es mi padre?" Eso por no mencionar que, con los ciclos de abstinencia previos a cada intento, no hago más que mirar el calendario, para comprobar si podemos hacer o no el amor... ¡vaya mierda, esto del sexo en diferido!


La primera vez, nada... Puntual como un reloj la puta señora de rojo (pariente del Hombre Mediatis, seguro) manda al sexto infierno mis ilusiones... La segunda vez, hay un pequeño retraso (compro un gorrito azul, y otro rosa, para recién nacido, y encargo el carrito que me gusta), pero luego, se va al garete (y no puedo devolver el carrito)... Pero a la tercera, según mis cálculos y el Anuario Zaragozano, la falta es de tres días, luego de cuatro, de cinco, de seis... volvemos a la consulta... Se confirma: ¡voy a ser padre a los 40!... bueno, y mi mujer, será madre a los treinta y cinco... que sin ella no podría haberlo logrado... Porque sinceramente, no tengo el mismo cuerpo que Swarzenegger en "Junior" (aunque está genial, con el pelucón rubio, super embarazado, haciendo de ex-atleta de los países del Este)...


Esa noche, nos vamos a cenar fuera, comida italiana, un sitio romántico, para mí una copa de vino Lambrusco, para ella agua mineral sin gas... Nos parece mentira, y por supuesto, las cosas pueden salir mal... pero tenemos confianza.... sobre todo, porque su ginecólogo y su cardiólogo trabajan en su hospital, y eso es muy importante... Las primeras en saberlo son las futuras abuelas, la tía, el único abuelo... Esperamos unos días, hasta que pasa el primer mes... Y un buen día, lo anunciamos en el trabajo: en mi caso, un par de cajas de bombones y unos cuantos pastelitos, en el de mi mujer, lo mismo, pero con algunos zumos y cervezas sin alcohol...


¿Que tendrá la paternidad, y la maternidad, para que te cambie tanto la vida? De repente, empiezas a considerar posibles cambios y mejoras, sobre todo, en la casa, para que sea más cómoda, y te planteas algo similar en tu trabajo: aspirar a un nuevo puesto de más responsabilidad, pedir un aumento de sueldo, y sobre todo, intentar no meter la pata, pues no está el mercado laboral como para hacer el gilipollas... Y luego, en cuanto se corre la voz, empiezan a llegar las palabras de ánimo, algunos pequeños regalos que te emocionan muchísimo, como el libro de cuentos de Ciudad Esmeralda que te trae Patricia, la señora de la limpieza, la grabación de una nana que te envía Isabel, los mensajes de apoyo y de felicitación desde el carapocha, los patucos y baberos a juego que te ha hecho tu madre (y mira que no quería hacer más labores), las nanas en francés que te regala tu hermana, el día en que trajeron a casa la cuna completamente restaurada por el futuro abuelo fue precioso, los consejos de mi compañera Mar para los primeros días del embarazo... eso por no hablar de los libros, incluyendo el del doctor Spock, que de repente aparecen en casa, muchos de ellos de la Biblioteca Municipal (desde aquí, le mando un fuerte abrazo a Beatriz, la bibliotecaria, que tanto y tan útil material nos ha proporcionado)...


Los tres primeros meses son bastante duros, porque se repiten día tras día las nauseas matutinas... y noche tras noche, los antojos... menos mal que el comercio hindú que está a la vuelta de mi casa no cierra hasta las dos de la mañana, y que Abdul tiene tres niños, y me comprende perfectamente... Sobre nuestra vida sexual, solamente puedo deciros que el tener asegurado el resultado puede resultar un poderoso afrodisiaco... Al menos, con nosotros, funcionó... A los cuatro meses, desaparecen las nauseas... pero siguen los antojos... A los cinco, se le empieza a notar bastante... Y es completamente cierto que las mujeres embarazadas se ponen mucho más guapas, por lo menos para mí, Fátima es la mujer más guapa de Madrid... y empiezo a fijarme cada día más en los pequeños cambios: piel más brillante, menos ojeras, ojos más profundos, labios más llenos... Me dejo de tonterías, y le doy un beso de mariposa, ella se ríe, pregunta "¿Qué miras?", y yo la beso otra vez...


Lo que más me entristece es que mi padre haya muerto tantos años antes, pues creo que incluso con todos sus defectos, habría sido un buen abuelo... Y le añoro...


Ya estamos en el séptimo mes de embarazo, en el octavo... Empiezan los problemas circulatorios, pues se le hinchan un poco los tobillos. Siempre que puedo, voy a buscarla al trabajo con el coche... Y muchas veces, me alegro de vivir en un bajo, pues los ascensores se han estropeado un par de veces... Cuando está a punto de cumplirse el noveno mes, en mitad de la noche, ella me despierta, y me dice: "Creo que tenemos que ir a la Clínica ahora mismo..." Cojo la maleta en el trastero, las llaves del coche y me voy al parking, mientras Fátima me espera en la puerta del edificio: ya me conozco el camino de memoria, pero de todas formas, voy con mucho cuidado. Aparco en la puerta, y mientras rellenan la ficha, le mando un mensaje a mi madre, a mi hermana, y a mis suegros. Son las cuatro de la mañana, pero al menos, que sepan lo que está pasando cuando se despierten... A las cinco menos cuarto, mi madre y mi hermana ya están en la recepción, tenían el móvil encendido... Afortunadamente, es domingo, y ese día no trabajo...


A las ocho y media de la mañana del treinta de mayo, terminan mis paseos por toda la planta, no he querido pasar al quirófano por razones obvias, y no he parado ni un segundo de caminar, para estar menos nervioso... Sale la matrona, con una gran sonrisa: soy padre de un hermoso niño... y de una niña... Me preguntan si quiero cortar el cordón umbilical, me pongo tan verde, que no me lo dicen más veces... Paso a verlos... ¡Qué pequeños, y qué rosaditos están! Lo de la niña ha sido una sorpresa... Casi no me atrevo a cogerlos en brazos, menos mal que he pasado varios meses haciendo prácticas con Chiqui, nuestro gato... aunque a él no parecía entusiasmarle... Mi mujer está muy cansasa, solamente le quedan fuerzas para pedirme un beso, que le doy encantado...


Han pasado tres días, y nos han mandado a casa... La familia entera, o sea, mi madre, mi hermana, mis suegros y el gato están descansando... Fátima también... se acerca EL MOMENTO DE LA VERDAD... Un olor al que espero acostumbrarme rápidamente, pues si no lo llevo crudo, se eleva desde la cuna... Compruebo el equipo: las gafas, el gorro quirúrgico, el delantal desechable, la nariz untada con Vicks, los guantes... Cojo con mucho cuidado a Isabel, se rebulle un poco mientras la pongo sobre el cambiador... Intento recordar todos los pasos, preparo los materiales (esponja, palangana de agua tibia, talco, otra esponja, toalla, pañal limpio, bolsa para el sucio...), y llego a ese momento que tanto temo...


Cambiarle el pañal a mis hijos... que no es moco de pavo, con mi super olfato y mis tremendos escrúpulos...


¡¡Que la Fuerza me acompañe, Obi Wan!!



viernes, 18 de diciembre de 2009

DESDE MI INVISIBLE SILENCIO



Desde mi silencio, veo pasar la vida,
cada mañana, cada tarde, cada noche,
protegido por una coraza invisible,
lo veo todo, lo escucho todo,
pero casi nadie me ve ni me escucha a mí...





Como otras decenas de miles de personas,
en toda España, o millones en todo el mundo,
me vuelvo invisible en cuanto llego a mi trabajo,
y solamente reaparezco cuando me cambio...





Es una de las pequeñas ventajas de vestir uniforme,
igual da que sea marrón oscuro, verde guisante y beige,
que azul oscuro, o negro con gris y cordón de fantasía,
el color es lo de menos, la empresa tampoco importa nada,
pues he podido comprobar, en los últimos años,
que desaparezco de la vista con mi bonito disfraz...





Poco importa que esté custodiando camiones llenos de mercancías
en un puto polígono industrial en las afueras de Madrid,
en la sede de un prestigioso periódico, organizando el caos,
en unos grandes almacenes, vigilando a los empleados,
en un supermercado de barrio, cazando cacos,
en las distintas sedes de un Ministerio prestigioso pero utópico,
o en las oficinas de un pequeño y de un gran banco...





El resultado es el mismo: con el uniforme, no existo.
Alguna que otra madre me ha usado para asustar al niño,
decirle que se callase, "o se te llevará el guardia"...
El tono de algunas personas, y su actitud, siempre cambian:
en cuanto te necesitan, existes, y te tratan con algo de cordialidad,
te llaman de "usted", te miran a los ojos, te consideran persona...
pero en cuanto has aparcado su coche, o les entregas el paquete,
o ayudas a cargar la cesta de navidad en el maletero,
en resumidad cuentas, en cuanto termina tu utilidad,
se desprenden de tí, y si te he visto, no me acuerdo...





Solamente algunas pocas personas, no llega al diez por ciento,
de todas con las que tratas a diario, son capaces de verte,
es más, te buscan con la mirada, te sonríen al pasar,
se detienen para hablar contigo, aunque sean dos minutos,
y puedes tener la certeza de tu existencia...





Si además te encuentras con una gran compañera,
cosa que me ha sucedido muy pocas veces en ocho años,
que te habla, te mima, te ayuda, te sonríe y te escucha,
y compartís problemas y confidencias, y buscais soluciones,
entonces te planteas, que lo mismo tú no eres tan invisible,
sino que realmente, el problema es de todos los otros,
pues no te ven, porque no quieren hacerlo...





Por eso es tan importante cada sonrisa cada gesto,
pues estamos tan faltos de cariño en el trabajo,
por mucho que no queramos admitirlo ni verlo,
que cada mirada, cada pequeño gesto, cuenta...



Recuerda que dentro de cada uniforme, late un corazón,
que hay un ser humano que respira, piensa, siente, observa,
escucha, habla, sueña, pasa frío y calor, tiene hambre y sed...
No te digo que le des un abrazo, o dos besos, ni la mano...
Pero al menos, no rehuyas su mirada, no te escondas,
y, si tienes ocasión, sorprendele, o sorprendela,
con un sonoro "Buenos días", o "Buenas tardes"...





Para todos los vigilantes de seguridad, auxiliares,
personal de mantenimiento, mensajeros, porteros,
recepcionistas, camareros, barrenderos, repartidores,
auxiliares de clínica, celadores y todos los demás uniformados
con quienes comparto tantas cosas, entre otras la invisibilidad...
os deseo todo lo mejor, algo que muchas veces se resume en pocas palabras:
un buen jefe, un buen ambiente de trabajo y, por encima de todo,
un buen compañero... o compañeras... como Mar y como Bea...

jueves, 17 de diciembre de 2009

ESQUÍ DE FONDO



Amarte es sencillo, me basta con tu recuerdo...
dos años, tres meses y seis días de condena,
sin tu sonrisa, sin tu presencia, sin tu risa, sin tí...
aquellos lejanos momentos, minutos apenas en verdad,
cuando lo mejor de todo el día era llegar al trabajo,
levantabas la cabeza, y tras una cascada de cabello rubio dorado,
vislumbraba tus ojos, grandes, profundos, azul verdoso,
o verde azulado, soñadores, inmensos... Me mirabas,
y por esos primeros segundos, intuía cómo sería la tarde:
cuando en ellos imperaba la alegría, la fuerza inundaba mis venas;
si estabas soñadora, la melancolía me acompañaba un rato;
si transmitían cansancio, me arrastraba por las horas muertas;
si la ternura los iluminaba, me acompañaban los celos;
cuando apareció la profunda tristeza, quise matar por tí;
en varias ocasiones, en ellos ví la ira, y temblaron mis huesos...


Fue la típica historia de amor sin amor, de pasión sin contacto:
yo era el vigilante, tú la recepcionista, de una cadena de televisión,
siempre juntos, de lunes a viernes, pero solamente durante media hora,
y después, cuanto te marchabas con una última sonrisa,
quedaban ante mí mil ciento setenta segundos, para recordarte...
Según me acercaba a tí, mis ojos seguían paseando por tu cuerpo:
resbalando por la tersura de tu frente como sobre nieve recién caída,
sorteaban tus cejas perfiladas, y acariciando suavemente tus mejillas,
tomaban carrerilla, para propulsarme desde tu hermosa naricita,
y aterrizar en tus hermosos, turgentes labios, casi nunca pintados...
¡Cuantas veces tuve ganas de besarlos, de rozarlos, de adorarlos,
y no me refiero solamente a la última vez que nos vimos!
¡Cuantas veces imaginé su sabor, tu sabor, tu aliento afrutado!



Mis ojos seguían bajando, deslizandose por tu largo y fino cuello,
resbalo por tus clavículas, y me proyecto hacia tus hombros,
desde allí, ante mí se abren tres caminos, cada uno con sus peligros:
si recorro la curva de tus brazos, fuertes, firmes, suaves y tersos,
llego a tus muñecas, y entrelazo la mirada con tus dedos, acariciandolos...
El segundo camino me lleva al valle entre tus pequeños senos,
en la espléndida madurez de tus veintipocos años,
intento imaginar lo que se siente al recorrerlos, no con la mirada,
sino con un lánguido dedo, piel contra piel, o con los labios...
El tercer camino me conduce hacia tu espalda,
me lanzo desde tus clavículas, y aterrizo en tus omoplatos,
voy haciendo eslalom entre las vértebras de tu columna,
mientras sigo bajando, y pienso en chocolate templado...



Dando un salto de fé, aterrizo en tu ombligo, y me refugio un poquito,
protegido por el recuerdo de la entrada en la vida, descanso...
Resbalo hacia tus caderas, una vez más, dudo entre dos caminos,
y tomando carrerilla, trazo arabescos sobre tus firmes nalgas,
rodeo tu cintura, para continuar después el descenso por tus piernas de gacela,
fuertes, prácticas, entrenadas, listas para responder a la primera orden...
¿De quién huyes cuando corres, hacia dónde te dirijes, qué buscas?
Termino el paseo entre los dedos de tus pies, tan pequeños,
y remonto el vuelo, directo a tus labios, para robarte un beso...


Pronto hará dos años, tres meses y siete días que te fuiste, que se terminó el sueño...
Solamente me quedan algunos recuerdos fugaces, que matará el tiempo,
un par de fotos que se han marchitado, de tanto buscar en ellas
la sonrisa de tus ojos hechiceros, el fantasma de tu risa,
y el aroma a Nenuco en tu cuello...


No hay amor más hermoso, más dulce, más apetecible,
que aquél que nunca se ha vivivo, que jamás se ha realizado,
porque entonces no ha sido mancillado por la realidad...
y se convierte en el reflejo de un sueño otoñal,
en un recuerdo que te persigue entre la vigilia y el sueño...
Ama, enamorate una y mil veces, sueña, vive, arriesgate...
que nunca te puedan acusar, en el último momento,
de no haber amado lo suficiente...





miércoles, 16 de diciembre de 2009

EL MENSAJE DE LA MUSA



Los dos despertadores han roto el silencio del dormitorio, con un minuto de diferencia, y sin los cinco de prórroga, recordándome que es la hora de abandonar los sueños cotidianos, que ha llegado el momento de extirparse del abrazo de las sábanas, y posar los pies helados sobre el cálido parquet...


A tientas, guiado por la luz residual del jardín comunitario, recojo toda la ropa que preparé la noche anterior y, con una última mirada hacia la compañera de mis noches (lo que últimamente es más cierto que nunca, pues con los turnos opuestos, casi nunca estamos juntos durante el día), me dirijo al baño sin encender la luz, para comenzar con la rutina mañanera: afeitado, fregoteo bajo la ducha tibia, rociada de colonia para niños, terminar de vestirme, cualquier día saldré de casa con las zapatillas de felpa... Nota: tengo que comprarme las de pezuñas de oso, para que nuestro gato las aceche... Casi nunca desayuno en casa, pero antes de salir, compruebo que la fiera tenga comida suficiente... Hoy he cojido el coche, llevo no sé cuantos días en reserva, pero me apuntaré en la mano izquierda la palabra mágica: repostar... Tras las habituales maniobras para salir del garaje, enciendo la radio, y con la música tecno, el viaje resulta mucho más llevadero...


LLego al banquito, me pongo el uniforme, y comienzo la rutina: ronda, desayuno, correo... Todo está bien a mi alrededor, el arbol de plástico y las palmeras moribundas, las paredes revestidas de madera de la recepción, el mostrador de cristal, acero y madera que comparto con Mar, los botes llenos de mil tonterías, las notas sobre clientes, los teléfonos... y, por supuesto, las tres fotos de Bea, que me sigue sonriendo desde aquél momento perdido y a la vez fijado en el tiempo... Las cosas han cambiado, y mucho, desde entonces... todavía no sé si para mal o para bien... El canarito cavernícola me mira fijamente, igual que en el Ministerio... Todo está moderadamente bien, pero a la vez, hay algo distinto... Y no es solamente por la jaqueca que me tiene machacado desde que me cambié, ni por la certeza de otra larga mañana en el purgatorio...


Entonces, recibo el correo electrónico.


"Estimado aprendiz de escritor y de persona: si estás leyendo estas líneas, quiere decir que ya me he hartado de tí... Estoy cansada de tus fábulas crueles, donde tu mayor empeño es terminar con la Humanidad... Estoy harta de que escribas con el corazón, de una sola tacada, pero sin reflexionar lo suficiente en los argumentos... Me tienes hasta los ovarios con tus larguísimas búsquedas de información para tus historias macabras... Pero, sobre todo, me siento explotada: ¿qué te crees, que una es de piedra? ¿Que es fácil darte los materiales para que escribas una historia cada día? ¿Quién te crees que eres, Camilo José Cela? Si no eres más que un aprendiz de escritor, enganchado a la red, que defiende la originalidad de sus argumentos... cuando realmente estás muy condicionado por todos los libros que has leído en tu vida, por todas las películas que has visto, los documentales que te han gustado, las representaciones teatrales, y por supuesto, las canciones que has escuchado... Ya lo dijeron hace cientos de años los romanos: "Nihil novo sub solem", o sea, "nada nuevo bajo el sol"...

Además, me tienes trabajando sin contrato, sin seguridad social, sin vacaciones, no me pagas horas extras, ni nocturnidad, ni plus de peligrosidad... ¡Que las musas no somos de piedra, y tenemos nuestros gastos! Y para estar siempre guapas y atractivas, para seducir a los poetas despistados, a los funcionarios que se aburren en cualquier Ministerio, a los presos, a los adolecentes en las aulas, a los pacientes en los ambulatorios, tenemos que invertir un cierto capital en nosotras mismas, sobre todo en perfumes, en reflejos difusos, en breves destellos de vida en el fondo de los ojos, en ropa y accesorios... Pues aunque solo me hayas visto tres o cuatro veces, casi siempre detrás de tí, en los espejos de una habitación a oscuras, o reflejada en un escaparate desierto, tengo que vestir en consecuencia con tus gustos: el pelo, muy largo y muy negro, suave al tacto y a la vista; la piel, tersa, y tostada; los ojos, de un intenso color verde botella; el vestido, escotado y recatado a la vez como los de viudas ricas del siglo XIX; las botas negras de largo tacón e interminables lazadas; las medias de seda negras con liguero... Eres un pelín rebuscado, y te gusta lo gótico, pero en el fondo, no puedo quejarme demasiado... Pues tengo algunas compañeras musas que realmente lo pasan peor...
Pero tienes que cuidarme más, mimarme un poco, si realmente pretendes que ponga mi magia a tu servicio, tendrás que cuidarme un poco más... Déjame descansar, al menos, por la noche; y los fines de semana, por lo menos dos al mes... Declarame en la Seguridad Social, para que tenga algún lugar donde descansar... LLevame a cenar de vez en cuando a un sitio bonito... Pon música bonita cuando trabajemos por la tarde... Y acompañame en mis paseos por el Parque del Capricho... Comparte conmigo algún amanecer desde la costa... Revive mis sueños de libertad contigo... Y no te enfades si tengo celos de tu mujer, ella al menos puede acariciarte mientras duermes...
Espero tu respuesta... al filo de la medianoche... respondiendo a mi correo...
Tu musa."
Mi pobre musa, que mal se ha tenido que sentir estos últimos tiempos... Por eso, no me pienso demasiado la respuesta:
"Mi querida musa: te espero esta noche, en la hora bruja, en el salón, junto al árbol de Navidad, a la luz de las velas... Del otro lado del espejo... Tenemos que hablar, de muchas cosas, pasar un rato a solas... Por tí, volveré a la música clásica, a Shubert, a Mahler, a Chopin y a Debussy... Las vacaciones, los fines de semana y las noches, lo podemos negociar... Espero que hoy habrás descansado, porque mañana seguiremos creando historias... y destruyendo a la Humanidad... Un cordial maullido... y buena suerte..."

miércoles, 9 de diciembre de 2009

NAVIDADES NEGRAS

Como cada año, las agresivas campañas publicitarias de El Corte Inglés, y de otros grandes almacenes similares (Carrefour, Leroy Merlin, Toys´r us...) se empeñan en recordarnos que, por estas fechas, tenemos que lanzarnos a la misma orgía consumista, al mismo desenfreno, no tanto porque nos apetezca, como por no quedar mal. A muy poca gente, de la que abarrota en Madrid la calle Arenal, que se agolpa en los aledaños de Callao y de la Gran Vía, y que está dispuesta a gastarse todo lo que tiene (e incluso lo que no tiene); a muy pocas de estas personas les importa lo más mínimo lo que en teoría están celebrando: es la fiesta del consumo... Pero esto no es un cuento de Charles Dickens, aquí no voy a hablarte de tres espíritus de la Navidad... si bien es cierto que te voy a contar unas cuantas historias de Navidad...




El buitre. "Tengo hambre. Mucha. Hace días que no como. Ni bebo. No vuelo. Solamente espero. Espero un poco más. Tengo hambre. ¿Morirá pronto? ¿Por qué lucha tanto? ¿Por qué no muere? Le miran. Enfocan con un aparato extraño. Necesito comida. Es mi función. Devorar. Triturar. Desgarrar. Carne. Sangre. Vísceras. Es muy pequeño. ¿Cómo ha llegado aquí? ¿Alguien le ha traído? Da igual. Se muere. Me muero. Uno de los dos tiene que morir. Ya. LLegó el momento. No respira. Su cuerpo negro se detiene. Su corazón no late. Es mi hora. A comer. Mi pico se abre, y desgarra la tierna carne del vientre... Bebo su sangre..." (Esta foto es atemporal, se dice que el fotógrafo luego tuvo tantos remordimientos de conciencia por no haber impedido la muerte del niño, que se suicidó.)


El yonki. Un toxicómano se dirige, dando tumbos, al poblado chabolista de La Rosilla, que en teoría lleva muchos meses desmantelado, pero que en la práctica, sigue proporcionando a los habituales su dosis de caballo, o de lo que sea. Muchos yonquis han muerto por una partida en mal estado, demasiado adulterada con cualquier otra sustancia. Pero a él le da igual. Le ha dado un tirón a una abuelita al bajar del autobús, y se ha caído en mitad de la acera. Y todo por cincuenta cochinos euros. Pero a él le da igual. Celebrará las fiestas a su manera. Colocado en cualquier colchón mugriento. O muerto. A nadie le importa.


El preso. En cualquier lugar del mundo, por muy democrático que afirme ser, hay un preso "especial", uno que está condenado a la soledad, al ostracismo, a la tortura, pero nadie se acuerda de él, a nadie le importa. Si no se acuerdan de tí (compañeros de trabajo, amigos, familiares, enemigos), eres perfecto para desaparecer. Como él. Está atado sobre el somier metálico de un colchón. Cada vez que se desmaya, lo reaniman con un cubo de agua, y siguen con su macabra labor. Está amordazado con su propia corbata, y tiene uno de sus calcetines metido en la boca. Su mundo es una nada oscura e inmensa, puesto que también le han puesto una capucha negra, tal vez para que no vea a sus verdugos. Ni sabe el día que es (nochebuena), ni le importa. No hay preguntas. Solamente golpes, descargas eléctricas, le han roto los dedos de las manos, le azotan las plantas de los pies con una vara... Y además, le desean felices fiestas...


El médico. Está de guardia, lleva 36 horas sin dormir, para que una compañera pase las fiestas con sus hijos, en el Servicio de Urgencias del Hospital Universitario. La noche está siendo muy tranquila, demasiado tal vez. Todo el mundo parece estar cenando con la familia, y hasta que no pase la misa del gallo, no se pondrán en carretera, y no empezarán a llegar, solos, en parejas, o en grupos... Con un poco de suerte, serán solamente cortes, magulladuras, indigestiones... Pero también vendrán las víctimas del tráfico, peatones, conductores; intervenciones muy urgentes, en las que demasiados perderán la vida... El médico se despereza, mojandose la cara en el lavabo, tiene los ojos rojos y le tiembla un poco el pulso, pero estará bien en cuanto se tome otro café con hielo... Suena su busca... Ha llegado el primer paciente...


El cura. Una nochebuena más, se repite el mismo ritual. Personas a quienes no ha visto en todo el año, se acercarán para que les dé la forma consagrada. Católicos de una sola noche, olvidan la necesidad del sacramento de la confesión, y más todavía cuando vienen tan poco a misa. ¿Vendrá también el mismo matrimonio, ella enjoyada, con su abrigo de pieles, pero con el ojo morado que se adivina debajo de una generosa capa de maquillaje? ¿La acompañará su marido, solícito y atento en público, pero despótico en privado? Las mismas personas de siempre ayudarán con la colecta... y los mismos ricachones harán ostencación de su dinero, metiendo en la cesta un billete de quinientos... y la pobre viuda, con su billete de 20, demostrará mucho más amor, porque realmente le hace falta, y porque viene todos los días a la iglesia, para tener un poco más de calor que en su casa... Personas anónimas, celebrando uno de los días grandes de la cristiandad, en el nombre del Padre....


La puta. Como decía el gran Carlos Gardel, "sola, fané y descangallada...", así se encuentras muchas trabajadoras del sexo, compañeras ocasionales, amantes previo pago, o como quieras llamarlas, en esa noche tan especial, en la que tanta gente (menos los que hemos mencionado antes... y los que vienen después) suele tener ansias de amor, o por lo menos, de compañía. ¿Cuantos solitarios cogen el coche en Nochebuena, para buscar en cualquier polígono, un poco de placer? ¿Cuántos llaman al servicio de información (cualquiera, el que sea), porque necesitan "urgentemente" una señorita de compañía? Muchos más de lo que crees... Es uno de los trabajos más antiguos del mundo, y también uno de los más peligrosos, al margen incluso de la existencia de chulos, de traficantes de mujeres, de proxenetas... Y se merecen un respeto, pues son amigas (y amigos, no olvidemos a los travestis y a los chaperos), que nunca fallan...




El huerfano. En la casa de acogida, todos duermen. ¿Todos? No, el niño mediano, que cumple ocho años esa noche, está nervioso. En su carta, solamente ha pedido una cosa, nada más: una foto de sus padres biológicos, aunque se conformaría con una de su madre. Como él es rubio y con los ojos azules, se imagina que ella será igual. En su armario tiene una carpeta azúl de cartón con solapas, llena de fotos de mujeres y de niñas rubias, en quienes imagina a su madre y a sus hermanas, y sueña con estar con ellas alguna vez... Su madre adoptiva, que lo escucha dar vueltas y más vueltas, se pregunta cuando le podrá decir que toda su familia murió en el accidente de tráfico... Pero no será esta navidad...




El poeta. Mira la luna llena, buscando la inspiración, y reflejados en ella, ve los rasgos de su amada. "Tu pelo es oscuro como la teca, como el puente de madera de un navío de guerra. Cae, lacio, uniforme, hasta el comienzo de sus senos. Su frente, blanca, inmaculada; sus cejas, perfiladas, acompañan su boca cuando ríe... Sus ojos, inmensos, dos mundos reflejados, que miran ansiosos con hambre de conocimiento... Su nariz, pequeña, respingona, cuyas aletas parcen tener un movimiento propio al detectar cualquier perfume... Y sus labios, turgentes, del color de la granada, dejan asomar un atisbo de lengua... Sus dientes, inmaculados, que parecen haber salido de un anuncio de dentífrico..."




El parto. Nace un niño en el campo de refugiados. No hay partera, ni comadrona, ni médico, ni nada parecido. La mujer lleva veinticuatro horas esperando a ese niño sin padre, fruto de una violación. No hay medidas de seguridad en el campo, nadie se encarga de vigilar. Las mujeres intentan ir juntas a todas partes, pues en el número está su protección. No sabe qué hacer con esa criatura... Tiene dieciseis años, pero aparenta treinta. Si nace muerto, lo tirará al vertedero; y si nace vivo... bueno, ni lo quiere, ni lo desea, ni le importa...




La azafata. A quince mil metros de altura, el avión se abre paso entre la noche perpetua. Cansada tras tantas horas de vuelo, aprovecha unos minutos para sentarse en el transportín. Le duelen los pies, las piernas, a pesar del calzado cómodo y de las medias de descanso. Sus piernas y sus caderas, su blusa blanca y sus pechos opulentos, la chaquetilla azul... Repasa un momento el maquillaje, necesita un poco más de brillo en los labios, un poco más de colorete en las mejillas, perfilar de azul turquesa sus ojos... Piensa en su casa, en su gato atigrado, en su planta del dinero... Y se alegra de no estar sola aquella noche...




Navidades negras por todo el mundo. Siempre habrá personas con menos suerte que tú...Disfruta por lo tanto de cada instante, de la compañía de tu familia y de tus amigos, o de tu osito de trapo si eres como Mr. Bean... Que tus navidades no sean negras... tíñelas del color de la esperanza...


martes, 1 de diciembre de 2009

INTROSPECCIÓN CREATIVA

CUANDO EMPECÉ a escribir este blog, no me paré a pensar en su finalidad, su forma, o ni tan siquiera, en su utilidad real. Simplemente, tenía un puñado de ideas dispuestas a convertirse en relatos, sin una extensión ni una forma o género predeterminados. El primero de ellos, que al mismo tiempo es el que mejor define mis objetivos, fue "Hombres de tinta", y es posiblemente el que menos tiempo tardé en elaborar, pues muchas de las ideas en él expresadas me llevaban rondando por la cabeza bastante tiempo... Los demás han ido apareciendo, a veces uno tras otro, a veces apelotonados como los ciclistas en la meta, por lo que también he escrito varios relatos simultaneamente.
ESCRIBIR no es algo tan difícil como yo pensaba, si bien es cierto que no me planteo (de momento) una novela, ni una obra de teatro... Soy un cuenta-cuentos, nada más y nada menos... Pero recordemos que Gui de Maupassant también escribía cuentos, y no por ello dejade ser uno de los más afamados autores en lengua francesa (su obra más conocida es "Le Horlas", vale la pena recordarla o descubrirla); Edgar Alan Poe también (recordad "El gato Negro")... Es cierto, las cosas hay que hacerlas bien, por lo que procuro cuidar mucho el lenguaje, reviso los textos varias veces, pues no me gustan las faltas de ortografía, ni las abreviaturas tipo mensaje de texto... Todavía no domino el espaciado interlineal, pero es cuestión de tiempo...
LOS TEMAS son muy variados, pero sobre todo me interesan los que se relacionan con los sentimientos extremos: el amor, el odio, la ira, la tristeza, la soledad... La vida, en el Mundo Real, ya está demasiado llena de grises, de medias tintas, como para encima recrearlas en la literatura. Por eso, no escribo nunca sobre un tema que no me interesa, o que no me llena. Pues difícilmente se pueden transmitir sentimientos desde la tibieza... Todo tema que comento, antes lo he investigado en la red, o bien he acudido a fuentes diversas. No escojo deliberadamente el tema, tengo una pequeña lista donde apunto títulos y estilos, pero rara vez la consulto... Sí, me preocupa mucho la ecología, la conservación del medio ambiente, el destino, las relaciones con los animales, la supervivencia de las especies, y, por supuesto, los dos Grandes Temas: el Amor y el Odio. LLevo más de treinta y cinco años leyendo autores muy diversos, y eso se nota al final... Por eso, en algunas historias detectarás influencias de Michael Chrichton, Stephen King, Maturin, Lovecraft, Poe, Larra, Dean R. Koontz, Tagore, Sven Hassel, y muchos más...
LA FORMA que adoptan los relatos es bastante variada, algunos se convierten en poemas (con verso libre, rima asonante y estrofas similares), pero también me gustan los monólogos, los diálogos, y algunos géneros derivados del periodismo: la crónica, el reportaje, el guión radiofónico, el editorial... Me gusta experimentar, desestructurar el mensaje, o incluso escribir un relato al revés... Igual me da por contar una historia con telegramas, que describir algo con cien verbos y un pronombre... Eso sí, me aburro bastante cuando repito esquemas dentro de una historia, a no ser que formen parte del "corpus" de un relato más grande... Me atraen mucho las "precuelas" y las "secuelas", por lo que todo relato que no quede perfectamente cerrado, es susceptible, con el paso del tiempo, de ampliarse...
LAS FOTOS no son nada casuales, las escojo para ilustrar cada historia, y siempre tienen alguna relación con el texto... La mayor parte, las tomo prestadas de mil sitios que voy descubriendo por la red... Lo ideal sería que todas fueran mías, pero aunque tengo una buena colección de mis viajes, todavía no he fotografiado ninguna rata negra devorando a una persona, ni tampoco un asesino en plena faena... Muchas veces, tardo más tiempo en localizar la foto que necesito, que en escribir la historia...
¿PARA QUIÉN ESCRIBO? Hay que ser realista, escribo en primer lugar para mí mismo, para expresar pensamientos, ideas, inquietudes, sentimientos, dudas, certezas... Pero, por supuesto, también lo hago pensando en ese lector, conocido o desconocido, a quien he invitado a leer un relato, o que me ha conocido a través de un amigo suyo. Que lean una sola vez y luego no regresen más, es un riesgo que hay que correr, pues hay tantas almas en el ciberespacio, que es imposible que a todo el mundo le guste. Pero el objetivo, realmente, es que regreses otra vez, a cotillear, a leer un poco las historias que te cuenta un extraño gato con un fusil de francotirador... y que te sientas identificado con algunas de ellas... que posiblemente te enfaden otras... pero sigas leyendo... y que te decidas a dejar un comentario, esa es la recompensa de todo ciber-escritor...
Por lo tanto, ESCRIBO PARA TÍ, que en estos momentos me estás leyendo... Un cordial maullido... y hasta el próximo relato...

sábado, 14 de noviembre de 2009

Y CON ÉL MURIÓ LA PALABRA...


Luis Rodríguez Marquez (Bilbao, 1909; Madrid, 2000)
Siempre afirmaba que nació en Bilbao de casualidad, pues sus padres eran cómicos de la legua, y su parto les pilló de sorpresa entre función y función (pero más tarde, siempre usó una txapela con orgullo). Era una amplia familia, y buena parte de su infancia la pasó entre bambalinas, con sus tíos y sus primos, probándose con ellos casi todos los trajes de las funciones.


Él siempre se definía con tres palabras: comunista, republicano, y masón, prestó sus servicios en el Servicio de Inteligencia Militar del bando republicano; y fue capturado en el Puerto de Valencia, en los últimos días de la guerra, mientras esperaba, con otros muchos luchadores, aquella “cuarta carabela”, aquél barco salvador… que nunca llegó. Y allí comenzó su calvario, pues realizó la ruta por los campos de concentración del régimen de Franco: estuvo en el Campo de los Almendros, donde se comieron hasta la última brizna de hierba, la corteza de los árboles, para no morir de hambre; en la Plaza de Toros de Valencia, donde agruparon a los perdedores, y desde la cual los llevaban regularmente “a dar el paseíllo”, del que nadie volvía. Fue juzgado por sus ideas y por sus actos durante la guerra, primero lo condenaron a muerte, luego a 30 años, y al final, cumplió 7 años en las cárceles del régimen.

Pero la vida seguía, antes de la guerra, conoció a una mujer, se enamoraron, y se casaron; tuvieron una sola hija, que a los siete años tenía que hacerse cargo de su madre y de su abuela, mientras su padre estaba en la cárcel… Cuando fue liberado, Luis se puso a estudiar la carrera de Intendente Mercantil, y gracias a ello, consiguió trabajo en la Diputación Provincial de Madrid. Allí trabajó toda su vida, aunque durante muchos años, le persiguió el estigma de ser “rojo”, y posiblemente fuera un handicap para su desarrollo profesional. Su hija también se enamoró, se casó y le dio dos nietos… Cuando murió su esposa, sintió que su mundo se desmoronaba, que nada tenía sentido… pero decidió seguir viviendo por sus nietos, el que ya acunaba, y la que estaba por venir…

Estudioso incansable, cuando se jubiló, se puso a estudiar informática y programación (el famoso “Basic”); y por entrenerse, aprendió ruso, francés, italiano… Era un alma inquieta, afable, que no guardaba odio ni rencor, aunque se pasó (igual que toda la familia) la noche del 23-F pegado a la radio… y al televisor. Y también sería mentira decir que el 20-N no sintió una mezcla de emociones, al comprobar que había sobrevivido al viejo dictador.

Pero su pasión era la escritura, siempre lo fue… Por desgracia, su obra jamás ha visto la luz, y se acumula ahora en una serie de carpetas, donde conviven escritos políticos, novelas, obras de teatro, incluso una ópera y un par de zarzuelas… y poemas, decenas de poemas, en los que descargaba sus sentimientos, y hallaba algo de paz… Se presentó a numerosos certámenes, pero no ganó ninguno, entre otras cosas porque en su expediente personal aparecía siempre la acotación: “ROJO”. La única vez que estuvo a punto de publicar un libro, con los dibujos aprobados incluso por la editorial, misteriosamente pasó algo (se perdió el original, un agente se lo llevó, faltó dinero… cualquiera sabe), y jamás fueron atendidas sus peticiones… y de esto hace más de 20 años…

Nunca fue un gran viajero, pero siempre recorrió España con la familia… En dos ocasiones fue a la URSS (cuando todavía era realmente una Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), la segunda de ellas, con sus nietos y con el grupo de Amigos de la URRS, y durante este viaje, era habitual verle charlar sobre filosofía, teología, política y economía y otras materias, con un Jesuita de Pamplona… durante un largo viaje nocturno en el Transiberiano…

Amigo de sus amigos, y también de sus enemigos, frecuentaba con asiduidad el Ateneo Científico y Literario de Madrid, y no había tertulia política o literaria de cierta importancia de la que, al menos, no hubiese oído hablar. No le gustaba especialmente el cine, pero sí las exposiciones… Y, sobre todo, pasear por Madrid, por “su” Madrid. Esos largos, largos paseos, por la zona de los Austrias, la Castellana, Serrano, y el Retiro, eran lo que le mantenía en forma… Y, en verano, para ser feliz necesitaba pocas cosas: su gorra (demasiado calor para la txapela), su País, su silla plegable… y la inmensidad del mar. No pasaba nunca de las rodillas, porque nunca aprendió a nadar…


Su calidad de vida empeoró drásticamente en 1995, con el primero de una serie de problemas circulatorios y vasculares, que requirieron dos complicadísimas operaciones para devolver la vida a sus piernas. Permaneció casi cinco años encamado, atendido sobre todo por su hija y una cuidadora, aunque el resto de la familia ayudaba en lo que podía… y murió un 15 de mayo, día de San Isidro, en una ciudad desierta… Al velatorio acudieron decenas de amigos y conocidos, de muchas facciones políticas, pues por encima de todo, fue un hombre bueno…

Al día siguiente, fue incinerado, en la más estricta intimidad, y gracias a un amigo del nieto, que recorrió Madrid para encontrarla, la urna de sus cenizas reposa en el cementerio de La Almudena… envuelta en su bandera tricolor… la Republicana…


Luis Rodríguez Marquez era mi abuelo… yo soy aquel nieto que no se dormía si no era en sus brazos… que siempre acudía a él cuando le surgía algún problema… que siempre le pedía un cuento con el número tres (cuentos que él inventaba muchas veces, casi siempre sobre la marcha)… que metió en mi sangre el gusto por la escritura… y que por encima de todo, siempre fue mi mejor amigo y mi confidente… Con su muerte, dejé de escribir… y ahora, diez años después, recupero la voz.