viernes, 5 de febrero de 2010

LOS HIJOS DE VON ÜTER (2): LOS "CULINEGROS"


En algún lugar de Escocia, abril de 1942.


Querido diario: aunque mis enemigos, múltiples y merecidos, sin duda estarían encantados de hablarte sobre la dudosa naturaleza de mis esfuerzos por mejorar a toda costa la raza aria, promoviendo incluso a ciertos "untermensh" a la categoría de "ubermensh", de sobra sabes que soy una persona sensible, preocupada por el mantenimiento del orden, de la voluntad del Gran Arquitecto, y por el bien de mi Patria en general.... sin importar cuál sea exactamente... y en estos momentos, estoy descubriendo un creciente interés por la cultura inglesa, mas no por su gastronomía... No es que en Alemania tengamos una alimentación mucho más sana, ¡pero al menos, sabemos cocinar!... Y tenemos la mejor cerveza del mundo... Mataría, ahora mismo, a cualquiera, por una de aquellas jarras de cerveza, y una ración de salchichas con chucruta, de las que tomábamos en la Oktoberfest...



Han pasado ya tres largos meses desde aquél complicadísimo rescate en alta mar, cuando surgiendo aparentemente de ninguna parte, un submarino italiano de casi setenta metros de largo se alzó desde las profundidades... ¡Cuánto habrían cambiado las cosas, de haber sido alemán! Recuerdo perfectamente la torreta, coronada por el periscopio, de color negro.... el agua chorreando desde ambos lados de la cubierta... y sobre todo, el sonido de las escotillas al ser abiertas, mientras que unos veinte hombres, pertrechados con uniformes negros nada reglamentarios, nos encañonaban a todo el grupo, mientras nosotros seguíamos en el agua... Pero si curioso fue el encuentro en medio del Canal de la Mancha, más lo fue todavía el enterarme del motivo de una inmersión no programada: mis veinte hijos pródigos habían estado nadando de una manera tan perfectamente sincronizada, golpeando el agua con tanta fuerza, desde el primer momento, que en el sonar daba la impresión de haberse vuelto loco... o de haber detectado un nuevo tipo de motor de un submarino alemán, potencialmente tan difícil de rastrear por medios convencionales, que ni siquiera generaba los habituales sonidos de cavitación... Por ello, se sintieron tan decepcionados, cuando por mucho que registraban el horizonte, no encontraban ninguna huella de aquél misterioso motor...




La segunda gran sorpresa del día fue el comprobar que todos los tripulantes eran ingleses, pues el submarido Delfino, modelo Squalo, había sido capturado hace varios meses, y los británicos lo estaban utilizando para labores de vigilancia por el Mediterraneo... Era una misión arriesgadísima, puesto que oficialmente, ni tan siquiera existían para los demás barcos de la Royal Navy... La cara del capitán Burns y de su segundo de a bordo, el teniente Montgomery, era un auténtico poema, cuando mis hijos, incluyendo el que me había estado transportando sobre su espalda durante más de veinte millas, o el que transportaba, cuidadosamente preservado del agua, el fruto de mis investigaciones científicas, se alzaron casi dos metros sobre el agua, con una simple batida de las piernas, para caer, en perfecta formación defensiva, sobre la cubierta... La situación, potencialmente catastrófica, pues todo el mundo sabe que los ingleses son de gatillo fácil, fue magistralmente manejada por el coronel John Smith, quien se presentó de la siguiente manera:






"¡Coronel John Smith, señor! ¡De los Highlanders de la Reina Victoria, señor! Recién evadidos del campo de prisioneros de (censurado), con veinte compañeros... y un científico nazi. ¡A sus órdenes, señor!", y concluyó su presentación con un taconazo tan fuerte, tan impecablemente repetido por sus adláteres, que el sonido reverberó incluso sobre la vibración del motor del submarino...






"Descansen, caballeros... Y aconpañenme al interior de mi submarino, el Benvenuto Cellini, donde les prepararemos un excelente "grog", y nuestro cocinero sin duda estará encantado de demostrar sus talentos culinarios ante un público más agradecido...." Y uniendo el dicho al hecho, el capitán Montgomery y el teniente Burns les indicaron el camino, por lo que fuimos caminando lentamente hacia la escotilla de babor... entre las miradas ligeramente suspicaces de los soldados, que habían presenciado la forma, tan poco ortodoxa, en que los recién llegados habían secado su ropa entre nubes de vapor, elevando su temperatura corporal... mientras que yo seguía teniendo el aspecto de una gallinácea empapada, por lo que agradecí inmensamente cuando el sobrecargo me facilitó uno de aquellos uniformes negros que tanto habían llamado mi atención cuando abordamos el submarino...


Mi presencia no dejaba de ser algo incómoda, pues no era fácil admitir que un científico nazi como yo, en primer lugar hablase correctamente el inglés por un lado, y por otro, que se viera involucrado completamente en una misión de capital importancia... Sentados alrededor de la mesa del comedor, y con humeantes tazas de "grog"para entrar un poco más en calor, el capitán Montgomery nos explicó a grandes rasgos las características de su misión: evaluar las potenciales rutas de ataque, para destruir los convoys de suministros nazis e italianos, y al mismo tiempo intentar apoderarse de otros submarinos, alemanes e italianos, que al parecer se ocultaban en los alrededores de Marsella... Sin quererlo, teníamos la oportunidad de participar en una misión secreta, que gozaba de prioridad absoluta, puesto que el silencio no de radio no debía ser roto hasta el pleno cumplimiento... En cierto modo, la Royal Navy nos acababa de reclutar... por tiempo indefinido...


A pesar de las reducidas dimensiones del submarino, y del incremento de la tripulación en otros veintiún miembros, la sana costumbre de la marina inglesa de llevar siempre una abundante provisión de "coys" en las bodegas por si empeoraba el tiempo (¿cómo va a empeorar el tiempo, debajo del agua?) nos ha permitido instalarnos con relativa comodidad: algunos de ellos en la cámara de los torpedos, y otros en el comedor, lo que no tardaría en ocasionar algunos problemas, si la situación se prolongaba demasiado... El auténtico problema era... el papel higiénico... Por lo que al cabo de varios días, empezamos a utilizar las hojas del "Times" como improvisado y rasposo sustituto, que además dejaba una huella sospechosa, y en poco tiempo apareció un nuevo mote para la tripulación del Benvenuto Cellini: los "culinegros"...


Con la primera semana de travesía ya terminada, la vida se organizaba alrededor de las pequeñas parcelas de intimidad que proporcionaba la navegación nocturna... Aunque fuera solamente para subir a cubierta, y respirar el aire puro y fresco, con algunos ocasionales rastros de albahaca, y de hierbas, mientras seguíamos la costa... Nuestra misión, localizar una base secreta de submarinos italianos en suelo francés, no parecía demasiado complicada en principio... pero aquella zona de la costa estaba llena de canales, lagunas, o simples pasajes lacustres, que debíamos mirar uno por uno, pues el Almirantazgo lo consideraba una misión, repito, de capital importancia... Curiosamente, la misma abundancia de escondites redundaba en nuestro beneficio, puesto que también nos proporcionaba lugares seguros en los que pasar el día, generalmente en el fondo de uno de los canales profundos que habíamos recorrido la noche anterior, y con la ayuda de unas redes especiales de camuflaje, eramos prácticamente indetectables desde el aire... En cierta ocasión, a falta de tiempo suficiente, optamos por hundir el sumbarino hasta el fondo en una superficie arenosa, al pie de un acantilado... pero el propio oleaje nos hizo desistir de repetir la experiencia...


Con la mitad de la tripulación durmiendo de día, y la otra de noche, al final no era tan incómoda la convivencia... aunque las primeras noches no nos permitieron ayudar en las tareas, pues temían que nuestro estado físico no fuera el más adecuado... ¿Cómo explicas que un grupo de 20 personas no tuviera nunca necesidad de dormir más de diez minutos por noche? ¿Que saliéramos a la cubierta en camiseta, cuando todos los demás estaban abrigados? ¿O que O´Bannon pudiera levantar a pulso, ¡y con una sola mano! un torpedo que se había salido de su compartimento, por culpa del cabeceo del Benvenuto Cellini tras un golpe de mar?

La excepcional fuerza de mis "hijos", sus reflejos, la dureza de sus músculos y su instinto combativo, sin embargo, no eran demasiado apreciadas por el conjunto de la tripulación, y me consta que hasta el capitán Montgomery empezaba a arrepentirse de no habernos ametrallado la primera noche... aunque me pregunto cuál habría sido el desenlace de la lucha... Culminando la segunda semana de travesía, y francamente aburridos de verse excluídos sistemáticamente de todas las operaciones de reconocimiento, sucedió lo inevitable: el conflicto con los comandos de Burns... Una noche, con el motor a toda marcha, John Smith se lanzó desde la torreta al mar... y en pocos minutos, había adelantado al submarino... y esperaba a los comandos, que realizaban el desembarco con las lanchas negras, cómodamente sentado sobre una roca, mientras su cuerpo humeaba por el vapor... John nunca nos quiso contar nada de lo que hizo con los comandos en su primera misión extraoficial... pero empezaron a correr rumores sobre su capital importancia, a la hora de "persuadir cordialmente" al sacristán de una pequeña iglesia de que les dejase utilizar el campanario para revisar desde las alturas el entramado de marismas que se extendía detrás del edificio... También se comentaba que la "persuasión" consistió en lanzarle al aire varias veces, prácticamente hasta que rozó la aguja del campanario, mientras le comentaba que "sería una pena que una persona tan colaboradora se estrellase contra el suelo, por informar a las autoridades de nuestra visita..." ¡Y la aguja de la veleta estaba a más de treinta metros del suelo! De esta manera tan poco ortodoxa, empezó a cuajarse la mezcla, de amigos circunstanciales... Unidos todos ellos por el orgullo de ser los culos más negros de la Royal Navy...




A partir de ese momento, el capitán Montgomery empezó a tomarnos un poco más en serio, y a tratar, sobre todo, de conocernos un poco mejor, si bien el objetivo de este acercamiento no era otro que el de obtener de nosotros, al menos, cierto rendimiento... Por eso, sugurió la posbilidad de utilizar comandos mixtos, mezclando sus hombres con mis "hijos", para algunas de las misisones de reconocimiento potencialmente más peligrosas: el "Étang de Leucate"... Después de tanto tiempo recorriendo la zona, y con ciertos problemas con los víveres, derivados de nuestra persencia a bordo, nos quedaba solamente por exporar aquella extensa laguna salada, que ocupaba una superficie de catorce kilómetros de largo por seis y medio de ancho, y con una densidad de población bastante baja, lo que seguramente favorecería el establecimiento de una base como la que teníamos que localizar... La laguna, además, se comunicaba con el mar a través de una serie de canales, pero nos centraríamos en el único cuya anchura permitiría asegurar el paso de un submarino como el nuestro... Su escasa profundidad, según nuestros datos de poco más de cuatro metros con la marea alta, era posiblemente el mayor inconveniente... pero la existencia de abundante arbolado implicaba también una mayor facilidad para ocultar los hangares de los submarinos, o incluso para camuflar estos cubículos en estructuras de aspecto más anodino...


"Señores míos, nos informó el capitán Montgomery, esta noche mandaremos una patrulla, para que explore los aledaños de la laguna, sobre todo, el "Grau des Conchyliculteurs", que aparentemente es la única vía de acceso navegable, puesto que el "Grau Saint-Ange" suele estar cegado por la acumulación de arena y limo... Por lo tanto, la avanzadilla la formarán los señores Bunnyan, nuestro mejor tirador, y Rodrigues, de la Navy. Dispondrán de una hora para efectuar el reconocimiento del terreno, y deberán comunicarse con nosotros desde la costa, usando una linterna sorda, si consiguen localizar la base. La operación comenzará dentro de veinte minutos, a las veintidós hora zulú... El resto de la tripulación tiene por lo tanto el mismo tiempo, para preparar todos los pertrechos necesarios y descansar unos minutos..."
Veinte minutos más tarde, los dos comandos desembarcaron y, utilizando una de las lanchas neumáticas pequeñas, pronto se perdieron en la oscuridad... Y no pude evitar cierta inquietud, al pensar que era la primera vez que una de mis "creaciones" tomaba parte en una acción encubierta desde que entró en el campo de Argèles-sur-Mer... Sobre todo, porque debería adaptarse a un soldado "normal", y controlar el que estaba demostrando ser uno de los efectos secundarios más preocupantes de mi "tratamiento": el aumento del nivel de agresividad...


No hay comentarios:

Publicar un comentario