sábado, 21 de mayo de 2011

CUARENTA Y UN DESTELLOS....

Al cumplir cuarenta años, yo pensaba que todo sería distinto, desde mi vida en el mundo real, hasta mis versos, fantasmagorías y cuentos. Creía fervientemente  que estaba alcanzando la tranquilidad, y tal vez, la sabiduría... Por supuesto, este año, este ciclo que termina, se ha encargado de demostrarme lo contrario. Sigo haciendo y diciendo chiquilladas de vez en cuando, lo que a mi provecta edad, no deja de ser un halago... Pero también es cierto que, algunas veces, hago daño y ofendo a personas a las que quiero, que no en vano está en el aire la amistad de una persona a quien aprecio mucho, y entre silencios, se pasan los días... y sufren las hadas... y los elfos...

Pero hoy me apetece hacer balance, y compartir recuerdos... Supongo que a estas alturas de la vida, ya debería tener las cosas bastante claras, ser consciente de mis limitaciones, y de las que me imponen la sociedad, el sentido común, la costumbre y mis propias capacidades intelectuales y afectivas. A veces, tengo la impresión de estar predispuesto a no confiar en los demás, ni por supuesto, en mí mismo. Si tenemos en cuenta la famosa pirámide de las necesidades humanas de Maslow, a estas alturas de mi vida, debería encontrarme bastante alto... Pero, al ser géminis, y muy géminis, puedo estar en varios peldaños y momentos a la vez...  Quizás, este sería un buen momento para fustigarme (metafóricamente hablando) por no haber conseguido todas aquellas cosas que los demás (ese amplio colectivo, que engloba a familia, amigos verdaderos, amigos falsos, conocidos... y dentistas) consideran que debería haber logrado en cuarenta y un años de existencia... En el fondo, las me que más paz y satisfacción me aportan han surgido en los últimos dos años... y son aquellas que me llevan a seguir luchando un poco más... Ahora mismo, no sé qué es más sencillo: si torturarse en solitario, o permitir que lo hagan los demás. Es decir, si tú mismo te llamas "¡Gilipollas!" o "¡Imbécil!" cuando has metido la pata, es más fácil que te lo creas, que si lo hace un perfecto desconocido...

Quizás por eso, en plena cuenta atrás, necesito hacer un balance, para colocar de nuevo mi mundo en perspectiva. Si por mí fuera, desaparecería, os lo aseguro, aunque fuera ocho horas, con ropa cómoda, un buen libro, el "MP4" y un par de botellas de agua helada, y me sentaría al borde del lago, en el Retiro, para alejarme del mundo... Y reflexionar, recordar, intentar comprender cómo soy en verdad, tras la máscara y el disfraz, lo que ha sido mi vida hasta el momento, y lo que estoy dispuesto a hacer por cambiarla... Surgen sueños, pensamientos, recuerdos, deseos, imágenes que simbolizarían momentos que deseo recordar, otros muchos para olvidar...
  1. Una rosa de terciopelo morada, en el jardín de mi abuelo, cubierta por el rocío...
  2. El olor de la niebla amaneciendo en la ciudad dormida.
  3. La risa de un niño...
  4. Una pelea de parpadedos con mi/nuestro gato...
  5. El placer y la enorme tristeza de leer la última página de un gran libro...
  6. Escuchar la voz amada al otro lado del teléfono, y saber la enorme distancia que os separa...
  7. La primera vez que montas en bicicleta, cuando te acaban de quitar las ruedecitas...
  8. El vértigo de crestear una montaña de dos mil metros, con un grupo de amigos... después de una larga y difícil ascensión...
  9. El aroma a "Àlvarez Gómez" de mi abuelo", cuando me acunaba...
  10. El pestazo a "Ducados", que siempre envolvía a mi padre...
  11. La primera vez que ví el mar... después de toda una noche de viaje...
  12. Mi profesora favorita, Mme. Flambard, recitando un fragmento de Cyrano de Bergerac.
  13. El calor, sofocante, húmedo, dentro de la Pirámide de Keops...
  14. Aquella tormenta tropical en México, en la ciudad de Palenque... y la forma en que la ropa se nos pegaba a la piel...
  15. Cuando un buen amigo te hace comprender que tienes derecho a ser feliz, a soñar, a vivir como cualquier otro niño (gracias, Quique)...
  16. El segundo gran amor, pero la primera vez que en verdad no te sientes solo, una amistad que dura décadas, aunque los dos hayamos cambiado... pues hace casi veintisiete años...
  17. Locuras de juventud: ir con Fernando, mi mejor amigo al Festival de Cine de San Sebastián, viendo algunos días seis películas, y durmiendo pocas horas... no fuimos al cine ni una sola vez en todo el año...
  18. Un crucero por el Nilo, con mis padres y mi hermana, descubriendo uno de los países más fascinantes del mundo... el Valle de los Reyes, el de las Reinas, la Esfinge...
  19. Aquella larguísima noche en el Transiberiano, escuchando hablar a mi abuelo con un sacerdote de Pamplona...
  20. La película "Les Choristes" ("Los niños del coro"), verla dos veces casi seguidas, y  emocionándome hasta el punto de llorar...
  21. El miedo, la tristeza, la desesperación que se respiraban en el Instituto, aquella fatídica mañana del 11-M... y por supuesto, caminar, envuelto en el dolor de varios millones de personas, por La Castellana el día siguiente.
  22. La amargura de permanecer encamado en el Hospital Militar, con el menisco roto... igual que muchos sueños y esperanzas...
  23. Mi quinto gran amor,  cómo me enamoré de ella de manera fulminante desde el primer momento... y en cierto modo, lo sigo estando, veinte años después...
  24. La desesperación de no encontrar trabajo en Madrid, como periodista, a pesar de tener la carrera, experiencia, y de moverme por todas partes...
  25. La emoción y la añoranza, cuando relees una vieja carta... y la tristeza por tantas ausencias...
  26. La muerte de mi abuelo, que cerró una etapa de mi vida, igual que la de mi padre...
  27. Las voces olvidadas...
  28. Las carreras con aquellos enormes triciclos, en el parque del Retiro...
  29. Aquél larguísimo viaje en coche, hasta Logroño...
  30. Un encuentro fortuito con una de las adolescentes más fascinantes que he visto nunca, hablar unos minutos, y no volver a verla nunca, porque no se presentó a la cita a la mañana siguiente... Como represalia, la he convertido en personaje de un cuento... "Una criatura angelical", lectura recomendable...
  31. El inmenso dolor, de la traición, de la ausencia, del abandono, y de mi propia estupidez, que me hicieron empezar a escribir... con lo que de dos males, nació un bien...
  32. Aquellos ojos de lunes, que me están devolviendo la confianza y las fuerzas... y la esperanza...
  33. La madrugada de un cuatro de abril, cuando mi mujer me enseñó a besar...
  34. Las decenas de amaneceres que he visto desde las alturas, con todo Madrid bajo mis pies...
  35. Llorar, como un niño, cuando escucho la Barcarola de Los Cuentos de Hoffman...
  36. El recuerdo de aquellas pequeñas siestas en el gallinero del Teatro Real, en mitad del "Réquiem" de Mozart... que las ocho y media de la tarde eran demasiado para un niño que no dormía bien
  37. La emoción de compartir con la persona que amas una puesta de sol... y un amanecer... en el mismo día...
  38. La amargura de las oportunidades perdidas, vistas por el prisma de la razón...
  39. La enorme satisfacción de haber encontrado ese pequeño puñadito de amigos, que te hacen sentir bien, te apoyan, ir juntando a personas dispares... y que vayan creciendo...
  40. El inmenso placer y privilegio de conocer y leer a otros "bloggers" y escritores, compartiendo un sueño... que se complementa con el inmenso orgullo de que un puñado de irreductibles galos me esté leyendo, y comentando...
  41. La tristeza de aquello que jamás conseguiré...
¿Más viejo? Es posible... ¿Más sabio? Tal vez... pero siempre, con un corazón demasiado grande... y demasiados sueños por perseguir... Porque dentro de pocas horas cumpliré cuarenta y un años... y todavía no sé si debo soñar, llorar, reír o sonreír...

lunes, 16 de mayo de 2011

La abuela Rose …

TOMADO DEL BLOG "ADAIP, EL CIUDADANO DEL MUNDO", DE JAUME GUIOT.

 

El primer día en la universidad nuestro profesor se presentó y nos pidió que procuráramos llegar a conocer a alguien a quien no conociéramos todavía. Me puse de pie y miré a mi alrededor, cuando una mano me tocó suavemente el hombro. Me di la vuelta y me encontré con una viejita arrugada cuya sonrisa le alumbraba todo su ser.

"Hola, buen mozo. Me llamo Rose. Tengo ochenta y siete años. ¿Te puedo dar un abrazo?". Me reí y le contesté con entusiasmo: "¡Claro que puede! Ella me dio un abrazo muy fuerte. ¿Por qué está usted en la Universidad a una edad tan temprana, tan inocente?", le pregunté.

Riéndose, contestó: "Estoy aquí para encontrar un marido rico, casarme, tener unos dos hijos, y luego jubilarme y viajar".

"Se lo digo en serio", le dije. Quería saber qué le había motivado a ella a afrontar ese desafío a su edad.

"¡Siempre soñé con tener una educación universitaria y ahora la voy a tener!", me dijo.

Después de clases caminamos al edificio de la asociación de estudiantes y compartimos un batido de chocolate. Nos hicimos amigos enseguida. Todos los días durante los tres meses siguientes salíamos juntos de la clase y hablábamos sin parar. Me fascinaba escuchar a esta "máquina del tiempo". Ella compartía su
sabiduría y experiencia conmigo.

Durante ese año, Rose se hizo muy popular en la Universidad; hacía amistades a donde iba. Le encantaba vestirse bien y se deleitaba con la atención que recibía de los demás estudiantes. Se lo estaba pasando de maravilla.

Al terminar el semestre le invitamos a Rose a hablar en nuestro banquete. No olvidaré nunca lo que ella nos enseñó en esa oportunidad. Luego de ser presentada, subió al podio. Cuando comenzó a pronunciar el discurso que había preparado de antemano, se le cayeron al suelo las tarjetas donde tenía los apuntes.

Frustrada y un poco avergonzada se inclinó sobre el micrófono y dijo simplemente, "disculpen que esté tan nerviosa…. Hace un par de generaciones que no hablo en publico …"

"No voy a poder volver a poner mi discurso en orden, así que permítanme simplemente decirles lo que sé."

Mientras nos reíamos, ella se aclaró la garganta y comenzó: "No dejamos de jugar porque estamos viejos; nos ponemos viejos porque dejamos de jugar. Hay sólo cuatro secretos para mantenerse joven, ser feliz y triunfar.' Tenemos que reír y encontrar el buen humor todos los días. Tenemos que tener un ideal. Cuando perdemos de vista nuestro ideal, comenzamos a morir.

¡Hay tantas personas caminando por ahí que están muertas y ni siquiera lo ven!' Hay una gran diferencia entre ponerse viejo y madurar. Si ustedes tienen diecinueve años y se quedan en la cama un año entero sin hacer nada productivo se convertirán en personas de veinte años. Si yo tengo ochenta y siete años y me quedo en la cama por un año sin hacer nada tendré ochenta y ocho años.

Todos podemos envejecer. No se requiere talento ni habilidad para ello. Lo importante es que maduremos encontrando siempre la oportunidad en el cambio.

No me arrepiento de nada. Los viejos generalmente no nos arrepentimos de lo que hicimos sino de lo que no hicimos. Los únicos que temen la muerte son los que tienen remordimientos."

Terminó su discurso cantando "La Rosa". Nos pidió que estudiáramos la letra de la canción y la pusiéramos en práctica en nuestra vida diaria.

Rose terminó sus estudios. Una semana después de la graduación, Rose murió tranquilamente mientras dormía. Más de dos mil estudiantes universitarios asistieron a las honras fúnebres para rendir tributo a la maravillosa mujer que les enseñó con su ejemplo que nunca es demasiado tarde para llegar a ser todo lo que se puede ser.

TOMADO DEL BLOG "ADAIP, EL CIUDADANO DEL MUNDO", DE JAUME GUIOT.

viernes, 6 de mayo de 2011

¿SOLEDAD, DIVINO TESORO?

Hay palabras que me dan miedo... la peor de todas, es la soledad... quizás porque he pasado demasiados años solo, incluso en medio de la gente, o porque algunos de los recuerdos que se te graban durante la infancia te persiguen durante toda tu vida, sin importar lo que hagas para exorcizarlos... Odio la soledad... se entiende, la soledad no deseada, aquella que te viene impuesta por las circunstancias...

Llevo demasiado tiempo trabajando al otro extremo de un uniforme, en el lado más marrón y beige, o verde y beige, de la vida, y supongo que ya debería de haber generado los suficientes anticuerpos para inmunizarme contra ella... Mientras seas el único de tu especie en un lugar público, te sentirás solo... Al menos, esto no es un comercio... Durante casi tres meses, estuve de vigilante en un centro comercial, y me sentía fatal cada vez que la típica madre estresada y atareada, que no consigue hacerse con sus fieras, les lleva donde yo estoy, controlando al personal y a los clientes, me señala con el dedo, y le dice, muy seria, a su churumbel: "Mira, que como no seas bueno/buena, este señor te lleva al cuartito..." ¡Señora mía, si supiera usted por qué motivos llevamos a los ladrones al cuartito, y lo que suele pasar después (depende del jefe de tienda llamar o no a la Policía), no lo utilizaría como amenaza! Luego, cuando tienes que llevar a dicho cuarto a una ladrona de las que usan el carrito de bebé y la propia ropa del niño como camuflaje, te aseguras de entrar por parejas, y si no hay ninguna vigilante en el centro, esperas hasta que baje una empleada, o venga una agente de la policía...

Sí, he pasado demasiadas noches al raso, vigilando caminos en una puta nave desierta... He soportado demasiadas veces el desprecio de gorilas humanos, de personas muy nerviosas y de niñatos de instituto (al menos, casi todos los grupos que entraban en Canal + para uno de sus programas estrella)... incluso de delincuentes en cierto ministerio... También he vivido demasiados amaneceres, como para emocionarme con los primeros rayos del sol... y, sin embargo, es una de las pocas cosas que me dan esperanza...

La soledad en el ámbito laboral puedo entenderla, es uno de los requisitos del puesto, como quien dice... y trabajando a turnos, con eso diez minutos de conversación y novedades, tampoco hay ocasión de sentir el famoso "espítiru de cuerpo"... Pero no me quejo: estoy en un buen sitio, tengo una buena compañera, y un par de buenas amigas... además de no pasar frío, ni calor... y tener el servicio cerca...

Dice el refrán que nunca estás del todo solo, si tienes un amigo... y mi pregunta es bien sencilla: ¿los gatos cuentan? Porque en ese caso, ya tendría dos amigos a toda prueba, y un par de decenas de amigos en la red, que tampoco necesitas mucho más... Es curioso: gracias a las redes sociales, puedes tener amigos por todo el mundo, incluso en países que no eres capaz de ubicar en el mapa, y que posiblemente jamás en tu vida conocerás, salvo por fotos... Y no deja de ser importante la labor realizada por las redes sociales: son buenos paliativos para algunas carencias del alma... o como diría mi querido amigo Maslow, "la necesidad de pertenencia al grupo", y "la necesidad de referencia hacia el grupo". En el fondo, aquellos son los motivos que nos llevan a los seres humanos a cometer las mayores estupideces...

Durante los últimos cuarenta años, he formado parte de algunos grupos, unos buenos, otros malos: "el clan de los estudiosos", "los gafapasta", "los mantas" (en el deporte), "el primer grupo de Castores" (Bárcena Mayor), un "dojo", un "club de montaña", un par de asociaciones estudiantiles, "los malotes del insti", los "fabricantes de volcanes en la playa", "la agrupación de amigos fieles", los "fumadores", los "veteranos Boinas Verdes"... incluso durante varios meses estuvimos en un grupo de matrimonios...

Por supuesto, el club más selecto de todo es el que forma una pareja (o un trío, si contamos al gato), no me hubiera importado aumentarlo un poquito más, pero de momento me conformo con unas cuantas plantas, y un proyecto de perro... Es cierto, por parte de mi mujer, sigo teniendo una familia bastante amplia, un pueblo al que viajar si necesito perderme, y un coche que me puede llevar a cualquier parte en pocas horas (que el teletransporte no existe, por mucho que lo use el doctor Spock)...

Pero me sigue dando miedo aquella palabra, "soledad"... se entiende que la no deseada... La del abuelo que se muere de tristeza, literalmente, en su casa, y nadie se percata de ello hasta que empieza a oler... La soledad de cuando no te importa nada ni lo que comes, o cómo te vistes, o si estás o no aseado.. La sensación de haber desperdiciado los mejores años de tu vida... La soledad de la ausencia de la persona amada, cuando tu existencia deja de tener sentido... 

¿Y cómo luchas contra esa soledad? Muchas veces, depende de la edad, y por supuesto, de los recursos... Sin salir de casa, las posibilidades son muy grandes: dormir la siesta, hacer una maqueta, escuchar música, leer un buen libro (o uno mediocre), escribir, hacer un puzzle... inlcuso ponerte a limpiar los cristales, o en mi caso, ordenar las estanterías, pues tengo libros en doble y triple fila... Lo que sea, con tal de no estar inactivo... Porque a veces, el tiempo es el mejor aliado, todo vale con tal de no quedarse en la cama, a contar los minutos con ojos de miope...

¿Y fuera? Como siempre, dependerá de tu grado de soledad, y de tu necesidad de compañía... Si eres poco exigente, un paseo, tranquilo, con la radio o el MP4, sin prisa... También puedes retomar tus conocimientos de patinaje... Pero casi todas las vece, me conformo con ir  a hacer la compra al mercado, ver las mercancías, los puestos, la gente que pasea, admirando los trozos de queso, los encurtidos, y mil cosas más, que atraen la atención... Aunque no compres nada, por lo menos paseas... Pero casi siempre, combino varios vicios menores, y me pongo a leer, en un banco, sintiendo el calor del sol...

Disfrutar, amigo mío, en el fondo, de eso se trata: de disfrutar, incluso de la soledad no deseada...


lunes, 2 de mayo de 2011

FIEBRE...

La fiebre no debe ser una buena consejera, sobre todo cuando se prolonga varios días, pero supongo que es algo a lo que te vas acostumbrando, incluso a veces, le puedes coger cariño... Esa sensación como de estar flotando, cuando nada te importa ni la gente ni el mundo... Ese ataque de egoísmo aparente, cuando tu vida, demasiadas veces, está formada por concesiones, negociaciones y mentiras... de esas que te ayudan a mantener la farsa de tu presente... 

Porque así es como te sientes: como un farsante, no de cara a los demás, sino a ti mismo... y eso es lo más grave, puesto que eres una de las pocas personas a quienes no puedes engañar... normalmente... Sentimientos, en el fondo, se reduce a eso, a formar parte de algo superior, ya sea una entidad laboral, un colectivo (aunque tengo más de perro guardían que de oveja)...

Fiebre, sin duda alguna, debe ser eso, porque siempre me baja las defensas, disminuye el nivel de autocontrol, y al final, puede terminar ocasionando desastres de magnitudes épicas.... Y sobre todo, te hace plantearte lo que sientes por los demás, y corres el brutal riesgo de despertar lo que late en las profundidades de tu corazón... ¡Sentir, y no solo eso, decirlo!

¿Y si el perro guardián se pone a pensar como las ovejas?¿Si de repente, comienza a sentir "esas cosas" de las que hablan, como la empatía, la amistad, el amor, la solidaridad?

 Tal vez, por eso nunca me he alegrado tanto de ser un programa informático... y de que todo se pueda arreglar con un "Bienvenido, agente Smith"...

miércoles, 30 de marzo de 2011

744 HISTORIAS, SUEÑOS, POEMAS...

Hoy, necesito recordar, saber cómo he llegado hasta este punto, y tal vez, descansar un poco... El exorcismo emocional y sentimental parece estar terminando, y en mi interior encuentro un extraño sentimiento... tal vez el cansancio...  la pereza... quizás la paz... Escribir por placer es hermoso, pero más aún lo es cuando un pequeño grupo de irreductibles galos están al acecho de tus "monstruitos"... y de vez en cuando se dejan caer por tu blog...  Gracias a todos vosotros, por haber estado allí a mi lado...

Mas ahora, las ideas se resisten a nacer en la punta de mis dedos desde hace varios días, escribo más por disciplina que por placer... y quizás, he alcanzado la paz con muchas facetas de mí mismo, y de mi pequeño mundo... Los muertos descansan en sus tumbas de recuerdos, uno de ellos envuelto en su bandera republicana... Los viejos amores han regresado a los sueños y a los reinos de lo imposible... Decenas de sonrisas, de mujeres y adolescentes, han alcanzado su destino... Mi abuelo y mi padre han regresado desde la tumba, cargados de recuerdos, muchos de ellos buenos... Y tal vez, me siento más fuerte para seguir persiguiendo sueños y quimeras... Que ya he cumplido setecientas cuarenta y cuatro historias, cuentos, poemas, pesadillas...

Sin embargo... Hoy ninguna historia quiere nacer desde mis mundos de tinta... En mi corazón reina el vacío... Una pequeña balsa, en medio del mar, amparada por la oscuridad eterna... y yo me encuentro en ella... Entre mis planes inmediatos, terminar la primera entrega de "Hombres de Tinta 2011, volumen I", que distribuiré, como siempre, a los más fieles de los irreductibles galos... También quisiera terminar el segundo libro de poesía, a la venta, como los otros tres, en la editorial Bubok: "Un leve rastro de versos", "Cansada de ser una muñeca" (novela-blog escrita con Beatrice Golden) y "Historias a media voz (Memorias amorosas de una década en la radio)"; además de conseguir publicar el volumen de historias de terror... y terminar la novela de ciencia ficción...

Pero hoy, la fuente de las palabras se ha secado... y no me apetece forzarla... Por eso, me retiro por unos días, cuestión de enfocar de nuevo las prioridades... y los sueños...


 
Es el momento de escribir aquella palabra, que da tanto miedo... que tiene cierto regusto al adiós...


CONTINUARÁ.....

viernes, 25 de marzo de 2011

ORGULLO Y PEREZA

Algunos días, te despiertas a trompicones, apurando demasiado la prorroga del despertador (menos mal que mi mujer duerme con tapones... si no, igual se mosqueaba...), y con la impresión de que cualquier cosa, casi siempre mala, puede suceder en el intervalo entre el despertar y la siesta... y entre la siesta y el momento de irse a la cama... La cama... pequeño territorio, donde casi todo es posible, y el lugar perfecto para escapar del mundo...

Hoy, me siento como Nemo en su acuario, esperando la visita de la sobrina del dentista... salvo que no soy de color naranja-butanero, sino marrón y beige... También me identifico con la estrella, observando el mundo desde otro lugar... lo que no deja de ser una postura bastante cómoda... incluso con el cangrejo de acento francés... Además, el cansancio acumulado da la impresión de aislarte, creando un campo de contención frente a las malas influencias, y manteniendo al mismo tiempo las perspectivas... Es curioso, llevo toda la mañana pensando en películas de dibujos animados... Al hablar de "perspectiva", me acuerdo del crítico Anton Ego... "Sírvame un poco de perspectiva..." ¡Como si fuera tan fácil!

La única "perspectiva" en la que llevo varios días pensando es que no debo comerme tanto la cabeza por cosas de escasa importancia, como estar bloqueado en la novela de ciencia ficción que estoy escribiendo, no haber recibido una respuesta de la nueva editorial (ellos se lo pierden, utilizaré la de siempre), o el complejo de "material no solicitado" (también relacionado con otra editorial)... aunque el cambio de cama también influye en la menor calidad de las horas de sueño... El tiempo parece no tener sentido, y se estanca como el agua en cualquier pantano... y pasa con demasiada lentitud... No debe ser muy sano levantarte (más bien tirarte) de la cama, pensando en las horas que te faltan para dormir la siesta...

Orgullo y pereza... mis viejos y queridos amigos...

miércoles, 23 de marzo de 2011

RECORDANDO EL HUMO EN LOS OJOS...

Todavía recuerdo el acre sabor del tabaco de pipa, deslizándose suavemente por mi garganta... El olor, dulzón y vagamente afrutado de la mezcla especial... Tabaco rubio de Virginia, mi preferido, aunque lo alternaba con un par de marcas presuntamente holandesas... De aquellos tiempos de fumador de pipa, añoro muchas veces el ritual, la relajación que representaba para mí sentir la bocanada de humo en la garganta, su calor, y cuando lo has paladeado, exalarlo muy despacio... Casi siempre, representaba el final de una jornada de trabajo, aquellos minutos en los que me sentaba en el sillón de orejas, con las zapatillas, algo de música (casi siempre, jazz), y el gato en el regazo... y me olvidaba del mundo... De vez en cuando, saco la vieja pipa de madera de brezo de su caja de madera, los dos paquetes de tabaco que más me gustaban (uno americano, otro sueco), y preparo la mezcla, aunque sin rellenar la cazoleta, y mucho menos, sin prenderla. Son gestos ancestrales, ritos que permiten restaurar la calma, y tal vez, incluso recordar buenos momentos...

Empecé a fumar muy pronto, a los 13 años, y no supuso un gran cambio, puesto que mi padre era un fumador empedernido de Ducados, a veces creo que era capaz de fumar incluso en la ducha, como uno de mis profesores de RNE... En casa, era "cosa de hombres", quizás por eso no me lo pensé mucho, cuando por primera vez un compañero de instituto me ofreció un "Fortuna" antes de un examen bastante complicado y, en parte por el mareo, y en parte por llevarlo bien estudiado, aprobé, creo que con nota... Desde aquél día, se convirtió en una especie de tradición el fumar un cigarrillo antes de los exámenes, casi siempre "gorroneado" (el "gorroneo", curiosa táctica que no pasa de moda)... hasta que me compré el primer paquete de tabaco rubio, como siempre, en el puesto de chuches de la plaza...

Era difícil justificar el que todos los días volviera a casa apestando a tabaco, y que siempre tuvieran la culpa los demás, "los chicos mayores", o la gente del metro... Mi padre no olía nada, algo normal en los fumadores empedernidos (cuando murió, fumaba dos paquetes y medio de "Ducados"), pero a mi madre no se las daba con queso, me temo... Lo complicado era fumar en casa, por lo que me escondía en el cuarto de baño blanco, que tenía una ventana de gran tamaño, y mediante toallas agitadas al viento formando un remolino, intentaba que se fuera el pestazo... Un buen día, mi madre me preguntó si fumaba, porque el gasto en ambientador, desodorante y colonia se disparaba después de cada una de mis "expediciones"... sin contar con que para mí sería más cómodo fumar sin esconderme. No tendría más de 15 años cuando se hizo "oficial", y fumé por primera vez delante de la familia...

Quizás las cosas han cambiado mucho desde entonces, pero lo que más nos motivaba a fumar eran dos cosas: pertenecer al grupo de "los malotes", y sentirte mayor al hacer algo prohibido... En nuestro instituto, establecieron un fumadero al aire libre, y allí nos concentrábamos durante los recreos, en un angosto pasaje que llevaba al baño del patio y a las cocinas... Parecíamos un atajo de presos... Luego, a partir de los 15 años, nos dejaban salir a la calle (con autorización paterna), para desayunar, y era nuestra costumbre el sentarnos en los bancos de un pequeño parque, en la puerta de un instituto privado... Nuestro aspecto no podía ser más diferente: nosotros, con las botas y chupas de cuero negro, pantalones vaqueros azules o negros, y las camisetas heavys; y ellas, de uniforme, desde los zapatos negros, los calcetines blancos, la falda escocesa a cuadros azules y verdes, la blusa blanca y la chaqueta verde oliva... Nosotros, fumando como carreteros, y a la hora de comer, también nos gustaba ir a aquél parque... Nadie diría que pertenecíamos a un colegio/instituto privado y extranjero...

Empecé a fumar por los motivos habituales, me terminé enganchando a los "Marlboro" americanos, y tampoco le hacía asco a los "Camel", pero siempre americanos y de contrabando... Eran los años ochenta, y el tabaco seguía poseyendo cierta aureola de romanticismo... Nuestro inconsciente colectivo estaba dominado por suntuosas bocanadas de humo de Lauren Bacal, Rita Hayworth, y Humphrey Bogart... y cientos de referencias más modernas, como "Flashdance", "Fama"... Las películas nos enseñaban a utilizarlo incluso como forma de relajarnos, de alternar socialmente, y de excusa fácil para ligar... "¿Estudias o trabajas?" era demasiado carca, y todavía eramos demasiado jóvenes para utilizarla... Eran muchas las chicas que se acercaban con un pitillo en los labios, y preguntaban con voz un poco ronca eso de "¿Tienes fuego?"... Quizás era la frase más esperada durante los recreos, en las comidas fuera del centro, y sobre todo, en las noches por Montera... y otras zonas de Madrid, como los bajos de Moncloa... Cada generación se empeña en ser los inventores de algo, nosotros adaptamos el botellón y el consumo social de cerveza... Las famosas litronas de Mahou bien fresquitas que vendían en las gasolineras y en muchos comercios, sin pedir el DNI... Quizás, la mayor diferencia con los actuales practicantes fuera el carácter lúdico, y que recogíamos todas nuestras huellas al terminar... En aquellas noches, había que salir con dos o tres paquetes, si querías estar bien equipado... aunque según pasaban las horas, terminabas fumando cualquier tabaco, de cualquier persona o animal que estuviera a tu lado...

En el fondo, te acostumbras y te adaptas a todo, a los nuevos ambientes... En la Universidad, si ya fumabas, empiezas a fumar más, o eso parece, puesto que el consumo se multiplica: en cuanto los compañeros de clase, fumadores de "Fortuna" y de "Ducados" olían el tabaco americano, enseguida salían peticionarios de todos los sexos posibles... y no vas a decirle que no a una compañera de clase, o un compañero... Llega también la temporada de las fiestas, el último en quedarse sin tabaco era casi el rey...

En un momento dado, te das cuenta de que fumas por vicio, no por gusto, y te pones a pensar en los más especiales del día... Mis favoritos eran el de después de desayunar, después de comer, y después de cenar... Sin embargo, más por reflejo que otra cosa, enciendes multitud de cigarrillos que no necesitas: uno en el paso de cebra, mientras esperas que se ponga verde el semáforo, otro después del aperitivo, uno al ponerte en marcha con el coche, dos o tres por el nerviosismo antes de un examen... Y te planteas que ha llegado el momento de dejarlo, cosa que hice durante un año y pico... Por supuesto, al principio estás muy nervioso, necesitas otro vicio que te haga disminuir la ansiedad, yo me enganché a los chicles de limón. Volví durante la mili en el año 1994, a los 24 años y con la carrera de periodismo, era de los más viejos de la Compañía 11 de la Base de San Pedro... Mal momento para intentar dejarlo, con guardias interminables en mitad de la noche, una semana de maniobras al mes y, en el fondo, demasiado tiempo que matar...

Hasta el año 2001 no me planteé dejarlo en serio, mi novia también fumaba muchísimo, y de todas formas, cuando te acostumbras a un vicio... es muy duro cambiarlo por otro... Mi padre me ayudó, al enfermar de cáncer, por culpa de su desaforado consumo de "Ducados"... Recuerdo como una experiencia aterradora su enfermedad, cuando perdió la capacidad de hablar, los efectos que tenía en su debilitado organismo la quimioterapia y la radioterapia, a las que accedió someterse "in extremis", quizás sintiéndose culpable por no haber decidido tratarse antes o cuando tenía un remedio más sencillo. Llegó vivo a nuestra boda, aunque su degeneración se agudizó tras ella, y un mes y tres días después, falleció. Sin poder hablar ni comer, mantuvo hasta el final su dependencia de la nicotina. Convertido en poco más que una ruina babeante y con los sentidos embotados por la morfina, y sin ninguna sensibilidad en lo que antes fue su lengua, al hacer limpieza de su bata, su pijama, la mesilla de noche y una chaqueta, encontramos 4 mecheros, 2 ceniceros bajo la cama, y 7 paquetes de tabaco... Me quedé con las ganas de meterlos en su ataúd, antes de la cremación, para que hiciera su último viaje acompañado por sus viejos amigos...

Cuenta la leyenda que una de las últimas cosas que me dijo mi padre, entre balbuceos, fue que dejara de fumar... Al menos, es lo queme pareció entender; si bien no hay nada como el ejemplo de una vida arruinada por el cáncer provocado exclusivamente por el tabaco, para que te replantees muchas cosas... No fueron unos meses fáciles, reduciendo poco a poco la cantidad de nicotina consumida al día, venciendo el estrés de un trabajo nuevo en el que te sientes el último mono (estuve dando clases de francés en varios institutos). En el año 2000 empecé a fumar en pipa, en las circunstancias de las que hablé antes, casi siempre en casa, o bien dando un paseo, pero también en el nuevo trabajo, durante la guardia nocturna, al volver a casa... Fui saltándome cigarrillos, dejé de comprar la marca que me gustaba, me pasé al tabaco negro, pues mi objetivo era celebrar nuestro primer aniversario de bodas abandonando el tabaco.

Llevo 8 años "limpio", procuro alejarme de las personas que fuman o que huelen mucho a tabaco, y si empecé a ir de nuevo a los bares y cafeterías con más asiduidad, fue por la famosa ley anti-tabaco. Durante una temporada, pusimos en una hucha el dinero que antes nos gastábamos en cigarrillos, y con eso nos pagamos las vacaciones de verano. Soy socio de la AECC, aunque no colaboro mucho con ellos, me temo... Recuerdo muchas cosas de mis años de fumador, algunas de ellas francamente olvidables, como los costipados, la ronquera, la afonía matinal, al margen del desembolso económico y de la dependencia, es una droga dura, por mucho que digan lo contrario... También recuerdo cosas buenas, ùltimas caladas compartidas con la persona amada, el sabor de una buena pipa, el brillo del fuego en la cazoleta... y de vez en cuando, al notar de nuevo la ansiedad generada por el tabaco, cuando la tentación es demasiado fuerte y me falta poco para salir a comprar tabaco... Recuerdo el rostro de mi padre, sus últimos días... Y respiro, muy lentamente...