lunes, 21 de diciembre de 2009

ECLIPSE DE LUNA





Si algún día me preguntases


"¿Cuándo te enamorastes de mí?",


tendría que mentirte, mi sueño,


al igual que me engañé a mí mismo,


pues te respondería "No lo sé", o bien


"Cuando saliste de mi vida la primera vez"...






Mas en el fondo, sería un doble engaño,


pues de sobra conozco y recuerdo el momento:


el mismo instante en que te ví, al entrar,


cuando alzaste la cabeza y descubrí,


detrás del telón de tu melena castaña,


tu ojos profundos, oscuros, hechiceros...






"¿Eres un ángel? ¿Eres una diosa? ¿Una sirena?",


todas esas cosas, y otras muchas, te quise preguntar,


pero perdí la voz, y la cabeza, y el corazón,


cuando humedeciendo con la lengua tus tersos labios,


sellaste mi destino al decirme tu nombre,


y darme la mano, y un beso en la mejilla...






Poco recuerdo de aquella tarde que pasamos juntos,


enseñandome, aprendiendo, todos los mínimos detalles


del nuevo destino, con el cuerpo todavía oliendo


al Ministerio más utópico, y disfrutando plenamente


de tu voz, de tus palabras, de tu presencia,


de tus gestos, de tu aura, de todo tu ser...






Si alguien me hubiera dicho que, a mis años,


con mi vida organizada, mi compañera,


con el corazón encerrado bajo siete llaves,


me iba a volver a enamorar, de tal manera,


con tanta fuerza, sin esperanza alguna,


le habría respondido: "Lo siento, te equivocas."





Mas en el fondo de mi alma, yo lo sabría,


y tendría que darte la razón, porque la tienes,


reconocer ante tí, dulce y suave hechicera,


que te entregué mi alma nada más verte,


y en vez de decirte que no me interesaba el destino,


decidí quedarme, para verte, por tí...







Compañeros de fatigas, de risas y de pesares


durante dieciocho meses, mas en el fondo,


tan juntos como la luna y el sol, o sea, nada,


vivía esperando el pasajero eclipse diario,


para exprimir cada momento de aquellos minutos


en que tu luz calentaba mi viejo corazón...





LLegó el verano, y la ropa se fue desprendiendo


de tu altivo, desconocido y hermoso cuerpo,


desaparecieron chaquetas, jerseys y guantes,


y llegaron polos, camisetas, piratas, alguna falda,


y cada tarde, al filo de las dos, de tu crisálida uniformada,


salía la más bella de las mariposas adolescentes...






¡Dios, cuanta inocente belleza desplegabas ante mí!


¡De cuanta ternura y simplicidad disfruté en tí!


Y como toda mujer realmente hermosa, y que lo sabe,


jamás hacías ostentación, te sonrojabas,


y encontrabas y alababas, en las demás mujeres,


la hermosura que fieramente negabas en tí...




Te tuviste que ir, a otro destino, buscando algo de paz,


confundí mi lugar, y te perdí, tal vez para siempre,


y con buenos motivos... y por eso te escribo...


para de esta manera, canalizar las lágrimas,


y seguir viviendo, trabajando y soñando,


lejos de tí, mi sol, mi hechicera, mi Princesa...












sábado, 19 de diciembre de 2009

EL MOMENTO DE LA VERDAD


Después de tanto tiempo, ha llegado el MOMENTO DE LA VERDAD, así, con mayúsculas, y no le pongo signos de exclamación, porque no me gustan... Pero mejor os explico los antecedentes...



Todo empezó hace diecisiete meses, dos días y cuatro horas, sí, me gusta mucho dar detalles matemáticos... que no en vano, en el curro, contaba la jornada en minutos, y en modo cuenta atrás... aunque imponía un poco, lo de decir: me quedan cuatrocientos cuarenta minutos (en segundos, acojona más: seis mil cuatrocientos) para volver a casa... Cuando mi mujer se cansó de aguantar mis suspiros por los rincones, mis quejas ("Creo que nos falta algo para ser felices" le ponía de los nervios, pero cuando empezaba con "Tenemos una casa grande, y seguro que a Chiqui te gustará tener compañía..", directamente o me tapaba la boca, o me daba un cachete... pero si unos minutos más tarde seguía con una ración de "¿Será que no funcionamos como matrimonio?", ya podía salir corriendo, pues el castigo era guerra de cosquillas...y yo tengo cosquillas por todo el cuerpo...), al final, nos fuimos a un ginecólogo que nos habían recomendado, y empezamos con las pruebas...


Bueno, mejor dicho, empezamos con "mis" pruebas, ya que dos años largos de intentos a lo "Maybe baby" no habían dado ningún resultado tangible... bueno, quitando algún que otro mínimo atisbo de ilusión cuando la puta señora de rojo se retrasaba en su visita mensual... pero luego, nada de nada... Sí, lo reconozco, después de siete años de matrimonio, mi reloj biológico se está descontrolado: me emociono cuando veo a una mujer embarazada (cuanta más barriguita, mejor), me paro delante de los escaparates de las tiendas de moda para bebés (ya he comprado un chandal, cuatro pares de calcetines y un gorrito, los tengo escondidos en mi armario), analizo las condiciones de seguridad de los carritos (el que me gustaba, de tres ruedas, además de costar una pasta, no tiene abs), en todos los sitios donde voy, pienso en cómo estaría un bebé (esas putas escaleras mecánicas pueden ser peligrosas), y siempre cedo mi asiento a las embarazadas en el metro, en el autobús... Vamos, que realmente quiero ser padre... y afortunadamente, he logrado convencer a mi mujer...


Acudir a una consulta de fertilidad (bueno, más bien de infertilidad), no es de ninguna manera un plato de buen gusto, porque es reconocer explícitamente que, como la madre naturaleza no está por la labor, habrá que echarle una manita. El doctor (que bien podría ser un médico brujo o un chamán, por la manera en que estamos completamente pendientes de sus palabras), nos va explicando de manera bastante clara una fórmula universal: si no hay bebé, algo falla. Y, por lo tanto, como solo somos dos (si fueramos seis o siete, tendría un harén, pero no es el caso), quiere decir que uno de los dos "no funciona". ¿Y a cual de los dos es más fácil hacerle las pruebas? Bingo: a "Otello, vuelve el hombre"... Parece mentira que, algo tan natural desde la adolescencia (el onanismo), pueda convertirse en un auténtico problema para tantos hombres... pero también es algo comprensible, por las circunstancias: llegas a la sala de espera del centro de recogida de muestras, y te encuentras con otras cinco o seis parejas, sentadas en una amplia sala. Te toman los datos como si fueras un criminal de guerra (unos días antes, has tenido que pasarte por tu sociedad médica, para que te autoricen el seminograma de los cojones, y ya te has sentido un poco violento por la cara de compasión que se le ha puesto a la secretaria), y luego te dan un botecito, y sigues esperando... por supuesto, no falta el cartel de "Se ruega comprueben que el tarrito de muestras está bien cerrado, y no lo depositen sobre el mostrador". Una hora después, se acerca un celador, dice tu nombre, y te acompaña a una salita, donde rellenas otro cuestionario, al fondo hay una puerta, que se abre a un glamuroso retrete, con una tele con dvd sobre la que reina un cartel donde ponen "Peli porno"... me dan ganas de preguntar si no tienen documentales de National Geographic, que son mucho más interesantes... Para qué dar más detalles (de todas formas, no los iba a dar), cuando terminas, dejas el tarrito sobre una bandeja de calentamiento, te preguntan por la experiencia, y no puedo evitar decir: "Pues mira, muy poco glamour, mucho frío... quizás con luces indirectas..."


Una semana después, recojo el veredicto, y volvemos al centro de fertilidad (privado)... Después de unos minutos, el mazazo, quiero decir, el diagnóstico: mis soldaditos son, en un ochenta y cindo por ciento vagos y maleantes, y el resto, parece que son monstruitos de Michael Jackson, moviendo la colita al ritmo de "Thriller"... aunque enseguida el doctor se apresura a comentar que es algo muy habitual, por culpa "de la alimentación, de los aditivos, de los calzoncillos de licra, de la polución atmosférica" y de mil cosas más... Por lo tanto, nos ofrece varias alternativas, que van desde la microinyección espermática hasta la fecundación in vitro, suponiendo que finalmente no optasemos por un donante, o directamente por la adopción. Eso suponiendo que mi mujer no tenga problemas de fertilidad, claro... y la única forma de saberlo es con una prueba específica, que se realiza en la oncena o duodécima jornada de su ciclo menstrual, y finalmente nos citan para un domigo a las diez de la mañana... Las distintas ecografías demuestran que todo va bien por su parte, aunque el ovario derecho es el que funciona mejor. Y tampoco será necesario realizar un ciclo de hiper-estimulación ovárica, por lo que de momento, usaremos la técnica de la microinyección.


Nos ponemos en marcha... y no es que se trate de un procedimiento especialmente agradable, al menos para mí, pues para cada intento hace falta material nuevo, y sobre todo, con varios días de abstinencia, no solamente sexual, sino de ciertos alimentos y bebidas, como el café, mira que quitarme el café, hay que se malvado... Con el tarrito de la muestra en la mano (¿Por qué demonios los hacen tan grandes? No conozco a nadie capaz de llenarlo, ni siquiera Rocco Sifredi) y cierta cara de culpabilidad, se lo entrego a un técnico de laboratorio. Prefiero no saber lo que hacen después con mis soldaditos, por lo visto, los mezclan con una solución de encimas y de proteínas para favorecer la motilidad y la viscosidad (¿será que los mezclan con red Bull?), y luego, los insertan en el lugar adecuado, pues mi mujer estaba esperando pacientemente en el quirófano... Lo más complicado del procedimiento es ajustar el calendario, pues mi mujer y yo tenemos turnos contrarios en el trabajo, con lo que tengo que andar pidiendo favores a mi jefe y a mi compañero. Bueno, al margen de que no me quieren dar la pipeta como recuerdo, por lo que no podré enseñarsela a nuestro hijo cuado sea mayor, y me pregunte: "¿y quién es mi padre?" Eso por no mencionar que, con los ciclos de abstinencia previos a cada intento, no hago más que mirar el calendario, para comprobar si podemos hacer o no el amor... ¡vaya mierda, esto del sexo en diferido!


La primera vez, nada... Puntual como un reloj la puta señora de rojo (pariente del Hombre Mediatis, seguro) manda al sexto infierno mis ilusiones... La segunda vez, hay un pequeño retraso (compro un gorrito azul, y otro rosa, para recién nacido, y encargo el carrito que me gusta), pero luego, se va al garete (y no puedo devolver el carrito)... Pero a la tercera, según mis cálculos y el Anuario Zaragozano, la falta es de tres días, luego de cuatro, de cinco, de seis... volvemos a la consulta... Se confirma: ¡voy a ser padre a los 40!... bueno, y mi mujer, será madre a los treinta y cinco... que sin ella no podría haberlo logrado... Porque sinceramente, no tengo el mismo cuerpo que Swarzenegger en "Junior" (aunque está genial, con el pelucón rubio, super embarazado, haciendo de ex-atleta de los países del Este)...


Esa noche, nos vamos a cenar fuera, comida italiana, un sitio romántico, para mí una copa de vino Lambrusco, para ella agua mineral sin gas... Nos parece mentira, y por supuesto, las cosas pueden salir mal... pero tenemos confianza.... sobre todo, porque su ginecólogo y su cardiólogo trabajan en su hospital, y eso es muy importante... Las primeras en saberlo son las futuras abuelas, la tía, el único abuelo... Esperamos unos días, hasta que pasa el primer mes... Y un buen día, lo anunciamos en el trabajo: en mi caso, un par de cajas de bombones y unos cuantos pastelitos, en el de mi mujer, lo mismo, pero con algunos zumos y cervezas sin alcohol...


¿Que tendrá la paternidad, y la maternidad, para que te cambie tanto la vida? De repente, empiezas a considerar posibles cambios y mejoras, sobre todo, en la casa, para que sea más cómoda, y te planteas algo similar en tu trabajo: aspirar a un nuevo puesto de más responsabilidad, pedir un aumento de sueldo, y sobre todo, intentar no meter la pata, pues no está el mercado laboral como para hacer el gilipollas... Y luego, en cuanto se corre la voz, empiezan a llegar las palabras de ánimo, algunos pequeños regalos que te emocionan muchísimo, como el libro de cuentos de Ciudad Esmeralda que te trae Patricia, la señora de la limpieza, la grabación de una nana que te envía Isabel, los mensajes de apoyo y de felicitación desde el carapocha, los patucos y baberos a juego que te ha hecho tu madre (y mira que no quería hacer más labores), las nanas en francés que te regala tu hermana, el día en que trajeron a casa la cuna completamente restaurada por el futuro abuelo fue precioso, los consejos de mi compañera Mar para los primeros días del embarazo... eso por no hablar de los libros, incluyendo el del doctor Spock, que de repente aparecen en casa, muchos de ellos de la Biblioteca Municipal (desde aquí, le mando un fuerte abrazo a Beatriz, la bibliotecaria, que tanto y tan útil material nos ha proporcionado)...


Los tres primeros meses son bastante duros, porque se repiten día tras día las nauseas matutinas... y noche tras noche, los antojos... menos mal que el comercio hindú que está a la vuelta de mi casa no cierra hasta las dos de la mañana, y que Abdul tiene tres niños, y me comprende perfectamente... Sobre nuestra vida sexual, solamente puedo deciros que el tener asegurado el resultado puede resultar un poderoso afrodisiaco... Al menos, con nosotros, funcionó... A los cuatro meses, desaparecen las nauseas... pero siguen los antojos... A los cinco, se le empieza a notar bastante... Y es completamente cierto que las mujeres embarazadas se ponen mucho más guapas, por lo menos para mí, Fátima es la mujer más guapa de Madrid... y empiezo a fijarme cada día más en los pequeños cambios: piel más brillante, menos ojeras, ojos más profundos, labios más llenos... Me dejo de tonterías, y le doy un beso de mariposa, ella se ríe, pregunta "¿Qué miras?", y yo la beso otra vez...


Lo que más me entristece es que mi padre haya muerto tantos años antes, pues creo que incluso con todos sus defectos, habría sido un buen abuelo... Y le añoro...


Ya estamos en el séptimo mes de embarazo, en el octavo... Empiezan los problemas circulatorios, pues se le hinchan un poco los tobillos. Siempre que puedo, voy a buscarla al trabajo con el coche... Y muchas veces, me alegro de vivir en un bajo, pues los ascensores se han estropeado un par de veces... Cuando está a punto de cumplirse el noveno mes, en mitad de la noche, ella me despierta, y me dice: "Creo que tenemos que ir a la Clínica ahora mismo..." Cojo la maleta en el trastero, las llaves del coche y me voy al parking, mientras Fátima me espera en la puerta del edificio: ya me conozco el camino de memoria, pero de todas formas, voy con mucho cuidado. Aparco en la puerta, y mientras rellenan la ficha, le mando un mensaje a mi madre, a mi hermana, y a mis suegros. Son las cuatro de la mañana, pero al menos, que sepan lo que está pasando cuando se despierten... A las cinco menos cuarto, mi madre y mi hermana ya están en la recepción, tenían el móvil encendido... Afortunadamente, es domingo, y ese día no trabajo...


A las ocho y media de la mañana del treinta de mayo, terminan mis paseos por toda la planta, no he querido pasar al quirófano por razones obvias, y no he parado ni un segundo de caminar, para estar menos nervioso... Sale la matrona, con una gran sonrisa: soy padre de un hermoso niño... y de una niña... Me preguntan si quiero cortar el cordón umbilical, me pongo tan verde, que no me lo dicen más veces... Paso a verlos... ¡Qué pequeños, y qué rosaditos están! Lo de la niña ha sido una sorpresa... Casi no me atrevo a cogerlos en brazos, menos mal que he pasado varios meses haciendo prácticas con Chiqui, nuestro gato... aunque a él no parecía entusiasmarle... Mi mujer está muy cansasa, solamente le quedan fuerzas para pedirme un beso, que le doy encantado...


Han pasado tres días, y nos han mandado a casa... La familia entera, o sea, mi madre, mi hermana, mis suegros y el gato están descansando... Fátima también... se acerca EL MOMENTO DE LA VERDAD... Un olor al que espero acostumbrarme rápidamente, pues si no lo llevo crudo, se eleva desde la cuna... Compruebo el equipo: las gafas, el gorro quirúrgico, el delantal desechable, la nariz untada con Vicks, los guantes... Cojo con mucho cuidado a Isabel, se rebulle un poco mientras la pongo sobre el cambiador... Intento recordar todos los pasos, preparo los materiales (esponja, palangana de agua tibia, talco, otra esponja, toalla, pañal limpio, bolsa para el sucio...), y llego a ese momento que tanto temo...


Cambiarle el pañal a mis hijos... que no es moco de pavo, con mi super olfato y mis tremendos escrúpulos...


¡¡Que la Fuerza me acompañe, Obi Wan!!



viernes, 18 de diciembre de 2009

DESDE MI INVISIBLE SILENCIO



Desde mi silencio, veo pasar la vida,
cada mañana, cada tarde, cada noche,
protegido por una coraza invisible,
lo veo todo, lo escucho todo,
pero casi nadie me ve ni me escucha a mí...





Como otras decenas de miles de personas,
en toda España, o millones en todo el mundo,
me vuelvo invisible en cuanto llego a mi trabajo,
y solamente reaparezco cuando me cambio...





Es una de las pequeñas ventajas de vestir uniforme,
igual da que sea marrón oscuro, verde guisante y beige,
que azul oscuro, o negro con gris y cordón de fantasía,
el color es lo de menos, la empresa tampoco importa nada,
pues he podido comprobar, en los últimos años,
que desaparezco de la vista con mi bonito disfraz...





Poco importa que esté custodiando camiones llenos de mercancías
en un puto polígono industrial en las afueras de Madrid,
en la sede de un prestigioso periódico, organizando el caos,
en unos grandes almacenes, vigilando a los empleados,
en un supermercado de barrio, cazando cacos,
en las distintas sedes de un Ministerio prestigioso pero utópico,
o en las oficinas de un pequeño y de un gran banco...





El resultado es el mismo: con el uniforme, no existo.
Alguna que otra madre me ha usado para asustar al niño,
decirle que se callase, "o se te llevará el guardia"...
El tono de algunas personas, y su actitud, siempre cambian:
en cuanto te necesitan, existes, y te tratan con algo de cordialidad,
te llaman de "usted", te miran a los ojos, te consideran persona...
pero en cuanto has aparcado su coche, o les entregas el paquete,
o ayudas a cargar la cesta de navidad en el maletero,
en resumidad cuentas, en cuanto termina tu utilidad,
se desprenden de tí, y si te he visto, no me acuerdo...





Solamente algunas pocas personas, no llega al diez por ciento,
de todas con las que tratas a diario, son capaces de verte,
es más, te buscan con la mirada, te sonríen al pasar,
se detienen para hablar contigo, aunque sean dos minutos,
y puedes tener la certeza de tu existencia...





Si además te encuentras con una gran compañera,
cosa que me ha sucedido muy pocas veces en ocho años,
que te habla, te mima, te ayuda, te sonríe y te escucha,
y compartís problemas y confidencias, y buscais soluciones,
entonces te planteas, que lo mismo tú no eres tan invisible,
sino que realmente, el problema es de todos los otros,
pues no te ven, porque no quieren hacerlo...





Por eso es tan importante cada sonrisa cada gesto,
pues estamos tan faltos de cariño en el trabajo,
por mucho que no queramos admitirlo ni verlo,
que cada mirada, cada pequeño gesto, cuenta...



Recuerda que dentro de cada uniforme, late un corazón,
que hay un ser humano que respira, piensa, siente, observa,
escucha, habla, sueña, pasa frío y calor, tiene hambre y sed...
No te digo que le des un abrazo, o dos besos, ni la mano...
Pero al menos, no rehuyas su mirada, no te escondas,
y, si tienes ocasión, sorprendele, o sorprendela,
con un sonoro "Buenos días", o "Buenas tardes"...





Para todos los vigilantes de seguridad, auxiliares,
personal de mantenimiento, mensajeros, porteros,
recepcionistas, camareros, barrenderos, repartidores,
auxiliares de clínica, celadores y todos los demás uniformados
con quienes comparto tantas cosas, entre otras la invisibilidad...
os deseo todo lo mejor, algo que muchas veces se resume en pocas palabras:
un buen jefe, un buen ambiente de trabajo y, por encima de todo,
un buen compañero... o compañeras... como Mar y como Bea...

jueves, 17 de diciembre de 2009

ESQUÍ DE FONDO



Amarte es sencillo, me basta con tu recuerdo...
dos años, tres meses y seis días de condena,
sin tu sonrisa, sin tu presencia, sin tu risa, sin tí...
aquellos lejanos momentos, minutos apenas en verdad,
cuando lo mejor de todo el día era llegar al trabajo,
levantabas la cabeza, y tras una cascada de cabello rubio dorado,
vislumbraba tus ojos, grandes, profundos, azul verdoso,
o verde azulado, soñadores, inmensos... Me mirabas,
y por esos primeros segundos, intuía cómo sería la tarde:
cuando en ellos imperaba la alegría, la fuerza inundaba mis venas;
si estabas soñadora, la melancolía me acompañaba un rato;
si transmitían cansancio, me arrastraba por las horas muertas;
si la ternura los iluminaba, me acompañaban los celos;
cuando apareció la profunda tristeza, quise matar por tí;
en varias ocasiones, en ellos ví la ira, y temblaron mis huesos...


Fue la típica historia de amor sin amor, de pasión sin contacto:
yo era el vigilante, tú la recepcionista, de una cadena de televisión,
siempre juntos, de lunes a viernes, pero solamente durante media hora,
y después, cuanto te marchabas con una última sonrisa,
quedaban ante mí mil ciento setenta segundos, para recordarte...
Según me acercaba a tí, mis ojos seguían paseando por tu cuerpo:
resbalando por la tersura de tu frente como sobre nieve recién caída,
sorteaban tus cejas perfiladas, y acariciando suavemente tus mejillas,
tomaban carrerilla, para propulsarme desde tu hermosa naricita,
y aterrizar en tus hermosos, turgentes labios, casi nunca pintados...
¡Cuantas veces tuve ganas de besarlos, de rozarlos, de adorarlos,
y no me refiero solamente a la última vez que nos vimos!
¡Cuantas veces imaginé su sabor, tu sabor, tu aliento afrutado!



Mis ojos seguían bajando, deslizandose por tu largo y fino cuello,
resbalo por tus clavículas, y me proyecto hacia tus hombros,
desde allí, ante mí se abren tres caminos, cada uno con sus peligros:
si recorro la curva de tus brazos, fuertes, firmes, suaves y tersos,
llego a tus muñecas, y entrelazo la mirada con tus dedos, acariciandolos...
El segundo camino me lleva al valle entre tus pequeños senos,
en la espléndida madurez de tus veintipocos años,
intento imaginar lo que se siente al recorrerlos, no con la mirada,
sino con un lánguido dedo, piel contra piel, o con los labios...
El tercer camino me conduce hacia tu espalda,
me lanzo desde tus clavículas, y aterrizo en tus omoplatos,
voy haciendo eslalom entre las vértebras de tu columna,
mientras sigo bajando, y pienso en chocolate templado...



Dando un salto de fé, aterrizo en tu ombligo, y me refugio un poquito,
protegido por el recuerdo de la entrada en la vida, descanso...
Resbalo hacia tus caderas, una vez más, dudo entre dos caminos,
y tomando carrerilla, trazo arabescos sobre tus firmes nalgas,
rodeo tu cintura, para continuar después el descenso por tus piernas de gacela,
fuertes, prácticas, entrenadas, listas para responder a la primera orden...
¿De quién huyes cuando corres, hacia dónde te dirijes, qué buscas?
Termino el paseo entre los dedos de tus pies, tan pequeños,
y remonto el vuelo, directo a tus labios, para robarte un beso...


Pronto hará dos años, tres meses y siete días que te fuiste, que se terminó el sueño...
Solamente me quedan algunos recuerdos fugaces, que matará el tiempo,
un par de fotos que se han marchitado, de tanto buscar en ellas
la sonrisa de tus ojos hechiceros, el fantasma de tu risa,
y el aroma a Nenuco en tu cuello...


No hay amor más hermoso, más dulce, más apetecible,
que aquél que nunca se ha vivivo, que jamás se ha realizado,
porque entonces no ha sido mancillado por la realidad...
y se convierte en el reflejo de un sueño otoñal,
en un recuerdo que te persigue entre la vigilia y el sueño...
Ama, enamorate una y mil veces, sueña, vive, arriesgate...
que nunca te puedan acusar, en el último momento,
de no haber amado lo suficiente...





miércoles, 16 de diciembre de 2009

EL MENSAJE DE LA MUSA



Los dos despertadores han roto el silencio del dormitorio, con un minuto de diferencia, y sin los cinco de prórroga, recordándome que es la hora de abandonar los sueños cotidianos, que ha llegado el momento de extirparse del abrazo de las sábanas, y posar los pies helados sobre el cálido parquet...


A tientas, guiado por la luz residual del jardín comunitario, recojo toda la ropa que preparé la noche anterior y, con una última mirada hacia la compañera de mis noches (lo que últimamente es más cierto que nunca, pues con los turnos opuestos, casi nunca estamos juntos durante el día), me dirijo al baño sin encender la luz, para comenzar con la rutina mañanera: afeitado, fregoteo bajo la ducha tibia, rociada de colonia para niños, terminar de vestirme, cualquier día saldré de casa con las zapatillas de felpa... Nota: tengo que comprarme las de pezuñas de oso, para que nuestro gato las aceche... Casi nunca desayuno en casa, pero antes de salir, compruebo que la fiera tenga comida suficiente... Hoy he cojido el coche, llevo no sé cuantos días en reserva, pero me apuntaré en la mano izquierda la palabra mágica: repostar... Tras las habituales maniobras para salir del garaje, enciendo la radio, y con la música tecno, el viaje resulta mucho más llevadero...


LLego al banquito, me pongo el uniforme, y comienzo la rutina: ronda, desayuno, correo... Todo está bien a mi alrededor, el arbol de plástico y las palmeras moribundas, las paredes revestidas de madera de la recepción, el mostrador de cristal, acero y madera que comparto con Mar, los botes llenos de mil tonterías, las notas sobre clientes, los teléfonos... y, por supuesto, las tres fotos de Bea, que me sigue sonriendo desde aquél momento perdido y a la vez fijado en el tiempo... Las cosas han cambiado, y mucho, desde entonces... todavía no sé si para mal o para bien... El canarito cavernícola me mira fijamente, igual que en el Ministerio... Todo está moderadamente bien, pero a la vez, hay algo distinto... Y no es solamente por la jaqueca que me tiene machacado desde que me cambié, ni por la certeza de otra larga mañana en el purgatorio...


Entonces, recibo el correo electrónico.


"Estimado aprendiz de escritor y de persona: si estás leyendo estas líneas, quiere decir que ya me he hartado de tí... Estoy cansada de tus fábulas crueles, donde tu mayor empeño es terminar con la Humanidad... Estoy harta de que escribas con el corazón, de una sola tacada, pero sin reflexionar lo suficiente en los argumentos... Me tienes hasta los ovarios con tus larguísimas búsquedas de información para tus historias macabras... Pero, sobre todo, me siento explotada: ¿qué te crees, que una es de piedra? ¿Que es fácil darte los materiales para que escribas una historia cada día? ¿Quién te crees que eres, Camilo José Cela? Si no eres más que un aprendiz de escritor, enganchado a la red, que defiende la originalidad de sus argumentos... cuando realmente estás muy condicionado por todos los libros que has leído en tu vida, por todas las películas que has visto, los documentales que te han gustado, las representaciones teatrales, y por supuesto, las canciones que has escuchado... Ya lo dijeron hace cientos de años los romanos: "Nihil novo sub solem", o sea, "nada nuevo bajo el sol"...

Además, me tienes trabajando sin contrato, sin seguridad social, sin vacaciones, no me pagas horas extras, ni nocturnidad, ni plus de peligrosidad... ¡Que las musas no somos de piedra, y tenemos nuestros gastos! Y para estar siempre guapas y atractivas, para seducir a los poetas despistados, a los funcionarios que se aburren en cualquier Ministerio, a los presos, a los adolecentes en las aulas, a los pacientes en los ambulatorios, tenemos que invertir un cierto capital en nosotras mismas, sobre todo en perfumes, en reflejos difusos, en breves destellos de vida en el fondo de los ojos, en ropa y accesorios... Pues aunque solo me hayas visto tres o cuatro veces, casi siempre detrás de tí, en los espejos de una habitación a oscuras, o reflejada en un escaparate desierto, tengo que vestir en consecuencia con tus gustos: el pelo, muy largo y muy negro, suave al tacto y a la vista; la piel, tersa, y tostada; los ojos, de un intenso color verde botella; el vestido, escotado y recatado a la vez como los de viudas ricas del siglo XIX; las botas negras de largo tacón e interminables lazadas; las medias de seda negras con liguero... Eres un pelín rebuscado, y te gusta lo gótico, pero en el fondo, no puedo quejarme demasiado... Pues tengo algunas compañeras musas que realmente lo pasan peor...
Pero tienes que cuidarme más, mimarme un poco, si realmente pretendes que ponga mi magia a tu servicio, tendrás que cuidarme un poco más... Déjame descansar, al menos, por la noche; y los fines de semana, por lo menos dos al mes... Declarame en la Seguridad Social, para que tenga algún lugar donde descansar... LLevame a cenar de vez en cuando a un sitio bonito... Pon música bonita cuando trabajemos por la tarde... Y acompañame en mis paseos por el Parque del Capricho... Comparte conmigo algún amanecer desde la costa... Revive mis sueños de libertad contigo... Y no te enfades si tengo celos de tu mujer, ella al menos puede acariciarte mientras duermes...
Espero tu respuesta... al filo de la medianoche... respondiendo a mi correo...
Tu musa."
Mi pobre musa, que mal se ha tenido que sentir estos últimos tiempos... Por eso, no me pienso demasiado la respuesta:
"Mi querida musa: te espero esta noche, en la hora bruja, en el salón, junto al árbol de Navidad, a la luz de las velas... Del otro lado del espejo... Tenemos que hablar, de muchas cosas, pasar un rato a solas... Por tí, volveré a la música clásica, a Shubert, a Mahler, a Chopin y a Debussy... Las vacaciones, los fines de semana y las noches, lo podemos negociar... Espero que hoy habrás descansado, porque mañana seguiremos creando historias... y destruyendo a la Humanidad... Un cordial maullido... y buena suerte..."

miércoles, 9 de diciembre de 2009

NAVIDADES NEGRAS

Como cada año, las agresivas campañas publicitarias de El Corte Inglés, y de otros grandes almacenes similares (Carrefour, Leroy Merlin, Toys´r us...) se empeñan en recordarnos que, por estas fechas, tenemos que lanzarnos a la misma orgía consumista, al mismo desenfreno, no tanto porque nos apetezca, como por no quedar mal. A muy poca gente, de la que abarrota en Madrid la calle Arenal, que se agolpa en los aledaños de Callao y de la Gran Vía, y que está dispuesta a gastarse todo lo que tiene (e incluso lo que no tiene); a muy pocas de estas personas les importa lo más mínimo lo que en teoría están celebrando: es la fiesta del consumo... Pero esto no es un cuento de Charles Dickens, aquí no voy a hablarte de tres espíritus de la Navidad... si bien es cierto que te voy a contar unas cuantas historias de Navidad...




El buitre. "Tengo hambre. Mucha. Hace días que no como. Ni bebo. No vuelo. Solamente espero. Espero un poco más. Tengo hambre. ¿Morirá pronto? ¿Por qué lucha tanto? ¿Por qué no muere? Le miran. Enfocan con un aparato extraño. Necesito comida. Es mi función. Devorar. Triturar. Desgarrar. Carne. Sangre. Vísceras. Es muy pequeño. ¿Cómo ha llegado aquí? ¿Alguien le ha traído? Da igual. Se muere. Me muero. Uno de los dos tiene que morir. Ya. LLegó el momento. No respira. Su cuerpo negro se detiene. Su corazón no late. Es mi hora. A comer. Mi pico se abre, y desgarra la tierna carne del vientre... Bebo su sangre..." (Esta foto es atemporal, se dice que el fotógrafo luego tuvo tantos remordimientos de conciencia por no haber impedido la muerte del niño, que se suicidó.)


El yonki. Un toxicómano se dirige, dando tumbos, al poblado chabolista de La Rosilla, que en teoría lleva muchos meses desmantelado, pero que en la práctica, sigue proporcionando a los habituales su dosis de caballo, o de lo que sea. Muchos yonquis han muerto por una partida en mal estado, demasiado adulterada con cualquier otra sustancia. Pero a él le da igual. Le ha dado un tirón a una abuelita al bajar del autobús, y se ha caído en mitad de la acera. Y todo por cincuenta cochinos euros. Pero a él le da igual. Celebrará las fiestas a su manera. Colocado en cualquier colchón mugriento. O muerto. A nadie le importa.


El preso. En cualquier lugar del mundo, por muy democrático que afirme ser, hay un preso "especial", uno que está condenado a la soledad, al ostracismo, a la tortura, pero nadie se acuerda de él, a nadie le importa. Si no se acuerdan de tí (compañeros de trabajo, amigos, familiares, enemigos), eres perfecto para desaparecer. Como él. Está atado sobre el somier metálico de un colchón. Cada vez que se desmaya, lo reaniman con un cubo de agua, y siguen con su macabra labor. Está amordazado con su propia corbata, y tiene uno de sus calcetines metido en la boca. Su mundo es una nada oscura e inmensa, puesto que también le han puesto una capucha negra, tal vez para que no vea a sus verdugos. Ni sabe el día que es (nochebuena), ni le importa. No hay preguntas. Solamente golpes, descargas eléctricas, le han roto los dedos de las manos, le azotan las plantas de los pies con una vara... Y además, le desean felices fiestas...


El médico. Está de guardia, lleva 36 horas sin dormir, para que una compañera pase las fiestas con sus hijos, en el Servicio de Urgencias del Hospital Universitario. La noche está siendo muy tranquila, demasiado tal vez. Todo el mundo parece estar cenando con la familia, y hasta que no pase la misa del gallo, no se pondrán en carretera, y no empezarán a llegar, solos, en parejas, o en grupos... Con un poco de suerte, serán solamente cortes, magulladuras, indigestiones... Pero también vendrán las víctimas del tráfico, peatones, conductores; intervenciones muy urgentes, en las que demasiados perderán la vida... El médico se despereza, mojandose la cara en el lavabo, tiene los ojos rojos y le tiembla un poco el pulso, pero estará bien en cuanto se tome otro café con hielo... Suena su busca... Ha llegado el primer paciente...


El cura. Una nochebuena más, se repite el mismo ritual. Personas a quienes no ha visto en todo el año, se acercarán para que les dé la forma consagrada. Católicos de una sola noche, olvidan la necesidad del sacramento de la confesión, y más todavía cuando vienen tan poco a misa. ¿Vendrá también el mismo matrimonio, ella enjoyada, con su abrigo de pieles, pero con el ojo morado que se adivina debajo de una generosa capa de maquillaje? ¿La acompañará su marido, solícito y atento en público, pero despótico en privado? Las mismas personas de siempre ayudarán con la colecta... y los mismos ricachones harán ostencación de su dinero, metiendo en la cesta un billete de quinientos... y la pobre viuda, con su billete de 20, demostrará mucho más amor, porque realmente le hace falta, y porque viene todos los días a la iglesia, para tener un poco más de calor que en su casa... Personas anónimas, celebrando uno de los días grandes de la cristiandad, en el nombre del Padre....


La puta. Como decía el gran Carlos Gardel, "sola, fané y descangallada...", así se encuentras muchas trabajadoras del sexo, compañeras ocasionales, amantes previo pago, o como quieras llamarlas, en esa noche tan especial, en la que tanta gente (menos los que hemos mencionado antes... y los que vienen después) suele tener ansias de amor, o por lo menos, de compañía. ¿Cuantos solitarios cogen el coche en Nochebuena, para buscar en cualquier polígono, un poco de placer? ¿Cuántos llaman al servicio de información (cualquiera, el que sea), porque necesitan "urgentemente" una señorita de compañía? Muchos más de lo que crees... Es uno de los trabajos más antiguos del mundo, y también uno de los más peligrosos, al margen incluso de la existencia de chulos, de traficantes de mujeres, de proxenetas... Y se merecen un respeto, pues son amigas (y amigos, no olvidemos a los travestis y a los chaperos), que nunca fallan...




El huerfano. En la casa de acogida, todos duermen. ¿Todos? No, el niño mediano, que cumple ocho años esa noche, está nervioso. En su carta, solamente ha pedido una cosa, nada más: una foto de sus padres biológicos, aunque se conformaría con una de su madre. Como él es rubio y con los ojos azules, se imagina que ella será igual. En su armario tiene una carpeta azúl de cartón con solapas, llena de fotos de mujeres y de niñas rubias, en quienes imagina a su madre y a sus hermanas, y sueña con estar con ellas alguna vez... Su madre adoptiva, que lo escucha dar vueltas y más vueltas, se pregunta cuando le podrá decir que toda su familia murió en el accidente de tráfico... Pero no será esta navidad...




El poeta. Mira la luna llena, buscando la inspiración, y reflejados en ella, ve los rasgos de su amada. "Tu pelo es oscuro como la teca, como el puente de madera de un navío de guerra. Cae, lacio, uniforme, hasta el comienzo de sus senos. Su frente, blanca, inmaculada; sus cejas, perfiladas, acompañan su boca cuando ríe... Sus ojos, inmensos, dos mundos reflejados, que miran ansiosos con hambre de conocimiento... Su nariz, pequeña, respingona, cuyas aletas parcen tener un movimiento propio al detectar cualquier perfume... Y sus labios, turgentes, del color de la granada, dejan asomar un atisbo de lengua... Sus dientes, inmaculados, que parecen haber salido de un anuncio de dentífrico..."




El parto. Nace un niño en el campo de refugiados. No hay partera, ni comadrona, ni médico, ni nada parecido. La mujer lleva veinticuatro horas esperando a ese niño sin padre, fruto de una violación. No hay medidas de seguridad en el campo, nadie se encarga de vigilar. Las mujeres intentan ir juntas a todas partes, pues en el número está su protección. No sabe qué hacer con esa criatura... Tiene dieciseis años, pero aparenta treinta. Si nace muerto, lo tirará al vertedero; y si nace vivo... bueno, ni lo quiere, ni lo desea, ni le importa...




La azafata. A quince mil metros de altura, el avión se abre paso entre la noche perpetua. Cansada tras tantas horas de vuelo, aprovecha unos minutos para sentarse en el transportín. Le duelen los pies, las piernas, a pesar del calzado cómodo y de las medias de descanso. Sus piernas y sus caderas, su blusa blanca y sus pechos opulentos, la chaquetilla azul... Repasa un momento el maquillaje, necesita un poco más de brillo en los labios, un poco más de colorete en las mejillas, perfilar de azul turquesa sus ojos... Piensa en su casa, en su gato atigrado, en su planta del dinero... Y se alegra de no estar sola aquella noche...




Navidades negras por todo el mundo. Siempre habrá personas con menos suerte que tú...Disfruta por lo tanto de cada instante, de la compañía de tu familia y de tus amigos, o de tu osito de trapo si eres como Mr. Bean... Que tus navidades no sean negras... tíñelas del color de la esperanza...


martes, 1 de diciembre de 2009

INTROSPECCIÓN CREATIVA

CUANDO EMPECÉ a escribir este blog, no me paré a pensar en su finalidad, su forma, o ni tan siquiera, en su utilidad real. Simplemente, tenía un puñado de ideas dispuestas a convertirse en relatos, sin una extensión ni una forma o género predeterminados. El primero de ellos, que al mismo tiempo es el que mejor define mis objetivos, fue "Hombres de tinta", y es posiblemente el que menos tiempo tardé en elaborar, pues muchas de las ideas en él expresadas me llevaban rondando por la cabeza bastante tiempo... Los demás han ido apareciendo, a veces uno tras otro, a veces apelotonados como los ciclistas en la meta, por lo que también he escrito varios relatos simultaneamente.
ESCRIBIR no es algo tan difícil como yo pensaba, si bien es cierto que no me planteo (de momento) una novela, ni una obra de teatro... Soy un cuenta-cuentos, nada más y nada menos... Pero recordemos que Gui de Maupassant también escribía cuentos, y no por ello dejade ser uno de los más afamados autores en lengua francesa (su obra más conocida es "Le Horlas", vale la pena recordarla o descubrirla); Edgar Alan Poe también (recordad "El gato Negro")... Es cierto, las cosas hay que hacerlas bien, por lo que procuro cuidar mucho el lenguaje, reviso los textos varias veces, pues no me gustan las faltas de ortografía, ni las abreviaturas tipo mensaje de texto... Todavía no domino el espaciado interlineal, pero es cuestión de tiempo...
LOS TEMAS son muy variados, pero sobre todo me interesan los que se relacionan con los sentimientos extremos: el amor, el odio, la ira, la tristeza, la soledad... La vida, en el Mundo Real, ya está demasiado llena de grises, de medias tintas, como para encima recrearlas en la literatura. Por eso, no escribo nunca sobre un tema que no me interesa, o que no me llena. Pues difícilmente se pueden transmitir sentimientos desde la tibieza... Todo tema que comento, antes lo he investigado en la red, o bien he acudido a fuentes diversas. No escojo deliberadamente el tema, tengo una pequeña lista donde apunto títulos y estilos, pero rara vez la consulto... Sí, me preocupa mucho la ecología, la conservación del medio ambiente, el destino, las relaciones con los animales, la supervivencia de las especies, y, por supuesto, los dos Grandes Temas: el Amor y el Odio. LLevo más de treinta y cinco años leyendo autores muy diversos, y eso se nota al final... Por eso, en algunas historias detectarás influencias de Michael Chrichton, Stephen King, Maturin, Lovecraft, Poe, Larra, Dean R. Koontz, Tagore, Sven Hassel, y muchos más...
LA FORMA que adoptan los relatos es bastante variada, algunos se convierten en poemas (con verso libre, rima asonante y estrofas similares), pero también me gustan los monólogos, los diálogos, y algunos géneros derivados del periodismo: la crónica, el reportaje, el guión radiofónico, el editorial... Me gusta experimentar, desestructurar el mensaje, o incluso escribir un relato al revés... Igual me da por contar una historia con telegramas, que describir algo con cien verbos y un pronombre... Eso sí, me aburro bastante cuando repito esquemas dentro de una historia, a no ser que formen parte del "corpus" de un relato más grande... Me atraen mucho las "precuelas" y las "secuelas", por lo que todo relato que no quede perfectamente cerrado, es susceptible, con el paso del tiempo, de ampliarse...
LAS FOTOS no son nada casuales, las escojo para ilustrar cada historia, y siempre tienen alguna relación con el texto... La mayor parte, las tomo prestadas de mil sitios que voy descubriendo por la red... Lo ideal sería que todas fueran mías, pero aunque tengo una buena colección de mis viajes, todavía no he fotografiado ninguna rata negra devorando a una persona, ni tampoco un asesino en plena faena... Muchas veces, tardo más tiempo en localizar la foto que necesito, que en escribir la historia...
¿PARA QUIÉN ESCRIBO? Hay que ser realista, escribo en primer lugar para mí mismo, para expresar pensamientos, ideas, inquietudes, sentimientos, dudas, certezas... Pero, por supuesto, también lo hago pensando en ese lector, conocido o desconocido, a quien he invitado a leer un relato, o que me ha conocido a través de un amigo suyo. Que lean una sola vez y luego no regresen más, es un riesgo que hay que correr, pues hay tantas almas en el ciberespacio, que es imposible que a todo el mundo le guste. Pero el objetivo, realmente, es que regreses otra vez, a cotillear, a leer un poco las historias que te cuenta un extraño gato con un fusil de francotirador... y que te sientas identificado con algunas de ellas... que posiblemente te enfaden otras... pero sigas leyendo... y que te decidas a dejar un comentario, esa es la recompensa de todo ciber-escritor...
Por lo tanto, ESCRIBO PARA TÍ, que en estos momentos me estás leyendo... Un cordial maullido... y hasta el próximo relato...