jueves, 29 de mayo de 2014

DIECIOCHO DIAS, UNA VIDA

Veintiuno de agosto… Hoy ha muerto, entre mis brazos, tal y como debía ser… Su cuerpo estaba consumido por el tiempo, sus huesos eran frágiles, pero la última vez que me miró, con sus ojos grises, relucientes, parecía que el tiempo había dejado de tener importancia… Vivir una vida entera en dieciocho días no es algo al alcance de todos los mortales, pero claro está, él no era un ser humano como los demás… Ni tan siquiera era humano, pero por amor a los hombres, decidió compartir una vida entera, a mi lado… Siempre le echaré de menos… Hoy me apetece recordar cómo fue nuestra historia, recurriendo a mi diario…

Uno de agosto… Por fin he llegado al lugar de mis sueños, perfecto para pasar unas vacaciones tranquilas, y olvidarme del mundo… ¿Qué más se puede pedir? Una cala de arenas blancas, aislada en una isla paradisiaca… Un pequeño bungaló, con cocina americana, una cama de sábanas blancas, un baño coqueto y bien equipado, y un buen surtido de libros, para leer perezosamente recostada en la hamaca, suspendida entre dos palmeras… Ha sido relativamente caro, pero vale la pena el esfuerzo…

Dos de agosto… Han aparecido dos turistas en moto en mi cala… No me molesta un poco de compañía de vez en cuando, soy una persona sociable por naturaleza… Pero en cierto modo, he sentido que la magia del lugar había disminuido algunos niveles… Por suerte, se han marchado a media tarde… Volveré a quedarme sola, para disfrutar la puesta de sol…

Tres de agosto… Hoy me ha pasado una cosa de lo más curiosa: ha aparecido un niño en mi playa… Parecía tan feliz, jugando entre las olas, corriendo detrás de ellas, sin miedo a mojarse, disfrutando como sólo los niños saben hacerlo… Por la tarde, me ha parecido verle de nuevo… Pero no podía ser el mismo niño: el de la mañana era poco más que un bebé, y el de la tarde debería tener sus buenos cinco años, aunque claro está, nunca se me ha dado demasiado bien calcular la edad de los niños, y tampoco he tenido un gran espíritu maternal… Pero lo más curioso ha sido que por la tarde, mientras recogía la toalla y sacudía la arena, se ha acercado a mí, y me ha dicho: “Me gustas”… Tiene el pelo rubio, los ojos grises veteados de verde, la nariz pequeña y perfectamente formada, la barbilla firme, es bastante alto, y su piel está muy bronceada… Me ha llamado la atención su forma de mirarme, como si pudiera mirar el fondo de mi alma, y me he estremecido bajo su mirada… No he sabido qué responderle, cuando antes de marcharse caminando al borde del mar hacia la otra punta de la cala, me ha dicho: “¡Hasta mañana!”.

Cuatro de agosto… Esta mañana, mientras estaba tomando el sol, me ha pasado algo curioso… Ha vuelto a aparecer en la playa el mismo niño… ¿El mismo niño? No es posible: el de ayer no tendría más de cinco años, y el de esta mañana no podía tener menos de diez… Pero ha repetido las mismas palabras: “Me gustas mucho… ¿puedo sentarme a tu lado?” Estábamos solos en la cala desierta, no había nadie a la vista, y le he hecho un huequecito en la toalla… Nos hemos quedado allí, mirando el mar en calma durante un par de horas, dejándonos acariciar por el sol, por la brisa del mar… No recuerdo bien de qué hemos hablado, porque, de todas formas, ¿de qué se puede hablar con un niño pequeño, por espabilado que sea? Le he preguntado si iba al colegio, me ha respondido que todavía no, que sus padres preferían que estudiara en casa… También me ha dicho que no tenía muchos amigos de su edad, porque en el fondo no le interesaban demasiado: “Es una edad demasiado complicada…” De alguna forma, me he sentido intimidada por la forma en que me miraba mientras nos bañábamos (¿qué se puede hacer en una cala desierta, aparte de bañarse, leer y jugar entre las olas?)… De su mochila azul ha sacado un bocata, un bote de refresco y un libro, “El Principito”, que yo leí hace muchos años… Nos hemos despedido con un beso en la mejilla (sus ojos son realmente impresionantes), y hemos quedado en vernos al día siguiente… ¿Dónde vive? ¿Dónde están sus padres? Los de la agencia me han asegurado que no había ninguna otra casa en muchos kilómetros a la redonda… Se ha ido caminando por la playa, hacia las rocas…

Cinco de agosto… Hoy ha vuelto a presentarse en la cala, pero es imposible que fuera el mismo niño: parece que tenga ya quince años, se ha convertido en un adolescente desgarbado, como si le costase adaptarse a su cuerpo… Es alto, y está bien proporcionado, puro músculo… Y sin embargo, sus ojos, su sonrisa, no engañan… Se ha sentado de nuevo a mi lado (esta vez se ha traído su propia toalla, y me ha mirado fijamente a los ojos… No puede ser el mismo niño que vino a verme los dos días interiores… ¿Verdad? Y sin embargo, juraría que es el mismo niño… Yo estaba durmiendo tranquilamente sobre la arena, al cabo de un rato, he abierto los ojos, y allí estaba él, mirándome, y sonriendo… Entonces ha hablado: “¿Sorprendida? Sé que para vosotros debe ser extraño ver el paso del tiempo…” Me he asustado un poco, juraría que en sus ojos había una nota de deseo… A ver, estoy acostumbrada a que los hombres, incluso los adolescentes, me miren así: aunque tengo treinta años, me conservo bien: soy una mujer alta (con mi metro setenta y cinco), peso poco más de cincuenta kilos, tengo los brazos y piernas largas, mis pechos están bien formados, tengo el cuello largo, ojos verdes, labios turgentes (¿esa es la palabra?), y una melena larga y negra… Ha seguido hablando, mirándome fijamente a los ojos: “Me llamo Galadriel, y me gustaría pasar mi vida contigo…” Y curiosamente, parecía decirlo en serio… “¿Toda la vida? Pero si apenas nos conocemos…” “Toda la vida…” Ya anochecía cuando nos hemos despedido… ¿Me estaré volviendo loca? ¿Cómo es posible que ayer fuera solamente un niño, y hoy ya sea un adolescente? ¿Y mañana qué, será ya un adulto? Y sin embargo, esta noche, mientras cenaba envuelta en mi albornoz blanco, me he preguntado si no sería todo un sueño…

Seis de agosto… Galadriel ha vuelto a la playa a las once de la mañana, convertido en un adolescente de unos veinte años… hemos hablado un largo rato, y se ha desvelado en buena parte el misterio… “No soy como tú, Sofía… No soy exactamente un ser humano, sino un ser de luz, que por amor hacia ti ha adoptado un cuerpo mortal… ¿Me crees?” Y, aunque parezca mentira, le he creído… “Soy tu ángel de la guarda, o al menos, así nos conocéis… Llevo observándote, velando por ti, desde tu nacimiento… Cuidándote, acompañándote en tus sueños… Pero con todo este tiempo juntos, necesitaba más, estar a tu lado, besarte, acariciarte, sentirte… ¿Me sigues creyendo?” Y le he creído, pero también le he hecho una pregunta, mientras hablábamos tumbados en la arena: “¿Por qué? ¿Por qué yo?” “Los seres de luz somos inmortales, cuando nace un niño, nos asignan su custodia… Y tú fuiste mi misión, desde tus primeros momentos en la Tierra… Llevo a tu lado treinta años, pero no podía soportar más tiempo lejos de ti… Por eso pedí el cambio… aunque su precio es muy elevado…” “¿Qué sois?”, le pregunté… “Somos criaturas de energía, nacidas de la mente del Creador en el inicio de los tiempos… Somos custodios, de vez en cuando podemos intervenir en la vida de nuestros protegidos, ayudándoles, dándoles ideas, para que alcancen la felicidad en la medida de nuestras posibilidades… No, no somos todo poderosos, y también tenemos enemigos… Y frustraciones…” “¿Cómo cuales?”, le pregunto… “Que nunca conoceremos la vida ni la muerte, nunca envejecemos, nunca amamos, nunca sentimos… Pero incluso, para eso, hay un remedio, si estamos dispuestos a pagar el precio…” A estas alturas de la conversación, yo estaba preocupándome seriamente por su cordura, y por la mía, de paso… Pero era más mi ansia de saber… “¿Cuál ha sido tu sacrificio, y tu recompensa?” “He pedido, y se me ha concedido, el vivir como un ser humano… Pero cada día pasado en la Tierra, a tu lado, equivale a un periodo de cinco años en la vida de un hombre… Durante ese periodo de tiempo, podré vivir como un humano, evolucionar, cambiar de aspecto, envejecer, disfrutar de los cinco sentidos, comer, beber, dormir, amar… Al vigésimo día, correspondiente a los cien años, que es más o menos la máxima edad de un humano, moriré y desapareceré… Pero ha valido la pena, por estar a tu lado…” Sentí que mis creencias se tambaleaban: ante mí tenía la prueba de lo que me estaba contando, porque en estos cuatro días había alcanzado el desarrollo correspondiente a un adolescente (extremadamente hermoso, por cierto, fiel reflejo de mis gustos)… “¿Y si yo te decepciono?”, le dije… “No me decepcionarás… Llevo toda tu vida observándote, protegiéndote… Acompañándote en los buenos y malos momentos… Aunque por encima de todo, está tu libertad de aceptarme o no, tal y como soy, por lo que soy…Si me dejas, seguiré a tu lado, hasta el final de mi vida mortal… Y si tu deseo es que desaparezca, lo haré, vagaré por esta hermosa isla hasta que llegue mi hora… Y a pesar de todo, seré feliz por cada minuto que he pasado a tu lado… Voy a darme un paseo por la playa, a nadar un rato, y cuando regrese junto a ti, me darás una respuesta…” Una vez dichas estas palabras, se levantó, no sin antes darme un beso en la mejilla, y se alejó paseando por la playa… Volvió al cabo de una hora, le vi venir nadando (¡Parecía un Dios!), y agacharse junto a mí… Solo fui capaz de decirle una palabra: “Sí”… Y de esa manera quedaron sellados nuestros destinos… Pasamos el resto de la mañana tumbados en la playa, dimos un par de paseos, nos bañamos, y le invité a comer a casa… Por la tarde, seguimos hablando, de muchas cosas (su curiosidad es infinita)… Me sentía bien a su lado, mejor que con cualquier otro hombre… Al caer la tarde, cuando el sol empezaba a ocultarse en el mar, cediendo a un impulso, le besé en los labios… Él me respondió, con dulzura y pasión creciente…

Siete de agosto… Hemos pasado la noche juntos, haciendo el amor… Ahora duerme a mi lado, mientras el sol se desliza sobre las sábanas… Para ser tan ¿joven?, ha resultado un amante excelente, tierno, considerado… Sabía perfectamente como complacerme, conocía todos y cada uno de mis puntos erógenos… ¿Me habrá estado observando mientras hacía el amor con otros hombres? Es lo más posible, a fin de cuentas su misión es protegerme… Pero algunas de las cosas que hemos hecho las habrá aprendido seguramente de Mathilde e Isabel, mis dos amantes de la universidad, a quienes no veo hace tantos años… Ya se está despertando… Esos ojos grises… Esos labios… ¿Le apetecerá seguir donde lo dejamos anoche?

Ocho de agosto… Pasamos el resto del día de ayer en la cama, en la ducha, sobre el sofá… Nuestros cuerpos, nuestras almas, se buscaban, se devoraban… Después de un desayuno tardío, nos fuimos a dar un paseo por la playa, nos bañamos bajo el ardiente sol, completamente desnudos (¡bendita depilación laser!), y volvimos a la casa… a la cama… Hoy ya tiene el aspecto de un joven de veinticinco años… Vamos a coger la moto de gran cilindrada que alquilé al llegar a Formentera, y nos vamos a dar un paseo por la isla, porque temo que se aburra siempre a mi lado…

Nueve de agosto… Hoy cumple treinta años… El paseo por la isla fue una gran idea, y Galadriel disfrutó muchísimo el paseo… Todo le llama la atención, todo es nuevo para él… Salvo mi cuerpo, que conoce en todos sus recovecos… Hoy hemos descansado en la playa… Me ha pedido prestado uno de mis libros (siempre viajo con un buen surtido, porque tantos días de sol y playa, sin hacer nada y lejos de la rutina, a veces me aburren un poco), y hemos pasado buena parte de la tarde leyendo en las hamacas del porche… Es un lector voraz, inquieto, inteligente: ha valido la pena la experiencia… Aprovechando su curiosidad, mañana cogeremos el transbordador para ir por la tarde a Ibiza… Nos vendrá bien un pequeño cambio… Aunque nunca tenemos tiempo de aburrirnos…

Diez de agosto… Esta mañana, mientras él dormía para recuperarse de los excesos de la noche (por muy ser de luz que sea, le sienta un poco mal el Lambrusco…), he cogido la moto para ir a la pastelería del pueblo, y comprar una tarta y treinta y cinco velitas… Me sabía mal que no celebrara su cumpleaños… Y también le he llevado un regalo, el último libro de Stephen King… Le he despertado con un beso… Nos hemos comido la tarta (bueno, entera no, solo dos porciones generosas, y el resto lo hemos guardado en la nevera), y tras una pequeña ración de sexo (¡es insaciable en la cama!), nos hemos vestido para nuestra excursión a Ibiza…Se ha mareado un poco en el barco, y hemos pasado el día recorriendo la isla en un coche alquilado… Ha disfrutado mucho… No le he dejado conducir, aunque insistía en que sabía hacerlo (“poseo todos los conocimientos de un hombre de mi edad”, me dijo con una gran sonrisa…), y nos hemos ido a ver atardecer al famoso bar… Hemos pasado toda la noche de fiesta, de discoteca en discoteca, de bar en bar… ¡Es una máquina bailando! Justo lo que yo necesitaba después de tanto relax… Y hemos vuelto a Formentera con el primer ferry…

Once de agosto… Nos hemos levantado muy tarde… Tarde de relax, de tomar el sol y leer en la playa, y de ver anochecer sentados en el porche… Hoy cumple cuarenta años, y se empieza a notar el paso del tiempo… Sigue siendo hermoso como un Dios… ¿Cómo será a los cincuenta? Mañana lo sabré…

Doce de agosto… ¿Es cierto lo que estamos viviendo? ¿Es todo real? ¿Estará siendo feliz conmigo? No paro de pensar en el sacrificio que ha hecho, por estar a mi lado, de una abogada madrileña criminalista… De alguien de quien afirma estar enamorado toda mi vida… Pero todas las preguntas se han desvanecido, en cuanto ha abierto los ojos, esos increíbles ojos grises, y nos hemos besado… Por la tarde hemos ido a dar otra vuelta en moto por la isla, y hemos cenado en un pequeño restaurante… Galadriel se agarraba con fuerza a mi cuerpo en el viaje de regreso… ¿Será que con la edad se está volviendo más responsable?

Trece de agosto… Día de relax… Cincuenta y cinco años, y aunque no los aparenta (como mucho, cuarenta y cinco bien llevados), ya no es tan fogoso en la cama… Es paciente, busca darme el máximo placer, y lo consigue… ¡Vaya si lo consigue! Nunca pensé que estaría saliendo con un hombre tan mayor… ¡Mayor! ¡Pero si nació hace diez días! Por la tarde, nos hemos quedado en casa, leyendo, y hablando… Sobre el bien y el mal… “El bien y el mal, existen desde el principio de los tiempos… No puede existir un Bien Absoluto sin un Mal Absoluto… Y del mismo modo que existen las criaturas de la Luz, existen las Oscuras… El campo de batalla es la Tierra, y el premio, las almas de los hombres…” Sobre la vida y la muerte: “La vida y la muerte no existen… todo lo que tenemos es el aquí, el ahora… La muerte no es el final, es más, puede ser el principio… Existe la reencarnación… Pero también la Perfección… Cuando un alma llega al final de su camino, ya sea en una o varias vidas, puede optar por unirse al Creador, a la Luz… Pero como también existe el Mal, puede escoger unirse a la Oscuridad, fundirse en ella…” ¿Yo que seré?

Catorce de agosto… Sesenta años… Ya empieza a tener las primeras canas, algunas arrugas en la comisura de los ojos y de los labios… Su cuerpo sigue estando firme, pero se nota el paso del tiempo… Hoy nos han mirado un poco raro en el restaurante (uno distinto al de ayer, porque sería muy difícil justificar los cambios en su aspecto), como si pensasen “Fíjate en el viejo, está al lado de un pibón… ¿Qué le dará, aparte de dinero y caprichos?” Sienta un poco mal que te miren como si fueras una puta… Pero Galadriel me ha mirado, como diciéndome: “Tranquila, ellos no saben nada…” y hemos seguido cenando tranquilamente…

Quince de agosto… Por más que intente disimularlo, se le notan las marcas de la edad… Está durmiendo a mi lado, apenas cubierto por la sábana (anoche hicimos el amor de nuevo, con la misma pasión, con la misma ansiedad, la misma rabia que treinta años antes), nunca le ha gustado madrugar, los años van dejando su huella en un cuerpo hace poco tiempo tan perfecto… Hoy pasaremos el día en la playa, leyendo, y hablando… Sigo estando locamente enamorada de él (¿dejaré de estarlo alguna vez?), y lo estaré más allá de su muerte… Ha sido, es, mi alfa y mi omega, mi amigo, mi amante, mi compañero…

Dieciséis de agosto… Esta mañana, a primera hora, he ido a la agencia de alquiler, para devolver la moto y alquilar un cochecito…A Galadriel le apetecía hacer turismo por la isla, descubrirla con tranquilidad, y ya no está para montar en moto… Ha sido un día curioso, hemos visitado algunas pequeñas localidades de interés turístico, visitado el Museo Etnológico, comido en un pequeño restaurante encantador… Parecíamos un padre y una hija, como todo el mundo… Un padre y una hija, no dos amantes… Antes de volver a casa, hemos parado en el mercado: para cenar, ensalada de tomate con atún, y tortilla francesa con queso y finas hierbas… Luego, a disfrutar del atardecer, un rato de lectura, y a la cama…

Diecisiete de agosto… Ochenta y cinco años… Muy bien llevados, es cierto, pero con algunas limitaciones… Hemos dado una vuelta por la otra zona de la isla, descubriendo pequeñas poblaciones… La comida, en un restaurante típico, ha sido maravillosa… Volver a casa a media tarde, y después de la siesta, leer tranquilamente, dar un paseo por la playa, una cena ligera… Nos hemos quedado un rato mirando las llamas de la chimenea… Esa complicidad de viejos enamorados… Porque sigo estando enamorada de él, a pesar del tiempo… “¿Me sigues amando?”, me preguntó Galadriel… “Sí, más que a mi vida…”, le respondí… Y es cierto… Sobre todo teniendo en cuenta el sacrificio que él ha hecho por estar a mi lado…

Dieciocho de agosto… Hoy le ha costado levantarse de la cama… El tiempo empieza a hacer estragos… Pero en sus ojos sigo notando el mismo brillo, la misma intensidad, y su sonrisa hace que me derrita… Se conserva bien, a pesar de todo… Nos hemos subido al cochecillo, para terminar de ver el interior de la isla, y hemos comido al borde del mar… Siempre tenemos cuidado de no repetir dos veces el mismo sitio, sería muy complicado explicarle a alguien los cambios en su cuerpo, pero al ser una isla tan pequeña… Creo que un camarero me ha reconocido, le habremos visto en otro sitio hace días… pero ha sido una mirada fugaz… Hemos pasado la tarde sentados al borde del mar, ha insistido en darse un último baño… Mi querido Galadriel…

Diecinueve de agosto… Noventa y cinco años… Ver envejecer de esa manera a alguien que lo ha dado todo por mí es tan doloroso… No quiero que me vea llorar, y por eso he ido a dar un paseo por la paya al amanecer… Le queda ya tan poco tiempo de vida… Con un poco de ayuda, se ha levantado de la cama, y nos hemos quedado un ratito en el porche, leyendo, hablando de todo un poco… “¿Tienes miedo al día de mañana?”, me preguntó… El día de mañana… El último que pasaremos juntos en esta tierra “No debes tenerlo, Sofía… Ha sido mi elección, vivir, envejecer, a tu lado, y no me arrepiento de nada… No llores, que me vas a hacer llorar a mí… Y prefiero mirarte… Grabarte a fuego en mi alma…” Me he acercado a él, y le he besado en los labios, hundiéndome en sus ojos grises…

Veinte de agosto… Hoy es su último día de vida, y lo hemos pasado juntos, hablando, paseando lentamente por la playa… Es como perder de nuevo a mi abuelo, estoy triste, pero no quiero que se me note… “No estés triste”, me dice, con un hilo de voz, mientras paseamos al borde del mar y las olas cabrillean a nuestros pies… “He cumplido mi sueño, he estado a tu lado… He conocido el amor, el sexo, la comida, la bebida… He disfrutado plenamente, de los cinco sentidos, algo que no había experimentado durante mi vida inmortal… Y mañana retornaré ante el Creador, con la satisfacción de un sueño cumplido: una vida a tu lado… No estés triste, Sofía… Celebra la vida… Vívela intensamente… Y acuérdate de vez en cuando de mí… Que yo, esté donde esté, te seguiré amando…”

Veintiuno de agosto… Hoy ha muerto entre mis brazos… ¿Ha muerto? No lo sé… Porque apenas se han cerrado sus ojos, en cuanto ha exhalado su último aliento, ha desaparecido ante mis ojos… Se ha esfumado… Como si nunca hubiera existido, como si estos dieciocho días fueran solamente un sueño… Primero sus facciones se han vuelto más difusas… Y luego ha desaparecido…

Pero siempre me quedará un recuerdo, de un ser especial, mágico, que ha hecho que dejara de tenerle miedo a la vida, a la muerte, al tiempo, a la nada…

Me quedará su hijo, que noto crecer en mis entrañas… Siempre he sido muy regular en la menstruación, hace ya varios días que tendría que haberme bajado… ¿Me habré quedado embarazada de un ser de luz, que se volvió carne y sangre, por amor?


Así lo espero…

martes, 21 de agosto de 2012

HASTA LA VISTA...

Supongo que es un momento que tenía que llegar, tarde o temprano...

Porque ya ha pasado casi un mes desde que escribí la última entrada... Porque se me han secado los ríos de tintas que fluían desde mis manos hasta el teclado... O quizás porque la vida, y la realidad, su aliada más cabrona, han acabado por vencerme...

Pero creo que es el momento de tomarme un descanso en los mundos de tinta...

Que éste sea temporal o definitivo, es algo que tampoco puedo controlar...

Simplemente, no encuentro las palabras, ni las ilusiones, para seguir escribiendo...

Solo quería agradecerte a ti, querido lector constante... y a ti también, que has llegado a leer estas líneas más o menos por casualidad... Por haber estado allí, al otro lado del monitor, compartiendo conmigo tantos buenos y malos momentos...

Gracias... y hasta la vista...

miércoles, 4 de julio de 2012

MUJER EN LA PLAYA

Una hermosa mujer, tumbada sobre la arena fresca, a la orilla del mar... Y al mirarla, no puedo evitar preguntarme cómo ha llegado hasta allí... Y tratar de imaginar su historia...

Es cierto, hay fotos que te hacen pensar que otros presentes son posibles, y por qué no, te hacen soñar... con otros momentos... al borde del mar... y poco importa que sean reales o imaginados, lo que cuenta es cómo te hacen sentir...

El mar siempre ha representado para mí la libertad absoluta... pero también me da un poco de miedo... Es cierto, sé nadar bastante bien, y tengo bastante resistencia... pero lo que más añoro es el olor del agua, esa mezcla de aire fresco y de sal... y el sol... añoro sentir el sol sobre la piel, sobre mis tatuajes... Al final, tendré que escaparme, aunque sea un fin de semana, a mi amado Mediterráneo...

Por eso, esta foto me hace soñar... Con un futuro que todavía no ha llegado... y con momentos de un pasado lejano en el tiempo, pero cercano en el corazón... Me hace pensar en ella, en mi Yolanda, en la tarde que pasamos juntos en Benalmádena... en la cena que compartimos en un restaurante italiano de Málaga... y en la noche en la que le hice la foto subida al murete del puerto deportivo... son buenos recuerdos...

Pero al mismo tiempo, es una declaración de intenciones... porque quiero volver a vivir buenos momentos en la orilla del mar...quiero estar con ella... y reírme de tantas cosas que ahora me parecen tan importantes... de la soledad... de la tristeza...

Porque aquella playa con la que sueño está allí, al alcance de la mano... Solamente tengo que llegar, de nuevo... y luchar durante todo el camino, para conseguirlo... Ese es mi objetivo...

martes, 26 de junio de 2012

ATARDECER

Lentamente, se pone el sol en el jardín de mi comunidad de vecinos... Y muy despacio, como conjuradas por la magia arcana, un grupo de chicas se han reunido para despedir al sol... Y yo las miro, preguntándome qué estarán pensando en este momento, cuando comparten los últimos rayos del sol del verano...

Y no puedo evitar pensar en otros lugares, en otros atardeceres, en los que me sentí mucho mejor, distinto... y posiblemente, menos solo que hoy... Es una de las cosas que tiene la vida del escritor: que puedes imaginar historias, no todas ellas con un final feliz, evidentemente, aunque los finales tristes, a estas alturas, ya no interesan a nadie... al menos, a mí no, que para tristezas ya tenemos la vida real... Por eso, prefiero imágenes de atardeceres idílicos, bucólicos, con el sol al fondo, el mar en calma en primer plano, y una palmera solitaria, que parte la imagen casi en dos mitades... ¿Hermosa, verdad?

Pues imagínate que, poco a poco, te voy contando su historia... La de aquél atardecer, junto a la mujer ideal, al menos para mí... Yolanda... Ya he escrito mucho sobre ella, de echo, hace pocos días he terminado la novela romántica en la que estaba trabajando... pero recuerdo aquél atardecer... Es cierto, la playa de Benalmádena no es igual de bonita que la que acompaña estas líneas... pero de todas formas, estaba ella... y paseábamos cogidos de la mano por la orilla del mar... sintiendo la caricia del agua cálida entre los dedos de los pies... Para mí, en aquél momento no había nada ni nadie más importante... y hoy en día, en este ocaso, tampoco lo hay...

Porque hay personas que se te meten, a veces sin quererlo, otras sin saber muy bien cómo sucede, muy dentro del alma... Y eso es lo que me pasó con Yolanda, desde el mismo momento en que la conocí... Tal vez en otro momento os cuente el resto de la historia... aunque si sentís la curiosidad que os pica en la punta de los dedos, os invito a leerla... La tenéis en aquellashistoriasdeamor.blogspot.com... La vida de Ismael y de Yolanda... Espero que os guste...

UNA SIESTA CON YOLANDA...


Verte otra vez, y saber que eres mía... Y que yo soy tuyo...

Tus manos acarician tu garganta, lentamente bajan por tu pecho, te acaricias como si fueras una gata, muy despacio... Y recorres perezosamente los mismos senderos que mis manos han ido trazando en tu cuerpo de   diosa... Vale, es cierto que los años no han pasado en balde, y de alguna manera los dos hemos ido cambiando durante todo este tiempo... Ya no eres la dulce adolescente de la que me enamoré desde el primer momento, aquella tarde del mes de julio de 1991... El viejo bañador de color azul turquesa que llevabas puesto hace ya mucho tiempo que lo has desechado, pero sigue ahí, guardado en mi memoria, igual que todos aquellos ratos que pasamos juntos cuando nos conocimos... Igual que todos y cada uno de los momentos que hemos ido compartiendo juntos durante estos años... De todas formas, tampoco yo soy el mismo, la vida me ha robado muchas ilusiones antiguas, pero me ha ido dando otras nuevas, casi sin darme cuenta... Y muchas de ellas siguen teniendo que ver contigo, hasta tal punto que no puedo imaginar lo que sería de mí, si tú no estuvieras conmigo, entre mis brazos, mirándome con esos ojos de gata, negros como el infierno de la ausencia...

Y yo te miro, desde el otro lado de la cama... Son los momentos especiales que casi siempre se dan después del sexo, cuando te relajas... y recuerdas... Atrás queda una de esas tardes de verano, sin demasiado calor en nuestra cama, con el aire movido perezosamente por las aspas del ventilador... Para nosotros, el mundo exterior, con sus prisas, el trabajo, los amigos, incluso la familia, hace ya mucho tiempo que ha dejado de existir... Porque juntos formamos un micro-mundo, el club más selecto, y el resto del universo hace mucho tiempo que dejó de existir...

Tu larga melena negra cae en suaves ondas a lo largo de tu espalda, y la suave brisa del ventilador parece dotarla de vida propia... Siempre me ha intrigado esa capacidad de tu pelo, ¿sabes?... Muchas veces, cuando sales al a calle en calurosas tardes de verano como ésta, lo domesticas, casi siempre en una trenza que te cae casi hasta la cintura, y así es como más me gusta verte... Como estabas antes, cuando paseábamos hacia nuestra casa, esta mañana... Llevabas un vestido ibicenco de color blanco, y las prodigiosas sandalias Cleopatra, con finas tiras de cuello anudadas casi hasta la rodilla, además de un pequeño bolso de cuero blanco, con todas esas pequeñas cosas sin las que las mujeres parece que no podéis vivir: el monedero, el móvil, la cartera, y el botecito de vaselina con sabor a frutas del bosque que tanto me gusta sentir en los labios cuando te beso, además de un pequeño cepillo y un coletero de repuesto... Estabas realmente preciosa durante nuestro paseo... y así te lo he dicho... "Yolanda, hoy estás incluso más hermosa que ayer..." Y tú te has reído, por lo bajito, y luego me has dicho "será que tú me miras con buenos ojos..." y te has parado un momento, cogiéndome la mano muy suavemente, y me has besado...

Hemos llegado a nuestra casa a la hora de comer, hoy tocaba comer ligero, un par de lonchas de salmón fresco, ensalada de lechuga y tomate, y de postre, helado de chocolate, del que tanto nos gusta, amargo pero con un chorrito de leche condensada... Hemos comido en silencio, en nuestra mesa de la cocina, con su lámpara estilo "bistró" francés, con el mantel a cuadros rojos y blancos, ese que tanto le gusta a nuestro gato negro, mientras veíamos la televisión (las noticias de la dos)... Y después, mientras tú preparabas la cafetera de café descafeinado, yo he fregado los platos...

Luego, nos hemos lavado los dientes, y te he acompañado a la habitación, para dormir la siesta... Aunque mientras tú te quitabas el vestido ibicenco para ponerte más cómoda, yo tenía otras ideas en la mente... Además, ¿quién puede pensar solamente en dormir la siesta, cuando está delante de una de las mujeres más bellas del planeta... que además por casualidad resulta que es mi mujer?

Por eso, mientras tú te quitabas el vestido desanudando los lazos de los hombros, yo me he acercado muy despacio hasta ti... te he abrazado por detrás muy suavemente, enlazando tus caderas... y te he besado, levemente, en el cuello... Entonces, te has girado un poco... has abierto un poco tu boca... y me has besado en los labios... Y el mundo ha dejado de tener importancia para los dos... Después han llegado las caricias... Nos hemos seguido abrazando, y besando, con ternura, y hemos terminado el descenso sobre la blanda y blanca superficie de nuestra cama... Entre alguna que otra risa, has conseguido quitarme el resto de la ropa, "es injusto que yo esté solamente con el tanga y el sujetador, y tú todavía estés vestido, ¿no te parece?"... Pero tus hábiles manos han tardado muy poco en compensar la diferencia...

Y allí estábamos los dos, solos, recostados en nuestro campo de batalla preferido, acariciándonos suavemente, sintiendo piel contra piel el tacto de nuestros dedos, trazando perezosos arabescos sobre la piel del otro, y besándonos... Nuestros cuerpos se buscaban, bajo la suave brisa del ventilador... y nos hemos encontrado en nuestro campo de batalla favorito, realizando el ritual más sagrado posible entre dos personas que se aman (sin importar el género): hacer el amor...

Luego, abrazados, nos hemos tapado un poco con la sábana... te has quedado dormida, desnuda, entre mis brazos... Mientras yo te miraba dormir... Estás tan hermosa como en mis mejores sueños, tienes la piel levemente bronceada (gracias a las tardes que hemos pasado en la piscina, y a nuestros paseos vespertinos), y me gusta recorrerla levemente con la mirada, recordando la topografía de tu cuerpo de diosa adolescente, en parte velado por la sábana blanca...

Hace unos minutos, te has despertado, me has dado un beso, y has empezado con el lento ritual del acicalamiento... y tus manos han empezado a recorrer tu larga melena negra... Y han bajado lentamente por tu cuello de garza, mientras yo te acariciaba con la mirada...

Y he pensado que mi mundo era perfecto... Puesto que tú estabas en él...

UNO DE ESOS DÍAS...

Cómo se retoma el hilo de toda una vida... Cómo seguir adelante, cuando en tu corazón empiezas a entender que no hay regreso posible, que hay cosas que el tiempo no puede enmendar: aquellas que hieren muy dentro, que dejan cicatriz... Muchas veces, demasiadas desde mi separación y posterior divorcio, me he planteado estas preguntas... pero sigo sin encontrar una respuesta satisfactoria... Y sin embargo, sigo adelante con mi vida, algunos días más extraños que otros, pero en todo caso, contagiados por la soledad de la casa vacía, y por demasiados recuerdos de buenos momentos que pasaron para ya no volver...

Las cosas no son ni tan fáciles como las cuentan los manuales de autoayuda o los amigos bienintencionados, ni tan complicadas como parecen en un primer momento. Lo que más me costaba era combatir el silencio, pues mi gato es un ser bastante callado, y en cualquier caso mucho menos conversador que mi mujer. Los dos últimos años de relación, al trabajar en turnos contrapuestos, tampoco puede decirse que hablase mucho con mi "ex", y me enganché a "Los 40 principales", "Kiss FM" y "Máxima FM" para escuchar de vez en cuando una voz humana entre canción y canción... También me ha dado por escuchar viejos CD´s de "Pink Floyd", "Mecano", "Hombres G" y distintos recopilatorios que he ido encontrando por las estanterías de mi casa, algunos de ellos todavía sin abrir...

Y cuando necesito provisiones, nada mejor que ir al mercado que está cerca de casa, o al socorrido chino... Porque a veces, no tienes ganas de hablar con la gente, ni siquiera con el amable pescadero que te pregunta si te gustaron los filetes de emperador que te llevaste hace dos días... Ni mucho menos con el pollero, que te  comenta que tiene huevos de corral en oferta... Por eso, prefieres el relativo anonimato del Mercadona, donde puedes pasear a gusto entre multitud de estantes llenos de cosas que realmente no necesitas... pero que decoran mucho...

Hay días mejores que otros, en los que te levantas con energías para comerte el mundo, dispuesto a aprovechar bien las vacaciones... Este año, por cierto, no hay playa, no podré reanudar mi compromiso con el mar, ni sumergirme lentamente entre un lecho de olas y de sentimientos... Y lo añoro mucho... Pero no me ha quedado más remedio que permanecer en Madrid, la ciudad de mis sueños rotos, pero al mismo tiempo de mis esperanzas...

Estoy empezando a moverme en las procelosas aguas de las editoriales y de los agentes literarios, para ver si consigo publicar mi novela romántica, y también la antología de relatos de terror que terminé de editar hace varias semanas... De momento, he recibido algunas respuestas, sé que están leyendo y valorando mi trabajo, y eso me hace sentir extraño; por una parte me hace mucha ilusión el compartir con un lector anónimo está sumergiéndose en mis mundos de pesadilla, llenos de humor negro, pero al mismo tiempo de la expresión de múltiples miedos (a la soledad, a los fantasmas, a los asesinos despiadados, a los acontecimientos paranormales... todos ellos nacidos de mi imaginación en días y noches como estos...); pero por otra me siento examinado a través de mis palabras...

Palabras, siempre palabras... Supongo que esa es la parte interesante de ser un blogger: el compartir con los demás, aunque sea al otro extremo de la pantalla los "hijos" de mi mente... Sigo escribiendo, pero mucho menos que antes... Será que ahora me interesa más publicar que escribir, porque tengo material para formar varios libros más: uno de relatos cortos amorosos, otro de historias de terror, y también otro de cuentos, además de un cuarto de historias un poco extrañas pero con un alto contenido de humor, aunque sea muy negro...

Pero hoy es uno de esos días en los que me apetece estar en casa... Y pensar en el futuro, aunque de momento no lo tenga demasiado claro... Y, por supuesto, recordar algunas cosas que merece la pena ser recordadas: antiguos amores, momentos de felicidad pura junto a la mujer que amé (y que sigo amando) más de veinte años después de conocerla... Sí, pienso en ella, Yolanda, mi musa, hacia quien van dirigidas casi todas mis poesías de amor, y muchos de mis relatos del mismo signo...

Hoy es uno de esos días en los que me apetece recordar... sentimientos... sensaciones... esperanzas... y sueños... para evadirme un poco de la grisura de un hermoso día de verano... en el que el pasado parece mucho más interesante que el presente... y pensar en sus brazos, en sus labios, en sus ojos negros y en su melena azabache... Mi Yolanda... que me acompaña desde aquél lugar extraño... en el que todo es posible...


lunes, 18 de junio de 2012

ANOCHE SOÑÉ QUE MORÍA...

Anoche soñé que moría, no una, sino mil veces, y lo más extraño de todo, fue que no me importaba, pues siempre encontraba una forma de justificar la muerte que me acechaba y me poseía...

¿Piensas que es morboso, o extraño, o enfermizo, el soñar con la muerte, sobre todo con la tuya? Bien, pues yo creo que es mucho peor la alternativa, el soñar con la vida, en vez de vivirla completamente.

Anoche soñé con la muerte, con su faz descarnada, acechando por encima de mi hombro, sigilosa, o bien con hundir la mirada en sus cuencas vacías...Y lo más curioso, lo más extraño, fue que casi siempre representó una liberación extrema, vencido el miedo... entre tantas y tantas muertes, recuerdo sobre todo tres de ellas, tal vez cuatro, que se han quedado grabadas en mi memoria y en mi alma...

Si la gente supiera en verdad cómo se vive la muerte, y cómo se termina la vida, no tendría tanto miedo...

El anciano se da la vuelta en la cama de su residencia, está solo, y recuerda mil cosas de su otra vida, donde era esposo, y padre, y abuelo; mas ahora, ya no es nada, pues la incluso la memoria le abandona por momentos, por ello no se extraña demasiado, cuando en el ángulo de su cuarto aparece su madre, y le sonríe dulcemente...

Entre los hierros retorcidos de lo que antes era un coche, en el fondo del terraplén, una chica, conductora novata, observa el cielo, con los ojos abiertos, las pupilas dilatadas, mientras sobre su pecho se extiende una marcha carmesí, que parece casi negra a la luz de las estrellas... Noche oscura, sin dolor, sin luna, en el que la muerte se acerca a ella, con la forma de un gato negro que, dulcemente, ronronea, y mientras ella piensa en la fiesta, le va sorbiendo la vida...

Dos amantes, agobiados por las presiones del entorno, por la familia, que jamás aprobará su relación, por los amigos, que realmente tampoco lo comprenden... ni lo aprueban... y tal vez incluso por ellos mismos, por la educación recibida, por tantos prejuicios, por el maldito "qué dirán si se enteran"... Triste relación amorosa, sepultada bajo el peso de la convención, vivida en la oscuridad, que termina con la pareja, con las muñecas rajadas, en una bañera de sangre... y la muerte es el alma del otro...

Pues la muerte, misericordiosa, suele adoptar el aspecto de alguien amado, de alguien conocido, de alguna cosa o persona especial... Ya sea como madre, como gato negro, o como amante, o novia, o novio... se puede aparece al final de la vida como algo tranquilizador, en cierto modo, es un regalo de un Dios cruel, que nos condena a vivir una sola vez...

Y a saber que no hay "más allá", ni tampoco un "más acá", pues solo tenemos una vida, y nada más, algunos años sobre la Tierra, después la muerte, y luego la nada...

Anoche soñé que moría... y en mi sueño, acompañé a la Parca, para hacer su ronda trágica, por mil vidas... Y fui padre, madre, hermana, hijo, hija, nieto, profesor, comandante, amante, enfermera, cirujano, bombero, gato, perro, "avatar azul", incluso rana, vaca, o pez globo... Que mil vidas dan para mucho simbolismo...

Para mí, la muerte se presentó como una joven princesa sin corona, "Acompáñame, me dijo, pues incluso yo necesito compañía..." Por eso me ves, en el último minuto de tu vida... Ven y sígueme...