martes, 26 de junio de 2012

ATARDECER

Lentamente, se pone el sol en el jardín de mi comunidad de vecinos... Y muy despacio, como conjuradas por la magia arcana, un grupo de chicas se han reunido para despedir al sol... Y yo las miro, preguntándome qué estarán pensando en este momento, cuando comparten los últimos rayos del sol del verano...

Y no puedo evitar pensar en otros lugares, en otros atardeceres, en los que me sentí mucho mejor, distinto... y posiblemente, menos solo que hoy... Es una de las cosas que tiene la vida del escritor: que puedes imaginar historias, no todas ellas con un final feliz, evidentemente, aunque los finales tristes, a estas alturas, ya no interesan a nadie... al menos, a mí no, que para tristezas ya tenemos la vida real... Por eso, prefiero imágenes de atardeceres idílicos, bucólicos, con el sol al fondo, el mar en calma en primer plano, y una palmera solitaria, que parte la imagen casi en dos mitades... ¿Hermosa, verdad?

Pues imagínate que, poco a poco, te voy contando su historia... La de aquél atardecer, junto a la mujer ideal, al menos para mí... Yolanda... Ya he escrito mucho sobre ella, de echo, hace pocos días he terminado la novela romántica en la que estaba trabajando... pero recuerdo aquél atardecer... Es cierto, la playa de Benalmádena no es igual de bonita que la que acompaña estas líneas... pero de todas formas, estaba ella... y paseábamos cogidos de la mano por la orilla del mar... sintiendo la caricia del agua cálida entre los dedos de los pies... Para mí, en aquél momento no había nada ni nadie más importante... y hoy en día, en este ocaso, tampoco lo hay...

Porque hay personas que se te meten, a veces sin quererlo, otras sin saber muy bien cómo sucede, muy dentro del alma... Y eso es lo que me pasó con Yolanda, desde el mismo momento en que la conocí... Tal vez en otro momento os cuente el resto de la historia... aunque si sentís la curiosidad que os pica en la punta de los dedos, os invito a leerla... La tenéis en aquellashistoriasdeamor.blogspot.com... La vida de Ismael y de Yolanda... Espero que os guste...

UNA SIESTA CON YOLANDA...


Verte otra vez, y saber que eres mía... Y que yo soy tuyo...

Tus manos acarician tu garganta, lentamente bajan por tu pecho, te acaricias como si fueras una gata, muy despacio... Y recorres perezosamente los mismos senderos que mis manos han ido trazando en tu cuerpo de   diosa... Vale, es cierto que los años no han pasado en balde, y de alguna manera los dos hemos ido cambiando durante todo este tiempo... Ya no eres la dulce adolescente de la que me enamoré desde el primer momento, aquella tarde del mes de julio de 1991... El viejo bañador de color azul turquesa que llevabas puesto hace ya mucho tiempo que lo has desechado, pero sigue ahí, guardado en mi memoria, igual que todos aquellos ratos que pasamos juntos cuando nos conocimos... Igual que todos y cada uno de los momentos que hemos ido compartiendo juntos durante estos años... De todas formas, tampoco yo soy el mismo, la vida me ha robado muchas ilusiones antiguas, pero me ha ido dando otras nuevas, casi sin darme cuenta... Y muchas de ellas siguen teniendo que ver contigo, hasta tal punto que no puedo imaginar lo que sería de mí, si tú no estuvieras conmigo, entre mis brazos, mirándome con esos ojos de gata, negros como el infierno de la ausencia...

Y yo te miro, desde el otro lado de la cama... Son los momentos especiales que casi siempre se dan después del sexo, cuando te relajas... y recuerdas... Atrás queda una de esas tardes de verano, sin demasiado calor en nuestra cama, con el aire movido perezosamente por las aspas del ventilador... Para nosotros, el mundo exterior, con sus prisas, el trabajo, los amigos, incluso la familia, hace ya mucho tiempo que ha dejado de existir... Porque juntos formamos un micro-mundo, el club más selecto, y el resto del universo hace mucho tiempo que dejó de existir...

Tu larga melena negra cae en suaves ondas a lo largo de tu espalda, y la suave brisa del ventilador parece dotarla de vida propia... Siempre me ha intrigado esa capacidad de tu pelo, ¿sabes?... Muchas veces, cuando sales al a calle en calurosas tardes de verano como ésta, lo domesticas, casi siempre en una trenza que te cae casi hasta la cintura, y así es como más me gusta verte... Como estabas antes, cuando paseábamos hacia nuestra casa, esta mañana... Llevabas un vestido ibicenco de color blanco, y las prodigiosas sandalias Cleopatra, con finas tiras de cuello anudadas casi hasta la rodilla, además de un pequeño bolso de cuero blanco, con todas esas pequeñas cosas sin las que las mujeres parece que no podéis vivir: el monedero, el móvil, la cartera, y el botecito de vaselina con sabor a frutas del bosque que tanto me gusta sentir en los labios cuando te beso, además de un pequeño cepillo y un coletero de repuesto... Estabas realmente preciosa durante nuestro paseo... y así te lo he dicho... "Yolanda, hoy estás incluso más hermosa que ayer..." Y tú te has reído, por lo bajito, y luego me has dicho "será que tú me miras con buenos ojos..." y te has parado un momento, cogiéndome la mano muy suavemente, y me has besado...

Hemos llegado a nuestra casa a la hora de comer, hoy tocaba comer ligero, un par de lonchas de salmón fresco, ensalada de lechuga y tomate, y de postre, helado de chocolate, del que tanto nos gusta, amargo pero con un chorrito de leche condensada... Hemos comido en silencio, en nuestra mesa de la cocina, con su lámpara estilo "bistró" francés, con el mantel a cuadros rojos y blancos, ese que tanto le gusta a nuestro gato negro, mientras veíamos la televisión (las noticias de la dos)... Y después, mientras tú preparabas la cafetera de café descafeinado, yo he fregado los platos...

Luego, nos hemos lavado los dientes, y te he acompañado a la habitación, para dormir la siesta... Aunque mientras tú te quitabas el vestido ibicenco para ponerte más cómoda, yo tenía otras ideas en la mente... Además, ¿quién puede pensar solamente en dormir la siesta, cuando está delante de una de las mujeres más bellas del planeta... que además por casualidad resulta que es mi mujer?

Por eso, mientras tú te quitabas el vestido desanudando los lazos de los hombros, yo me he acercado muy despacio hasta ti... te he abrazado por detrás muy suavemente, enlazando tus caderas... y te he besado, levemente, en el cuello... Entonces, te has girado un poco... has abierto un poco tu boca... y me has besado en los labios... Y el mundo ha dejado de tener importancia para los dos... Después han llegado las caricias... Nos hemos seguido abrazando, y besando, con ternura, y hemos terminado el descenso sobre la blanda y blanca superficie de nuestra cama... Entre alguna que otra risa, has conseguido quitarme el resto de la ropa, "es injusto que yo esté solamente con el tanga y el sujetador, y tú todavía estés vestido, ¿no te parece?"... Pero tus hábiles manos han tardado muy poco en compensar la diferencia...

Y allí estábamos los dos, solos, recostados en nuestro campo de batalla preferido, acariciándonos suavemente, sintiendo piel contra piel el tacto de nuestros dedos, trazando perezosos arabescos sobre la piel del otro, y besándonos... Nuestros cuerpos se buscaban, bajo la suave brisa del ventilador... y nos hemos encontrado en nuestro campo de batalla favorito, realizando el ritual más sagrado posible entre dos personas que se aman (sin importar el género): hacer el amor...

Luego, abrazados, nos hemos tapado un poco con la sábana... te has quedado dormida, desnuda, entre mis brazos... Mientras yo te miraba dormir... Estás tan hermosa como en mis mejores sueños, tienes la piel levemente bronceada (gracias a las tardes que hemos pasado en la piscina, y a nuestros paseos vespertinos), y me gusta recorrerla levemente con la mirada, recordando la topografía de tu cuerpo de diosa adolescente, en parte velado por la sábana blanca...

Hace unos minutos, te has despertado, me has dado un beso, y has empezado con el lento ritual del acicalamiento... y tus manos han empezado a recorrer tu larga melena negra... Y han bajado lentamente por tu cuello de garza, mientras yo te acariciaba con la mirada...

Y he pensado que mi mundo era perfecto... Puesto que tú estabas en él...

UNO DE ESOS DÍAS...

Cómo se retoma el hilo de toda una vida... Cómo seguir adelante, cuando en tu corazón empiezas a entender que no hay regreso posible, que hay cosas que el tiempo no puede enmendar: aquellas que hieren muy dentro, que dejan cicatriz... Muchas veces, demasiadas desde mi separación y posterior divorcio, me he planteado estas preguntas... pero sigo sin encontrar una respuesta satisfactoria... Y sin embargo, sigo adelante con mi vida, algunos días más extraños que otros, pero en todo caso, contagiados por la soledad de la casa vacía, y por demasiados recuerdos de buenos momentos que pasaron para ya no volver...

Las cosas no son ni tan fáciles como las cuentan los manuales de autoayuda o los amigos bienintencionados, ni tan complicadas como parecen en un primer momento. Lo que más me costaba era combatir el silencio, pues mi gato es un ser bastante callado, y en cualquier caso mucho menos conversador que mi mujer. Los dos últimos años de relación, al trabajar en turnos contrapuestos, tampoco puede decirse que hablase mucho con mi "ex", y me enganché a "Los 40 principales", "Kiss FM" y "Máxima FM" para escuchar de vez en cuando una voz humana entre canción y canción... También me ha dado por escuchar viejos CD´s de "Pink Floyd", "Mecano", "Hombres G" y distintos recopilatorios que he ido encontrando por las estanterías de mi casa, algunos de ellos todavía sin abrir...

Y cuando necesito provisiones, nada mejor que ir al mercado que está cerca de casa, o al socorrido chino... Porque a veces, no tienes ganas de hablar con la gente, ni siquiera con el amable pescadero que te pregunta si te gustaron los filetes de emperador que te llevaste hace dos días... Ni mucho menos con el pollero, que te  comenta que tiene huevos de corral en oferta... Por eso, prefieres el relativo anonimato del Mercadona, donde puedes pasear a gusto entre multitud de estantes llenos de cosas que realmente no necesitas... pero que decoran mucho...

Hay días mejores que otros, en los que te levantas con energías para comerte el mundo, dispuesto a aprovechar bien las vacaciones... Este año, por cierto, no hay playa, no podré reanudar mi compromiso con el mar, ni sumergirme lentamente entre un lecho de olas y de sentimientos... Y lo añoro mucho... Pero no me ha quedado más remedio que permanecer en Madrid, la ciudad de mis sueños rotos, pero al mismo tiempo de mis esperanzas...

Estoy empezando a moverme en las procelosas aguas de las editoriales y de los agentes literarios, para ver si consigo publicar mi novela romántica, y también la antología de relatos de terror que terminé de editar hace varias semanas... De momento, he recibido algunas respuestas, sé que están leyendo y valorando mi trabajo, y eso me hace sentir extraño; por una parte me hace mucha ilusión el compartir con un lector anónimo está sumergiéndose en mis mundos de pesadilla, llenos de humor negro, pero al mismo tiempo de la expresión de múltiples miedos (a la soledad, a los fantasmas, a los asesinos despiadados, a los acontecimientos paranormales... todos ellos nacidos de mi imaginación en días y noches como estos...); pero por otra me siento examinado a través de mis palabras...

Palabras, siempre palabras... Supongo que esa es la parte interesante de ser un blogger: el compartir con los demás, aunque sea al otro extremo de la pantalla los "hijos" de mi mente... Sigo escribiendo, pero mucho menos que antes... Será que ahora me interesa más publicar que escribir, porque tengo material para formar varios libros más: uno de relatos cortos amorosos, otro de historias de terror, y también otro de cuentos, además de un cuarto de historias un poco extrañas pero con un alto contenido de humor, aunque sea muy negro...

Pero hoy es uno de esos días en los que me apetece estar en casa... Y pensar en el futuro, aunque de momento no lo tenga demasiado claro... Y, por supuesto, recordar algunas cosas que merece la pena ser recordadas: antiguos amores, momentos de felicidad pura junto a la mujer que amé (y que sigo amando) más de veinte años después de conocerla... Sí, pienso en ella, Yolanda, mi musa, hacia quien van dirigidas casi todas mis poesías de amor, y muchos de mis relatos del mismo signo...

Hoy es uno de esos días en los que me apetece recordar... sentimientos... sensaciones... esperanzas... y sueños... para evadirme un poco de la grisura de un hermoso día de verano... en el que el pasado parece mucho más interesante que el presente... y pensar en sus brazos, en sus labios, en sus ojos negros y en su melena azabache... Mi Yolanda... que me acompaña desde aquél lugar extraño... en el que todo es posible...


lunes, 18 de junio de 2012

ANOCHE SOÑÉ QUE MORÍA...

Anoche soñé que moría, no una, sino mil veces, y lo más extraño de todo, fue que no me importaba, pues siempre encontraba una forma de justificar la muerte que me acechaba y me poseía...

¿Piensas que es morboso, o extraño, o enfermizo, el soñar con la muerte, sobre todo con la tuya? Bien, pues yo creo que es mucho peor la alternativa, el soñar con la vida, en vez de vivirla completamente.

Anoche soñé con la muerte, con su faz descarnada, acechando por encima de mi hombro, sigilosa, o bien con hundir la mirada en sus cuencas vacías...Y lo más curioso, lo más extraño, fue que casi siempre representó una liberación extrema, vencido el miedo... entre tantas y tantas muertes, recuerdo sobre todo tres de ellas, tal vez cuatro, que se han quedado grabadas en mi memoria y en mi alma...

Si la gente supiera en verdad cómo se vive la muerte, y cómo se termina la vida, no tendría tanto miedo...

El anciano se da la vuelta en la cama de su residencia, está solo, y recuerda mil cosas de su otra vida, donde era esposo, y padre, y abuelo; mas ahora, ya no es nada, pues la incluso la memoria le abandona por momentos, por ello no se extraña demasiado, cuando en el ángulo de su cuarto aparece su madre, y le sonríe dulcemente...

Entre los hierros retorcidos de lo que antes era un coche, en el fondo del terraplén, una chica, conductora novata, observa el cielo, con los ojos abiertos, las pupilas dilatadas, mientras sobre su pecho se extiende una marcha carmesí, que parece casi negra a la luz de las estrellas... Noche oscura, sin dolor, sin luna, en el que la muerte se acerca a ella, con la forma de un gato negro que, dulcemente, ronronea, y mientras ella piensa en la fiesta, le va sorbiendo la vida...

Dos amantes, agobiados por las presiones del entorno, por la familia, que jamás aprobará su relación, por los amigos, que realmente tampoco lo comprenden... ni lo aprueban... y tal vez incluso por ellos mismos, por la educación recibida, por tantos prejuicios, por el maldito "qué dirán si se enteran"... Triste relación amorosa, sepultada bajo el peso de la convención, vivida en la oscuridad, que termina con la pareja, con las muñecas rajadas, en una bañera de sangre... y la muerte es el alma del otro...

Pues la muerte, misericordiosa, suele adoptar el aspecto de alguien amado, de alguien conocido, de alguna cosa o persona especial... Ya sea como madre, como gato negro, o como amante, o novia, o novio... se puede aparece al final de la vida como algo tranquilizador, en cierto modo, es un regalo de un Dios cruel, que nos condena a vivir una sola vez...

Y a saber que no hay "más allá", ni tampoco un "más acá", pues solo tenemos una vida, y nada más, algunos años sobre la Tierra, después la muerte, y luego la nada...

Anoche soñé que moría... y en mi sueño, acompañé a la Parca, para hacer su ronda trágica, por mil vidas... Y fui padre, madre, hermana, hijo, hija, nieto, profesor, comandante, amante, enfermera, cirujano, bombero, gato, perro, "avatar azul", incluso rana, vaca, o pez globo... Que mil vidas dan para mucho simbolismo...

Para mí, la muerte se presentó como una joven princesa sin corona, "Acompáñame, me dijo, pues incluso yo necesito compañía..." Por eso me ves, en el último minuto de tu vida... Ven y sígueme...



NECESITO SER LIBRE... PARA OLVIDARTE...

Lo siento, pero no puedo seguir amándote, mi niña... necesito un poco de libertad, incluso, para llorarte...

Dejaré atrás tus besos, con olor a canela y azahar, el tacto de tus labios cuando rozas mi mejilla, caprichosa,
y te empeñas en que los pruebe otra vez antes de marchar... Ya no me sumergiré más en tus ojos profundos, marrones, a veces claros, a veces negros, buscando en ellos mi reflejo, mas encontrando la perdición, incluso, de mi propia alma...

Y tus mejillas, sedoso campo de sueños por donde corren salvajes, tus lágrimas, que una vez probadas, te hechizan... Tu pelo ya no rozará más tu cuello, ni el mío, al besarte, y no oleré más la extraña mezcla de pícara inocencia...  ¿Por qué todo huele mejor cuando amas a alguien?

¿Qué puedo decir de tu nariz, pequeña y desafiante? ¿O de tu cuello, largo y grácil? ¡Demasiadas veces he querido, lo reconozco, morderlo, buscando tu sangre! Y lo hice... No, no quiero seguir enumerando partes de tu cuerpo, pues, en el fondo, todas ellas forman un conjunto armonioso, único, aquella amalgama de células y vacíos, que eres tú...

No tiene mucho sentido hablar de tus pechos, perfectos, que se adaptan a mis manos, y las colman de calor... Ni de tus manos, tan exquisitamente fuertes, y suaves... que descubren lentamente extraños recovecos de mi cuerpo... O tus piernas, largas, hermosas, que se enlazan con las mías, formando un extraño cepo de amor, un candado aterciopelado...

Pero hoy necesito olvidarte, pues en el fondo, me he perdido... En algún lugar del camino que hemos recorrido juntos, he dejado aparcados demasiados sueños, ideales, inquietudes, por dártelo todo, me he perdido a mí mismo, y necesito volver...

A soñar... A sentir... A vivir... A luchar por sueños locos... A caminar bajo el sol del atardecer... A leer bajo las sábanas... A emocionarme con una rosa, aterciopelada, que nace... Pues solamente si consigo encontrarme de nuevo a mí mismo, podré volver a amarte... Devuélveme, aunque sea, la mitad, de mi corazón, y de mi alma, para seguir viviendo...

Que yo te los entregaré, de nuevo, cuando esté completo...

LIBERANDO SENTIMIENTOS

Avanzo, por el desierto de los sentimientos aniquilados en la vieja lucha entre el "quiero" y el "no puedo"... y noto que se me escapa, entre las manos, como el agua fría, o como la sangre que mana, inconsolable, de una arteria... La esencia misma de todo lo real pierde todo su escaso sentido, y tropiezo... con las mismas trampas que me han acechado, y al levantarme, me rebelo, y lanzo un silencioso grito de rabia en medio de la nada... y escribo sus ecos...

Demasiadas veces en esta vida me he arrepentido de haber cambiado labios por mejillas en el último momento; de las palabras que no he susurrado dulcemente al oído; de los abrazos de oso que no he compartido, sintiéndote; de las miradas que he detenido muy pronto, demasiado, sin llegar a mi objetivo; de los muchos sentimientos que no he expresado, algunos de ellos por inadecuados, otros por miedo... De las caricias, dulces, tiernas, que siempre he reprimido; y de los recuerdos, hermosos, que he suprimido...

Dicen que hacerse mayor consiste en eso, precisamente, en adaptarte a los convencionalismos, y defenderlos; en que te cueste más decidirte a soñar, y luchar por ello; en olvidar cuando te enamorabas de una mirada, sonora; de un gesto o de un recuerdo o de un ideal, y entonces sentías... demasiadas cosas para meterlas en una sola persona, pues la vida tiene que ser mucho más tranquila, eso dicen, que tus pasiones de la infancia y tus metas y tus recuerdos...

Es lo que espera de ti la sagrada sociedad de consumo, si eres hombre, que te controles, que domines tus instintos, que seas monógamo, fiel, endogámico, equilibrado, tranquilo, que equilibres tus pasiones secretas y tus vicios públicos, y que luches por tu pequeño lugar bajo la sombrilla...

Y si eres mujer, en teoría, es todo más sencillo, menos control, pues tienes más libertad para sentir, para amar, para decidir, para arriesgarte, para equivocarte incluso, y buscar tu lugar...

Pero a veces, notas que no puedes más, que vas a estallar, que tu corazón es demasiado grande, para estar tan limitado, que incluso habiendo encontrado tu "media mandarina", sigues necesitando algo más, para sentirte, no sé, ¿vivo?

Y eres como el genio recién salido de la botella, que crece, se estira, se reconoce, se palpa, libre pero encadenado... Y aunque eres moderadamente feliz con tu pareja, buscas, y encuentras, con suerte, algo parecido al equilibrio...

Son mil pequeños trucos, que te ayudan a sentirte bien, estos son algunos de ellos: salir con las amigas/os... ir al cine, a una exposición, a pasear por un parque, apuntarte y acudir a un gimnasio, hacer fotos, escuchar música, conducir, soñar, leer, dormir... Y muchos más, cada uno que escoja el que prefiera... Menos el gimnasio, yo los uso todos, y alguno más, que ahora comparto contigo: crear historias...

No te conformes, por lo tanto, con lo que se espera de ti, arriésgate también a ser un poco más libre, más auténtico, busca dentro o fuera de ti lo que te llena de verdad, sea lo que sea, mientras no perjudiques a nadie ni a ti... Reserva por lo tanto parcelas de tiempo y espacio, para ser feliz... Y que eso te compense de todo lo demás, de la rutina, de la monotonía, de los pequeños sacrificios, y también de los grandes, que ellos sean el antídoto para la grisura de tu vida...

sábado, 16 de junio de 2012

LOS SÓTANOS DEL ALMA

Cansado de tanto vivir, de soñar con algún futuro, cualquiera, pero que supere a pasado y presente, tan obsesionado con el mañana, es posible que te estés negando la felicidad del "hoy", del "ahora". Tener la impresión de merecer algo más, siempre, de ser mejor que el resto, superior, de valer más, puede no ser más inteligente que el otro extremo, el de pensar que ni tú ni tu vida tenéis sentido...

La felicidad absoluta, para empezar, creo que no existe... pues cuanto más se tiene, más se quiere... y tampoco es deseable, pues quien consigue todo, al final, nada valora, ni aprecia, ni quiere...

Y por eso, algunas veces tienes que descender, desde tu propio autoconcepto, desde tu imagen, esa que tan bien sabes vender a los demás, hasta los sótanos de tu alma, y buscarte...  Muchas veces, por no decir siempre, es un viaje duro, amargo, que te lleva a replantearte toda tu vida, tus certezas, tus creencias, y tus sueños... y muchos de tus terrores... y de tus miedos ancestrales...

En aquél espacio secreto, olvidado de tu corazón y de tu mente, habitan todas las penas, las culpas, los deseos reprimidos, los expresados, y sobre todo, las dudas, los actos fallidos, los arrepentimientos... No es algo cómodo, pues el descenso a lo más oscuro es algo que siempre deja una huella en tu alma, un cambio que tal vez los demás no pueden ver, pero tú conoces, pues te quema por dentro...

El tiempo no tiene sentido cuando buceas en tu alma, cinco minutos parecen horas, y éstas, son siglos.... no es una tarea sencilla, pues la verdad, "tu" verdad puede estar en la sombra de la mentira del espejismo... Y siempre corres el riesgo de no encontrar lo que buscabas, sino lo que realmente deseas, alguna verdad que de repente ilumina toda tu vida, y la enfoca, y la cambia, y la altera, incluso tus células lo saben...

Y regresas a la vida desde los sótanos del alma, y de ti depende aprovechar o no lo que encuentres, alterar o no tu vida, pues lo cierto es que en estos viajes puedes descubrir demasiadas verdades... Al volver, te sientes como un niño, que todo lo ve de nuevo, y lloras, y ríes, y sientes, y sueñas, y decides, y propones, y te emocionas, y al final, solamente sabes una cosa: que no quieres volver...

Atrévete, pues, a recorrer el camino del infierno, a buscar tu reflejo en los espejos del "yo", a escuchar la tormenta de voces y los fantasmas del pasado... y tal vez, descubrirás "tu" verdad...

EN LOS DÍAS GRISES

En los días grises, se desenfoca el alma, y vives, como si fueras otro, y tú simplemente, miraras...

Extraña sensación de irrealidad la que me embarga, entre nubes de cansancio físico, anímico, moral, te deslizas por la periferia de los sentidos, y ansías, sobre todo, disponer de tu propio espacio y tiempo, para gastarlos como mejor te parezca, desde luego, pero sobre todo, lejos de la diaria farsa, del "quiero", del "debo", del "no me dejan", del "no puedo"... Aunque al final puedan contigo las convenciones, reclamas tu parcela de libertad bajo el sol y la lluvia...

En los días grises, se reaviva la brasa casi extinta del ansia de libertad, de nuevos horizontes, se me despiertan los sentidos, y solo deseo volar... o al menos cambiar de aires unas horas, disfrutar la caricia del viento, del sol, en la piel, en la cara, caminar sin rumbo por el inmenso parque, y sentir, cada diferencia del suelo, asfalto, tierra, grava...

Mas a cada paso que das, te persiguen la nostalgia, el recuerdo de la ausencia... y también la esperanza... Porque al final de aquél sendero o tras aquella loma, se encuentra lo que siempre viniste a buscar, un prado,
hierba fresca, un lago, una fuente, y te detienes, a contemplar aquella combinación de elementos, Tierra, hierba, agua, cielo, nubes, árboles, gente, olores, texturas, sabores... Al final comprendes tu necesidad: romper con la rutina, y ser libre...

En el fondo, los días grises, no son tan malos, porque valoro más el tenerte a mi lado...



TU TRISTEZA

Tu tristeza me desarma, rompe todas mis barreras, y pretende que afloren mis lágrimas... Mas consigo dominarme, pues no necesitas que llore contigo, sino que te abrace, te acompañe, te apoye, pero solamente en lo que pueda... Me considero tu amigo, recuérdalo bien, soy muy bueno escuchando, siempre trato de conseguir tu sonrisa...

Esta mañana, ni siquiera lo intento, en su lugar, te doy un buen trozo de rollo de cocina.

Siempre es doloroso que la muerte te pille en tierra extraña, en territorio hostil, y más aún el estar sola... Me hubiera gustado hacer más por ti, pero casi siempre que veo llorar a alguien, sea hombre o mujer, me paralizo... Pues recuerdo perfectamente lo que se siente al perder un abuelo, un padre, un ser querido, esa brutal impotencia ante la muerte, ese llanto por los difuntos, las interminables colas para dar el pésame, y presentar sus respetos...

¿Solamente quienes hemos perdido a alguien conocemos la verdad? ¿Es necesario enfrentarte directamente a la muerte, para admitir que lo que realmente necesitamos, es que nos dejen a solas, con nuestro dolor? Tantos pésames de personas a las que apenas conoces, el interminable desfile de los dolientes, aquél olor a muerte reconcentrada en el tanatorio, el pestazo de las flores marchitándose, la cera derretida de las velas... El agobio de tantas voces, tantos cuerpos, tanta gente, algunos de ellos parece que van de excursión, con la cabra y los churumbeles, otros hablan por el móvil, no falta jamás el niño con la consola, y en medio de todo eso, te preguntas "¿Qué demonios estoy haciendo aquí?"

Parece que todo el mundo solamente se acuerda del muerto, de sus hazañas, sus vivencias, sus anécdotas...  ¿Pero quién, de verdad, se acuerda y piensa en los vivos? ¿Quién se acerca, con una taza de café humeante, y palabras de consuelo?

Nadie, ni siquiera el sacerdote... Me hubiera gustado poder estar con vosotras, llevaros el colacao, el café, el té o el chocolate, acompañaros, quizás incluso arrancar una sonrisa, mas no ha sido posible, amiga mía, mas desde la distancia, os envío todo mi cariño... Pero el mal tiempo pasará, amiga mía, volverá el brillo alegre a tus ojos, iluminarás el mundo con tu sonrisa, y las rosas florecerán a tu paso... y yo seré inmensamente feliz al verlo...

EL VACÍO TRAS EL DISFRAZ.

Una fábula rellena de metáforas y preñada de mentiras… Un conjunto de profecías que se autocumplen periódicamente… Un sueño soñado por otra persona en medio de su pesadilla… Mil y un disfraces amontonados, fusionados, en torno a un vacío… La ficción de ser padre, hijo, esposo, hermano, confidente, caballero de roñosa armadura, defensor de causas perdidas, adalid de los pobres y los necesitados, humanos y animales… Mas en el fondo, profundamente cansado de tantas luchas…

Y todo va bien, mientras la tensión va subiendo, inexorable. Y la presión de intentar ser todo lo que el mundo exige de ti, un buen día, es demasiado fuerte, y estallas, durante unas horas de soledad, te buscas frenéticamente, y en cierto modo, casi puede decirse que te encuentras… Y como en un sueño, o en una pesadilla lúcida y terrible, das un salto de fe, hacia los abismos de tu propio yo, imaginando, sintiendo, padeciendo, lo que podría haber sido tu vida, tu otra vida…

En pocas horas, en torno a dos crisis que en cierto modo te cambian, la primera derivada del dolor, contenido a base de pensar, de hablar, de imaginar; la segunda, hija de la soledad y la tristeza, con zarcillos y retazos de la noche enroscándose en los tobillos, y con un grito de ansia y de libertad pugnando por salir de lo más profundo de tu garganta, de tu mente y de tu alma, pues en aquellos ratos de lucidez extrema y desprovista de oropeles y de verdades absolutas, descubres el gran engaño…

Y llevas unos cuantos días haciendo frente a tu mayor enemigo, que te quita el sueño muchas veces, y te altera el ánimo con su repugnante sonido: el teléfono… ese asesino de sueños… No solo eso, sino que lo tienes que usar demasiado a menudo… Terminas distinguiendo la soledad voluntaria del olvido, regresas a lo básico de la vida, a lo primordial, la respiración, para combatir el pánico… y, a tus ojos, cometes el mayor de todos los pecados capitales: reconocer que necesitas ayuda…

Durante toda la jornada, más o menos mantienes el tipo, incluso sales a la calle, haces un par de compras, coges el metro, dando gracias en cierto modo por la eficacia de los disfraces, de los símbolos y señales que tan cómodo te hacen sentir, procuras, como animal acorralado, evitar el contacto visual directo en el Metro, usando el MP-4 y el libro como barreras, mas al mismo tiempo si perder el mínimo detalle de todo lo que te rodea, de la gente, del ruido, del espacio, del olor…

La eficacia de un disfraz, de una envoltura, de un posicionamiento vital, depende de como tú creas que lo es… y al mismo tiempo, cuanto más y mejor refleje tu estado de ánimo… del momento… No tiene sentido recubrirte de algo que no pega con tu ser, y menos si lo que necesitas es que te dejen tranquilo, solo, pasar desapercibido… pero siempre es mejor pertenecer a la tribu de los lobos, que al grupo de corderos, siempre... Mejor cazador que presa, pues el animal humano huele el miedo...

Si necesitas seguridad en ti, muestrate un poco agresivo… Bien con los colores de tu ropa, tu estilo, la mirada o el aura… Y logras sobrevivir a aquellas horas amargas y necesarias de presunta sinceridad... y te imaginas que otra vida es posible, en cualquier "pueblo con mar" como diría Sabina, en una ciudad de provincias, si es posible, del levante, incluso trabajando en lo mismo, en la protectora seguridad del uniforme marrón... Mas pudiendo cumplir cada noche, o cada tarde, o mañana, con el ansiado ritual de pasear por la orilla, viendo su fuerza oliendo su inmensidad, sintiéndote pequeño frente a su poder...

Mas despiertas de estas ensoñaciones de otra vida, quizás mejor, cuando miras a tu alrededor, los colores de tu casa, tu hogar, los mil y un detalles que conformar tu pequeño mundo privado, cosas materiales que has ido acumulando y te hacen sentir mejor, y sobre todo recuerdas que no estás solo en esta vida... está ella... Que no todo es tan fácil como parece... y una vez más, cedes... Y te contentas con ser plenamente libre tan solo en mundos de tinta, y regresar, todos los años, a cualquier costa, a rendir culto al mar...