lunes, 2 de mayo de 2011

FIEBRE...

La fiebre no debe ser una buena consejera, sobre todo cuando se prolonga varios días, pero supongo que es algo a lo que te vas acostumbrando, incluso a veces, le puedes coger cariño... Esa sensación como de estar flotando, cuando nada te importa ni la gente ni el mundo... Ese ataque de egoísmo aparente, cuando tu vida, demasiadas veces, está formada por concesiones, negociaciones y mentiras... de esas que te ayudan a mantener la farsa de tu presente... 

Porque así es como te sientes: como un farsante, no de cara a los demás, sino a ti mismo... y eso es lo más grave, puesto que eres una de las pocas personas a quienes no puedes engañar... normalmente... Sentimientos, en el fondo, se reduce a eso, a formar parte de algo superior, ya sea una entidad laboral, un colectivo (aunque tengo más de perro guardían que de oveja)...

Fiebre, sin duda alguna, debe ser eso, porque siempre me baja las defensas, disminuye el nivel de autocontrol, y al final, puede terminar ocasionando desastres de magnitudes épicas.... Y sobre todo, te hace plantearte lo que sientes por los demás, y corres el brutal riesgo de despertar lo que late en las profundidades de tu corazón... ¡Sentir, y no solo eso, decirlo!

¿Y si el perro guardián se pone a pensar como las ovejas?¿Si de repente, comienza a sentir "esas cosas" de las que hablan, como la empatía, la amistad, el amor, la solidaridad?

 Tal vez, por eso nunca me he alegrado tanto de ser un programa informático... y de que todo se pueda arreglar con un "Bienvenido, agente Smith"...

miércoles, 30 de marzo de 2011

744 HISTORIAS, SUEÑOS, POEMAS...

Hoy, necesito recordar, saber cómo he llegado hasta este punto, y tal vez, descansar un poco... El exorcismo emocional y sentimental parece estar terminando, y en mi interior encuentro un extraño sentimiento... tal vez el cansancio...  la pereza... quizás la paz... Escribir por placer es hermoso, pero más aún lo es cuando un pequeño grupo de irreductibles galos están al acecho de tus "monstruitos"... y de vez en cuando se dejan caer por tu blog...  Gracias a todos vosotros, por haber estado allí a mi lado...

Mas ahora, las ideas se resisten a nacer en la punta de mis dedos desde hace varios días, escribo más por disciplina que por placer... y quizás, he alcanzado la paz con muchas facetas de mí mismo, y de mi pequeño mundo... Los muertos descansan en sus tumbas de recuerdos, uno de ellos envuelto en su bandera republicana... Los viejos amores han regresado a los sueños y a los reinos de lo imposible... Decenas de sonrisas, de mujeres y adolescentes, han alcanzado su destino... Mi abuelo y mi padre han regresado desde la tumba, cargados de recuerdos, muchos de ellos buenos... Y tal vez, me siento más fuerte para seguir persiguiendo sueños y quimeras... Que ya he cumplido setecientas cuarenta y cuatro historias, cuentos, poemas, pesadillas...

Sin embargo... Hoy ninguna historia quiere nacer desde mis mundos de tinta... En mi corazón reina el vacío... Una pequeña balsa, en medio del mar, amparada por la oscuridad eterna... y yo me encuentro en ella... Entre mis planes inmediatos, terminar la primera entrega de "Hombres de Tinta 2011, volumen I", que distribuiré, como siempre, a los más fieles de los irreductibles galos... También quisiera terminar el segundo libro de poesía, a la venta, como los otros tres, en la editorial Bubok: "Un leve rastro de versos", "Cansada de ser una muñeca" (novela-blog escrita con Beatrice Golden) y "Historias a media voz (Memorias amorosas de una década en la radio)"; además de conseguir publicar el volumen de historias de terror... y terminar la novela de ciencia ficción...

Pero hoy, la fuente de las palabras se ha secado... y no me apetece forzarla... Por eso, me retiro por unos días, cuestión de enfocar de nuevo las prioridades... y los sueños...


 
Es el momento de escribir aquella palabra, que da tanto miedo... que tiene cierto regusto al adiós...


CONTINUARÁ.....

viernes, 25 de marzo de 2011

ORGULLO Y PEREZA

Algunos días, te despiertas a trompicones, apurando demasiado la prorroga del despertador (menos mal que mi mujer duerme con tapones... si no, igual se mosqueaba...), y con la impresión de que cualquier cosa, casi siempre mala, puede suceder en el intervalo entre el despertar y la siesta... y entre la siesta y el momento de irse a la cama... La cama... pequeño territorio, donde casi todo es posible, y el lugar perfecto para escapar del mundo...

Hoy, me siento como Nemo en su acuario, esperando la visita de la sobrina del dentista... salvo que no soy de color naranja-butanero, sino marrón y beige... También me identifico con la estrella, observando el mundo desde otro lugar... lo que no deja de ser una postura bastante cómoda... incluso con el cangrejo de acento francés... Además, el cansancio acumulado da la impresión de aislarte, creando un campo de contención frente a las malas influencias, y manteniendo al mismo tiempo las perspectivas... Es curioso, llevo toda la mañana pensando en películas de dibujos animados... Al hablar de "perspectiva", me acuerdo del crítico Anton Ego... "Sírvame un poco de perspectiva..." ¡Como si fuera tan fácil!

La única "perspectiva" en la que llevo varios días pensando es que no debo comerme tanto la cabeza por cosas de escasa importancia, como estar bloqueado en la novela de ciencia ficción que estoy escribiendo, no haber recibido una respuesta de la nueva editorial (ellos se lo pierden, utilizaré la de siempre), o el complejo de "material no solicitado" (también relacionado con otra editorial)... aunque el cambio de cama también influye en la menor calidad de las horas de sueño... El tiempo parece no tener sentido, y se estanca como el agua en cualquier pantano... y pasa con demasiada lentitud... No debe ser muy sano levantarte (más bien tirarte) de la cama, pensando en las horas que te faltan para dormir la siesta...

Orgullo y pereza... mis viejos y queridos amigos...

miércoles, 23 de marzo de 2011

RECORDANDO EL HUMO EN LOS OJOS...

Todavía recuerdo el acre sabor del tabaco de pipa, deslizándose suavemente por mi garganta... El olor, dulzón y vagamente afrutado de la mezcla especial... Tabaco rubio de Virginia, mi preferido, aunque lo alternaba con un par de marcas presuntamente holandesas... De aquellos tiempos de fumador de pipa, añoro muchas veces el ritual, la relajación que representaba para mí sentir la bocanada de humo en la garganta, su calor, y cuando lo has paladeado, exalarlo muy despacio... Casi siempre, representaba el final de una jornada de trabajo, aquellos minutos en los que me sentaba en el sillón de orejas, con las zapatillas, algo de música (casi siempre, jazz), y el gato en el regazo... y me olvidaba del mundo... De vez en cuando, saco la vieja pipa de madera de brezo de su caja de madera, los dos paquetes de tabaco que más me gustaban (uno americano, otro sueco), y preparo la mezcla, aunque sin rellenar la cazoleta, y mucho menos, sin prenderla. Son gestos ancestrales, ritos que permiten restaurar la calma, y tal vez, incluso recordar buenos momentos...

Empecé a fumar muy pronto, a los 13 años, y no supuso un gran cambio, puesto que mi padre era un fumador empedernido de Ducados, a veces creo que era capaz de fumar incluso en la ducha, como uno de mis profesores de RNE... En casa, era "cosa de hombres", quizás por eso no me lo pensé mucho, cuando por primera vez un compañero de instituto me ofreció un "Fortuna" antes de un examen bastante complicado y, en parte por el mareo, y en parte por llevarlo bien estudiado, aprobé, creo que con nota... Desde aquél día, se convirtió en una especie de tradición el fumar un cigarrillo antes de los exámenes, casi siempre "gorroneado" (el "gorroneo", curiosa táctica que no pasa de moda)... hasta que me compré el primer paquete de tabaco rubio, como siempre, en el puesto de chuches de la plaza...

Era difícil justificar el que todos los días volviera a casa apestando a tabaco, y que siempre tuvieran la culpa los demás, "los chicos mayores", o la gente del metro... Mi padre no olía nada, algo normal en los fumadores empedernidos (cuando murió, fumaba dos paquetes y medio de "Ducados"), pero a mi madre no se las daba con queso, me temo... Lo complicado era fumar en casa, por lo que me escondía en el cuarto de baño blanco, que tenía una ventana de gran tamaño, y mediante toallas agitadas al viento formando un remolino, intentaba que se fuera el pestazo... Un buen día, mi madre me preguntó si fumaba, porque el gasto en ambientador, desodorante y colonia se disparaba después de cada una de mis "expediciones"... sin contar con que para mí sería más cómodo fumar sin esconderme. No tendría más de 15 años cuando se hizo "oficial", y fumé por primera vez delante de la familia...

Quizás las cosas han cambiado mucho desde entonces, pero lo que más nos motivaba a fumar eran dos cosas: pertenecer al grupo de "los malotes", y sentirte mayor al hacer algo prohibido... En nuestro instituto, establecieron un fumadero al aire libre, y allí nos concentrábamos durante los recreos, en un angosto pasaje que llevaba al baño del patio y a las cocinas... Parecíamos un atajo de presos... Luego, a partir de los 15 años, nos dejaban salir a la calle (con autorización paterna), para desayunar, y era nuestra costumbre el sentarnos en los bancos de un pequeño parque, en la puerta de un instituto privado... Nuestro aspecto no podía ser más diferente: nosotros, con las botas y chupas de cuero negro, pantalones vaqueros azules o negros, y las camisetas heavys; y ellas, de uniforme, desde los zapatos negros, los calcetines blancos, la falda escocesa a cuadros azules y verdes, la blusa blanca y la chaqueta verde oliva... Nosotros, fumando como carreteros, y a la hora de comer, también nos gustaba ir a aquél parque... Nadie diría que pertenecíamos a un colegio/instituto privado y extranjero...

Empecé a fumar por los motivos habituales, me terminé enganchando a los "Marlboro" americanos, y tampoco le hacía asco a los "Camel", pero siempre americanos y de contrabando... Eran los años ochenta, y el tabaco seguía poseyendo cierta aureola de romanticismo... Nuestro inconsciente colectivo estaba dominado por suntuosas bocanadas de humo de Lauren Bacal, Rita Hayworth, y Humphrey Bogart... y cientos de referencias más modernas, como "Flashdance", "Fama"... Las películas nos enseñaban a utilizarlo incluso como forma de relajarnos, de alternar socialmente, y de excusa fácil para ligar... "¿Estudias o trabajas?" era demasiado carca, y todavía eramos demasiado jóvenes para utilizarla... Eran muchas las chicas que se acercaban con un pitillo en los labios, y preguntaban con voz un poco ronca eso de "¿Tienes fuego?"... Quizás era la frase más esperada durante los recreos, en las comidas fuera del centro, y sobre todo, en las noches por Montera... y otras zonas de Madrid, como los bajos de Moncloa... Cada generación se empeña en ser los inventores de algo, nosotros adaptamos el botellón y el consumo social de cerveza... Las famosas litronas de Mahou bien fresquitas que vendían en las gasolineras y en muchos comercios, sin pedir el DNI... Quizás, la mayor diferencia con los actuales practicantes fuera el carácter lúdico, y que recogíamos todas nuestras huellas al terminar... En aquellas noches, había que salir con dos o tres paquetes, si querías estar bien equipado... aunque según pasaban las horas, terminabas fumando cualquier tabaco, de cualquier persona o animal que estuviera a tu lado...

En el fondo, te acostumbras y te adaptas a todo, a los nuevos ambientes... En la Universidad, si ya fumabas, empiezas a fumar más, o eso parece, puesto que el consumo se multiplica: en cuanto los compañeros de clase, fumadores de "Fortuna" y de "Ducados" olían el tabaco americano, enseguida salían peticionarios de todos los sexos posibles... y no vas a decirle que no a una compañera de clase, o un compañero... Llega también la temporada de las fiestas, el último en quedarse sin tabaco era casi el rey...

En un momento dado, te das cuenta de que fumas por vicio, no por gusto, y te pones a pensar en los más especiales del día... Mis favoritos eran el de después de desayunar, después de comer, y después de cenar... Sin embargo, más por reflejo que otra cosa, enciendes multitud de cigarrillos que no necesitas: uno en el paso de cebra, mientras esperas que se ponga verde el semáforo, otro después del aperitivo, uno al ponerte en marcha con el coche, dos o tres por el nerviosismo antes de un examen... Y te planteas que ha llegado el momento de dejarlo, cosa que hice durante un año y pico... Por supuesto, al principio estás muy nervioso, necesitas otro vicio que te haga disminuir la ansiedad, yo me enganché a los chicles de limón. Volví durante la mili en el año 1994, a los 24 años y con la carrera de periodismo, era de los más viejos de la Compañía 11 de la Base de San Pedro... Mal momento para intentar dejarlo, con guardias interminables en mitad de la noche, una semana de maniobras al mes y, en el fondo, demasiado tiempo que matar...

Hasta el año 2001 no me planteé dejarlo en serio, mi novia también fumaba muchísimo, y de todas formas, cuando te acostumbras a un vicio... es muy duro cambiarlo por otro... Mi padre me ayudó, al enfermar de cáncer, por culpa de su desaforado consumo de "Ducados"... Recuerdo como una experiencia aterradora su enfermedad, cuando perdió la capacidad de hablar, los efectos que tenía en su debilitado organismo la quimioterapia y la radioterapia, a las que accedió someterse "in extremis", quizás sintiéndose culpable por no haber decidido tratarse antes o cuando tenía un remedio más sencillo. Llegó vivo a nuestra boda, aunque su degeneración se agudizó tras ella, y un mes y tres días después, falleció. Sin poder hablar ni comer, mantuvo hasta el final su dependencia de la nicotina. Convertido en poco más que una ruina babeante y con los sentidos embotados por la morfina, y sin ninguna sensibilidad en lo que antes fue su lengua, al hacer limpieza de su bata, su pijama, la mesilla de noche y una chaqueta, encontramos 4 mecheros, 2 ceniceros bajo la cama, y 7 paquetes de tabaco... Me quedé con las ganas de meterlos en su ataúd, antes de la cremación, para que hiciera su último viaje acompañado por sus viejos amigos...

Cuenta la leyenda que una de las últimas cosas que me dijo mi padre, entre balbuceos, fue que dejara de fumar... Al menos, es lo queme pareció entender; si bien no hay nada como el ejemplo de una vida arruinada por el cáncer provocado exclusivamente por el tabaco, para que te replantees muchas cosas... No fueron unos meses fáciles, reduciendo poco a poco la cantidad de nicotina consumida al día, venciendo el estrés de un trabajo nuevo en el que te sientes el último mono (estuve dando clases de francés en varios institutos). En el año 2000 empecé a fumar en pipa, en las circunstancias de las que hablé antes, casi siempre en casa, o bien dando un paseo, pero también en el nuevo trabajo, durante la guardia nocturna, al volver a casa... Fui saltándome cigarrillos, dejé de comprar la marca que me gustaba, me pasé al tabaco negro, pues mi objetivo era celebrar nuestro primer aniversario de bodas abandonando el tabaco.

Llevo 8 años "limpio", procuro alejarme de las personas que fuman o que huelen mucho a tabaco, y si empecé a ir de nuevo a los bares y cafeterías con más asiduidad, fue por la famosa ley anti-tabaco. Durante una temporada, pusimos en una hucha el dinero que antes nos gastábamos en cigarrillos, y con eso nos pagamos las vacaciones de verano. Soy socio de la AECC, aunque no colaboro mucho con ellos, me temo... Recuerdo muchas cosas de mis años de fumador, algunas de ellas francamente olvidables, como los costipados, la ronquera, la afonía matinal, al margen del desembolso económico y de la dependencia, es una droga dura, por mucho que digan lo contrario... También recuerdo cosas buenas, ùltimas caladas compartidas con la persona amada, el sabor de una buena pipa, el brillo del fuego en la cazoleta... y de vez en cuando, al notar de nuevo la ansiedad generada por el tabaco, cuando la tentación es demasiado fuerte y me falta poco para salir a comprar tabaco... Recuerdo el rostro de mi padre, sus últimos días... Y respiro, muy lentamente...

lunes, 28 de febrero de 2011

COSAS DE GATOS...

"PAROLE, PAROLE, PAROLE..." Sí, palabras, unas sobre otras, amontonadas como mil realidades distintas, e incontables posibilidades de futuro y de pasado... Es lo malo de tener mucho tiempo libre, que a veces, te faltan ideas para aprovecharlo... Desde hace un par de semanas, mi mujer está trabajando en el turno de noche en el hospital, lo que implica que una noche de cada dos, tengo el control absoluto del mando a distancia, y celebro con mi gato una típica noche de chicos... Salvo que en vez de pizza recalentada y latas de cerveza, aprovechamos para ver juntos una película de DVD, escogida de mutuo acuerdo... y son de las que mi mujer odia... El mes pasado, vimos "Batman, el caballero oscuro", "Batman Begins", "Con faldas y a lo loco", "Cantando bajo la lluvia", "La furia de los siete magníficos"... Supongo que cuando está con Fátima, tiene que optar por otro tipo de pelis... sobre todo, las de fantasmas y de terror, que yo no soporto ver...

Le gusta el sonido, el movimiento, se puede quedar un buen rato mirando fijamente la pantalla, disfruta con "Star Wars", sobre todo con el episodio 2... Y le gusta la música de "El Padrino"... Si estamos viendo una de guerra, tipo "Salvar al soldado Ryan", se le encrespa el lomo con tantas explosiones, y llega a clavarme las uñas a través de los vaqueros... Curiosamente, le encantó "Cantando bajo la lluvia": se puso a ronronear como una locomotora en mitad del famoso número de baile...

Mi gato... bueno, nuestro gato, si está mi mujer, es un amante del buen cine, aunque si él pudiera escoger las películas, tendría que ver una y otra vez "Ratatouille", "Un ratoncito duro de roer" o las pelis de "Stuart Little"... y, por supuesto, una vez por semana, "Como perros y gatos" y las 2 de "Garfield" (aunque la segunda me parece muy aburrida...). En el fondo, lo que le gusta es ir saltando del suelo al puff, luego al sofá, y después, sobre mis piernas... Amasa... es su manía, lo amasa todo... a veces me dan ganas de poner delante de él un barreño con huevos, leche, harina, levadura y un yogur, y que practique alguna de las recetas de Xela...

Lo más divertido son sus ataques de hiper-actividad... Chiqui es un gato sedentario, de costumbres tranquilas y pausadas, cuyo mayor objetivo en la vida parece ser el encontrar el lugar perfecto para dormir... Y dicho lugar cambia según las horas y los momentos de la jornada... Por la mañana, casi siempre está en la cuna, o sentado en mi sillón de orejas... Por la tarde, me espera en la cama para dormir la siesta, siempre en el costado izquierdo, y usando  mi brazo como almohada... Luego, durante 3 o 4 horas, me acompaña en el despacho, durmiendo en la silla de invitados... Mientras vemos la tele, pasa por todos los asientos disponibles en el comedor, sin importar que estén o no ocupados... Y por la noche, suele irse al despacho de Fátima, y se tumba en la cama, observándolo todo atentamente... Siempre se duerme unos minutos antes de que le llevemos a su cuna...

A veces, se queda mirando fijamente la mecedora del comedor, como si estuviera viendo algo invisible... Se puede pasar hasta diez minutos en esa posición, tumbado sobre mis piernas, como la típica esfinge... Es algo que me pone bastante nervioso, puesto que juraría que la mecedora se está moviendo un poquito, aunque su peso es demasiado grande, y no hay corrientes de aire en la habitación... Sin duda alguna, es mi desbordante imaginación que me está jugando una mala pasada... En otras ocasiones, se pone a boxear contra su sombra, con tal repertorio de maullidos, zarpazos, bufidos, brincos y saltos, que me dan ganas de grabarlo con el teléfono móvil, y poner la música de "Rocky" como banda sonora...

Sus ataques de hiper-actividad son divertidos... Empieza a correr por todo el pasillo, tomando las curvas a tal velocidad que podría trazarlas a media altura de la pared, como su prima Leo... Se pone a jugar con cualquier cosa, sobre todo si no es un juguete para gatos: ya tiene en su territorio un juego de pinzas de depilar, dos bolis, una pinza de la ropa, una pelota de ping-pong que de vez en cuando rebota por el pasillo, pero nunca ves... su juguete favorito de la semana pasada era un cordino de seguridad de color naranja, que fijé con esparadrapo a la mesa del despacho... Le encantaba, porque podía jugar con él desde la silla...

Con lo listo que es el minino para lo que le interesa, sigue habiendo misterios de la ciencia que no es capaz de entender... Por ejemplo, no comprende que si está lloviendo y sale al patio, se va a mojar de cabo a rabo... Y no entiende por qué se le tienen que mojar las patitas... o que yo no quiera acompañarle con un paraguas, para que él no se moje... Tampoco tiene muy claras las cuestiones de horarios: el mismo maullido que a las dos de la tarde te hace reír, te puede dar un susto de muerte a las seis si estás solo en casa, y convertirse en una molestia de madrugada... No concibe que a las seis y pico de la madrugada no sea el mejor momento para pedir mimos...

¡Enfin! Cosas de gatos...

jueves, 10 de febrero de 2011

CORAZÓN DE ESCRITOR...

Vuelven una vez más los sueños, siempre imposibles, a percutir contra las paredes de mi corazón... Regresan las voces del pasado, y sus palabras se convierten en promesas de amor... Romances imposibles, versos que jamás escribí... y sobre todo, palabras que jamás pronuncié... Vivo muchas veces preso entre dos tiempos, entre dos momentos, y entre dos caras de una misma realidad... Es cierto, los mundos de tinta, que comparto contigo, son a veces más importantes que la propia vida, pues gracias a ellos exploro mil y una enctrucijadas temporales... que en el fondo, se resumen en una sola historia, en un principal requisito: amar y ser amado...

A veces me torturo con futuribles, pues a los 40 años ya tengo bastante identificados los puntos troncales de mi vida, aquellos en los que podría haber adoptado un rumbo distinto, y casi seguro, con un resultado más feliz... Sé que no vale de nada, que los tiempos pasados no se pueden cambiar, y que en cierto sentido, prefiero que sea así... No conseguí nada en el mundo del periodismo, ni en la radio ni en la prensa, que la televisión también la conocí varios meses, pero en el fondo, no me gustaron... No supe moverme como es debido, ni aprovechar las oportunidades que tuve... y de todas formas, al recordar mis tareas en aquellos meses y años, no tengo la certeza de si habría "dado la talla": soy una persona bastante discreta con mi vida y con mi trabajo, y respeto las distancias... Solo cuento aquello que me apetece contar... y cultivo la "auto-ficción"...

Estudié periodismo por vocación, y he aprovechado las oportunidades (becas o master) lo mejor que he sabido, y posiblemente dejé escapar mi mejor opción cuando terminé el Master de RNE... Es historia antigua, lo sé... pero sigue doliendo... Añoro los meses en la radio, en la sección de Local, trabajando para Maria Jesús Cañellas, y con locutores profesionales y técnicos de sonido profesionales y altamente cualificados... También recuerdo con cariño los informativos de Telemadroño, donde aprendí tantas cosas, desde organizar un archivo hasta gestionar una entrevista, o preparar "rellenitos" con imágenes de archivo... Durante varios años estuve tratando de encontrar mi sitio en el periodismo de Madrid, enviando currículos, acudiendo a entrevistas, mientras que realizaba la tesis doctoral... que nunca terminé...

Sin embargo, cuando enchufo la tele y hago "zapping" por los distintos canales después de comer, no encuentro programas atractivos, porque en ellos predominan el cotilleo, el "famosismo" y el sensacionalismo sobre el periodismo auténtico... Y no me gusta ir persiguiendo por las calles a los famosos y famosillos de turno (si es con una cámara de televisión al hombro, menos aún), ni involucrarme tanto con algunos partidos políticos que tus crónicas son mera propaganda electoral... Cuando veo programas como "Madrileños por el mundo" o "Españoles por el mundo", recuerdo viejos sueños, otros tiempos y numerosos viajes con mis padres... Pero está claro que no todo el mundo puede convertirse en reportero viajero... También escucho la radio por la noche, algunos programas también me hacen soñar...

¿Por qué abandoné el periodismo? No sé, quizás la pregunta sería ¿por qué el periodismo me abandonó a mí? O bien ¿por qué seguimos atiborrando las aulas de las facultades de periodismo, cuando el índice de paro técnico (personas que jamás se ganarán la vida en esa profesión) es superior al 85 %?¿Por masoquismo, por cultura general, por estudiar algo "fácil"?

¿Y después? Después de unos cuantos años, demasiados en todo caso, de recibir hostias por todas partes, de pasar de un trabajo malo a otro peor, de agobiarte por estar desperdiciando el tiempo, y tu vida en general... Descubres que entre amores, sentimientos, pérdidas, dolores, decepciones, ilusiones, soledades... hay algo que late en ti... algo que quizás siempre llevaste dentro...

El corazón de un escritor, que ruge, ama, llora, sueña y vive...

Y sigue buscando su camino... y su verdad... entre los mundos de tinta y la vida real... Gracias por acompañarme de vez en cuando...




miércoles, 9 de febrero de 2011

EL VACÍO TRAS EL DISFRAZ...

Una fábula rellena de metáforas y preñada de mentiras… Un conjunto de profecías que se autocumplen periódicamente… Un sueño soñado por otra persona en medio de su más lúcida pesadilla…  Mil y un disfraces amontonados, fusionados, en torno a un vacío… 

La ficción de ser padre, hijo, esposo, hermano, confidente, caballero de roñosa armadura, defensor de causas perdidas, adalid de los pobres y los necesitados, humanos y animales… Mas en el fondo, estás profundamente cansado de tantas luchas…

En apariencia, todo va bien, mientras la tensión va subiendo, inexorable.

Y la presión de intentar ser todo lo que el mundo exige de ti... un buen día, es demasiado fuerte, y estallas, durante unas horas de soledad, te buscas frenéticamente, y en cierto modo, te encuentras… Y como en un sueño, o en una pesadilla lúcida y terrible, das un salto de fe, hacia los abismos de tu propio yo, imaginando, sintiendo, padeciendo, lo que podría haber sido tu vida, tu otra vida… en pocas horas, en torno a dos crisis que en cierto modo te cambian, modifican tu forma de ver las cosas... La primera derivada del dolor, contenido a base de pensar, de hablar, de imaginar; la segunda, hija de la soledad y la tristeza, con zarcillos y retazos de la noche enroscándose en los tobillos...

Y con un grito de ansia y de libertad pugnando por salir de lo más profundo de tu garganta, de tu mente y de tu alma ... Pues en aquellos ratos de lucidez extrema y desprovista de oropeles y de verdades absolutas, descubres el gran engaño… Terminas distinguiendo la soledad voluntaria del olvido, regresas a lo básico de la vida, a lo primordial, la respiración, para combatir el pánico… y, a tus ojos, cometes el mayor de todos los pecados capitales: reconocer que necesitas ayuda…

Durante toda la jornada, más o menos mantienes el tipo, incluso sales a la calle, haces un par de compras, coges el metro, dando gracias en cierto modo por la eficacia de los disfraces, de los símbolos y señales que tan cómodo te hacen sentir, procuras, como animal acorralado, evitar el contacto visual  directo en el Metro, usando el MP-4 y el libro como barreras, mas al mismo tiempo si perder el mínimo detalle de todo lo que te rodea, de la gente, del ruido, del espacio, del olor…

La eficacia de un disfraz, de una envoltura, de un posicionamiento vital, depende de como tú creas que lo es… y al mismo tiempo, cuanto más y mejor refleje tu estado de ánimo… del momento… No tiene sentido recubrirte de algo que no pega con tu ser, y menos si lo que necesitas es que te dejen tranquilo, solo, pasar desapercibido… pero siempre es mejor pertenecer a la tribu de los lobos, que al grupo de corderos, siempre...

Mejor cazador que presa, pues el animal humano huele el miedo... Si necesitas seguridad en ti, muestrate un poco agresivo…bien con los colores de tu ropa, tu estilo, la mirada o el aura… siempre es mejor lobo que cordero... verdugo que víctima...

Y logras sobrevivir a aquellas horas amargas y necesarias de presunta sinceridad... y te imaginas que otra vida es posible...

En cualquier "pueblo con mar" como diría Sabina, en una ciudad de provincias, si es posible, del levante, incluso trabajando en lo mismo, en la protectora seguridad del uniforme marrón, mas pudiendo cumplir cada noche, o cada tarde, o mañana, con el ansiado ritual de pasear por la orilla, viendo su fuerza, oliendo su inmensidad, sintiéndote pequeño frente a su poder...

Mas despiertas de estas ensoñaciones de otra vida, quizás mejor, cuando miras a tu alrededor, los colores de tu casa, tu hogar,los mil y un detalles que conformar tu pequeño mundo privado... Cosas materiales que has ido acumulando y te hacen sentir mejor, y sobre todo recuerdas que no estás solo en esta vida... está ella...

Que no todo es tan fácil como parece... y una vez más, cedes...

Y te contentas con ser plenamente libre tan solo en mundos de tinta, y regresar, todos los años, a cualquier costa, a rendir culto al mar...